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Son las cuatro y media de la mañana

Son las cuatro y media de la mañana y Marilyn no está aquí ni la tentación vive abajo, ni arriba. La tentación duerme como un tronco mientras que el presunto tentado está con los ojos abiertos, como dos pantallas de cine por las que pasan techos inclinados, butacas leopardo y muebles art decó. Piso un suelo hermoso que parece un ajedrez sin límites: casillas blancas, casillas negras. Juego a la taba sin una piedra en la mano, solo con un deseo que a veces soplo para que se espabile. Cuando el salto es demasiado alto no caigo en Madrid sino que aterrizo en Roma. En ese sueño low cost en el que no duermo aparecen los acampados de la Puerta del Sol discutiéndose las estrategias. Dormido en el sueño que no consigo dormir les digo que su lucha es la de todos y para que sea así, y no de unos pocos, deben irse a casa, pelear desde la Red, resurgir aquí y allá, no gastar imagen y fuerzas. Un perro que toca la flauta me dice que me meta en mis propios sueños. Hay muchos perros flautistas, algunos tienen trabajo seguro y maneras de chulo, son los del metro, los que acompañan a un mazacote vestido de naranja que nunca sabes si ladrará antes que el animal.

Trato de arrancar un texto sobre el 15M. Me cuesta escribir, son demasiadas las palabras y emociones que pugnan por salir al mismo tiempo. La estructura, siempre la maldita estructura. No sé cómo se construye un texto periodístico, solo sé que debo sentarme delante del ordenador, poner las manos en el teclado y esperar, los dedos saben qué hacer. Sueño que escribo de corrido tres mil palabras perfectas. Sueño que sueño que me duermo. En este texto que avanza sin aparente dirección los dedos ya han decidido: sueño, cama. Y mis párpados se empiezan a cerrar como los telones. Esto de escribir a deshora es mejor que contar ovejas. Como lobo que soy contar ovejas no me da sueño, me da hambre.

Buenas noches. Feliz Cohen, Asturias.

Peligro de muerte

Acabo de meter los teléfonos móviles, el actual y los anteriores, en una bolsa transparente repleta de pepinos. He bajado al chino del barrio y comprado una pecera con peces de colores. A los animales les regalé la libertad y aunque los primeros boqueaban en el aire, como si les diera miedo respirar democracia, lancé todos, uno a uno, acompañado de las frases más absurdas: “A volar, a volar”.

Un hombre impertinente me espetó: los peces no sienten miedo porque carecen de memoria; el miedo procede del recuerdo del pasado, no de las vivencias presentes. El tipo impertinente, que resultó ser un psicoanalista de Toledo, no todos van a ser argentinos, aseguró que los peces se morían de ausencia de oxigeno de mar, o de agua, y que yo era un loco peligroso. Le di una propina y seguí caminando.

Subí la pecera a mi casa, fregué sus paredes con fairy cinco estrellas, o algo así, que es antibacteriano y antigrasa, coloqué una cama de arena de playa y vacíe el contenido de la bolsa de plástico. Los móviles se situaron a la derecha; los pepinos a la izquierda. El duelo a muerte parecía servido. A unos les coloqué banderas de Finlandia, Suecia, Corea del Sur y EEUU; al otro, en justa venganza, una de Alemania, el chivato precoz.

Los pepineros, o como se llame al sector, dicen: ‘Pérdidas de 200 millones de euros a la semana’ y todos repetimos la cifra como si fuese una verdad absoluta y no una posible exageración de parte en espera de las indemnizaciones.

No sé si moriré de cáncer de oído tipo apple o de pepinitis aguda, pero la ONG Oxfam anuncia que el precio de los alimentos se duplicará en 2030: más pobres, comida más cara, más insalubre… Aún hay personas que sospechan del 15M.

