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Canciones para la reflexión del 20-D / 1

El martes diciembreará sin remedio durante 31 días. Siempre ha sido un mes complicado para mi barrio del centro de Madrid: coinciden en el tiempo y en el espacio las invasiones bárbaras y las tártaras con algunas virutas de hunos en las madrugadas de orín y desenfreno.

Tras el puente de la Inmaculada Constitución se multiplican las colas ante la milagrera Doña Manolita transformándose en manifestación utópica. Así hasta que suena la lotería retransmitida a golpe de número cantado. Siempre he sospechado que son imágenes de archivo del año anterior: la misma alegría, el mismo cava, las mismas declaraciones, casi las mismas caras. ¿Será como las preferentes?

A estas entrañables Navidades con su extensísima letra pequeña se le añaden este año por la supina gracia de don Mariano Rajoy las elecciones generales. Ese lío, que diría él. Su objetivo es que entre tanto jijijí y tanto jajajá y zambomba se nos olvide ajustar cuentas con su partido en B y por la jugarreta de hace cuatro años, bueno de cada día en estos cuatro largos años.

Iré colgando canciones bailables y cantables. Todas tienen la propiedad de refrescar la memoria individual y colectiva, y a ver si hay suerte. Ya sabe: vote seguro, vote sin condón mental.

Not in my name, pásalo

Autores egocéntricos sueltos en las librerías

Sé que hay autores que entran en las librerías y superficies comerciales para mejorar con disimulo la colocación de su libros y darles más visibilidad. Una minoría no se conforma con este acto vanidoso y tapan además la obra de algún enemigo. Supongo que habrá un tercer grupo con las solapas de la chaqueta subidas, gorro o sombrero y gafas de sol que imitan el célebre diálogo de To be or not to be: busco el libro del gran gran escritor Zutano”. Zutano es él, claro.

Hoy he visitado tres librerías del centro: Corte Inglés de Sol, FNAC en Callao y La Central. En la primera he sido incapaz de encontrar Todos Náufragos. Mareado de dar vueltas he llegado a mirar en novela romántica y parapsicología. Al cabo de 15 minutos pregunté a una señorita: “Me da un poco de vergüenza decírselo, pero busco mi libro”. Tras comprobar en el ordenador me ha informado de que estaba en la primera planta, sección Comunicación.

Es un trabajo duro decidir dónde se ubican los libros que no se han leído. Después he preguntado, “¿y cuántos ha vendido?”. Uno, respondió escudriñando la pantalla. “¿Uno hoy?”. “No, desde principio de mes”. Inicié apoyado en una sonrisa lela una discreta retirada hacia Preciados, llena de personas en movimiento más interesadas al parecer en la ropa made in Bangladesh que mi excelsísimo texto. Así estamos.

Los autores suelen tener agentes literarias (casi siempre son mujeres); además de animarles a escribir esto o aquello, proclamar su talento y psicoanalizarles de vez en cuando, sirven de parapeto ante la sinceridad excesiva. Cuando uno escribe un libro que considera magistral, la agente lo muestra a la editorial X; si esta responde que es una mierda, la agente traduce al autor: les ha encantado, pero no entra en sus planes de este año ni del siguiente (ni en este siglo).

En la FNAC tampoco lo encontré. Dos dependientas simpáticas me informaron de que estaba en Política. “¿Han vendido alguno?”, pregunté en un hilo de voz, casi suplicante. “Sí, ayer una chica se llevo uno”. Husmeé en el estante sin ver la portada, algo difícil: mi nombre es más grande que el título. Regresé a una de las chicas en busca de socorro. Fuimos juntos al punto de exposición y tampoco lo encontró. “Anda, pues no hay más”, exclamó. Me sentí reivindicado. Le conté el asunto de El Corte Inglés y dijo: “no puede comparar su publico con el nuestro”.

En la Central quedaba uno visible. Está también en Comunicación. No pregunté por los vendidos. Según la editora es una buena señal que se haya acabado en la FNAC porque no hace mucho había bastantes. (Puede que el resto estén olvidados en un sótano).

En la librería Méndez, que les ha gustado mucho, lo venden a espuertas. Creo que la Alberti también está empeñada en que se lea. Muchos amigos me dicen que se lo regalarán por Navidad; les sonrío sin preguntar, ¿para qué esperar tanto?

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El viernes estaré Barcelona en una conferencia sobre refugiados junto al fiscal Mena en Xarxa 9 Barris Acull. Supongo que hablaremos de París. El sábado veré el Clásico en el bar favorito del Gran Tomasi, donde el Real Madrid ganó la Décima, y el lunes a las 1900 nos vemos en +Bernat.

Política, sumisión y libro en Barcelona

El problema de la política es la teatralidad, el acartonamientos de los personajes embutidos en una rigidez robótica. Es el paraíso de los asesores: “niño eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca”. Tanto estudio de los gestos, las sonrisas y los tics (menos en Mariano) transmite impostura. Un photoshop de las ideas.

Casi todos los líderes leen lo que han entrenado con sus fontaneros, o lo que les han escrito. Y lo hacen sin pasión. Barack Obama es tan genial con las palabras leídas que parece improvisar. Nos prometió hechos, una moderada cantidad de utopía, pero el yes we can se quedó en no we could not.  Habrá que conformarse con los adjetivos, ya es más que W. Bush que nos dejó mudos.

Me gustan los políticos que saben improvisar; es como si pudiera imaginar que me hablan desde el corazón. Me gustan las personas que rezuman honestidad aunque se equivoquen. El miedo al error genera obediencia, sumisión, el sí señor. No me gusta la política representada por una mano alzada que dice a los corderos cómo deben votar. No me gustan el plasma ni los silencios.

Se acabó la discrepancia y el debate en la política y el periodismo. Las redacciones obedientes no pueden hacer buen periodismo, las redacciones obedientes solo hacen publicidad. Buen jueves,

Para que mi amigos de Barcelona no me digan no lo sabían: presentación de Todos náfragos: lunes 23,+Bernat, 1900 con Enric González y José Martígomez.

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París, una ilusión colectiva

París es la capital de una ilusión colectiva, de la creación y el desafío extremo de la inteligencia; un grito de libertad frente a la barbarie sea cual sea su disfraz. Por eso nos conmocionan de una manera especial los ataques del 13 de noviembre, como nos conmocionó hace 14 años el derribo de las Torres Gemelas porque Nueva York es otro tipo de sueño cinematográfico. Son ataques contra lo que deseamos ser. He escuchado mucho estos días la Marsellesa de la película Casablanca, tal vez más emocionante. Pienso en decenas de amigos franceses, en mis abuelos que nacieron en París y siento muy cerca a los cientos de miles que ocupan las calles en un desafío al miedo.

Ayer escribí “París nos desnuda” en el Diario.es:

Existen tres respuestas a un ataque como el de París. La primera nace de las tripas, que ya esgrime el Frente Nacional de Marie Le Pen –cerrar mezquitas, prohibir organizaciones islámicas–. La segunda, afirmar que estamos en guerra, intensificar los bombardeos en Siria, vengar los muertos. La tercera se centra en eliminar las causas que nutren el islamismo radical, apoyar a los musulmanes moderados, fomentar la educación. Es posible que ninguna de las tres sirva, y menos aún por separado. Vamos por partes. (pinchad aquí para seguir leyendo).

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