Escucho la radio: hablan de Rubalcaba. La vieja guardia del PP le acusa de ser de la viaja guardia del PSOE. Mladic aterriza en Holanda sin imágenes, la policía protege la intimidad del asesino múltiple y a Strauss-Kahn, un tipo poco de fiar pero sin pruebas concluyentes, le exhibe esposado como un trofeo. El protocolo.

España se alegra de que Serbia entregue sus criminales de guerra, pero parte de esa España no quiere oír hablar de los suyos, ni de los miles de muertos sin nombre. Esta derecha no desentierra muertos, los saca del armario y los presenta como candidatos o los encumbra en libros de presunta historia pagados con el dinero de todos. Que lo devuelvan. Parecen perroflautas encorbatados.

Escribo tarde y se me enredan los temas. Suena el teléfono. Es Angela Merkel. Pongo música, Alegría del Circo del Sol, solo por llevar la contraria, y la dejo hablando sola. Los pepinos se acuestan abrazados a los móviles. Parece amor, quizá sexo, pero es solo desfallecimiento.

Letras que se leen, letras que se comen

No sé quien dibujó esta maravilla. Me llega desde Argentina a través Martin Acosta. A la izquierda, el primer mundo; a la derecha, el tercero representado por la clase media de los pobres: camisa y pantalón. Para el mundo de la izquierda las letras son un juego, sirven para construir palabras: manzana. El mundo de la derecha no juega con letras, no sabe de la existencia de palabras-logo, solo se imagina lo que representan y si es alimento se come la letra. Entre ambos no hay brechas, fronteras. Cinco letras les unen; la ropa les separa. El niño rubio viste peto, parece bien alimentado y tiene calcetines. Los calcetines denuncian unos zapatos tirados en algún lugar prohibido. El niño moreno tiene pies-callo, son pies  acostumbrados a pisar suelo, fabricados de durezas, de vida.

La asamblea de la asamblea

Hoy he participado en una asamblea conmigo mismo en el salón de mi casa. Tenía que decidir si levantaba el campamento de mi protesta interior, allá en el fondo del estómago donde se cuecen las cosas que se cuecen. Mi otro yo quiere quedarse, hinchar globos y hacer teatro estomacal. Se ha hecho la ilusión de que tiene casa, se alimenta de sopa boba y duerme en comandita. Mi primer yo, es decir, yo, el que escribe, quiere levantar la tienda e irse a los barrios, allá por las rodillas, los dedos de la mano y los ojos para expandir el malestar, mejor: para escuchar el malestar de la sociedad y convertirlo en una plataforma de cambio político real para 2012. Ahora votamos qué es lo que vamos a votar. Un lío.

No creo en la dictadura ni en el despotismo ilustrado ni en la infalibilidad del Papa; tampoco creo la infalibilidad de dios ni en que un número más o menos numeroso de personas sea capaz de alcanzar decisiones sensatas en grupo. El grupo, idotiza, iguala, baja el nivel. El más tonto habla tan alto como el más listo. Al más listo se le entiende peor que al más tonto. Si hay muchos tontos nadie se acuerda de lo dijo el listo. Sucede en la Puerta del Sol; también, en el Congreso

El 15M tiene dos vías: concretar sus propuestas, crecer en lejos del centro y en la Red y ser original, audaz, o transformarse en un movimiento okupa de esos en los que el otro mundo sin duda no es posible. El consejero policial de la Generalitat debe ser muy bobo o listo, a veces es una cuestión de matiz, porque antes de la redada de los entusiastas mossos el plan era levantar la plaza el domingo, es decir hoy. Los palos no mejoran el pensamiento colectivo. Mi otro yo quiere bulla. Mi yo, el que escribe, quiere cambio.

Qué peligroso es elegir

El gran debate ideológico de fondo del PSOE se aclara: Carme Chacón ya no se presenta a las primarias que quiere Zapatero porque presentarse sería, según ha afirmado, poner en riesgo la unidad del partido y al mismo presidente del Gobierno. Deducciones urgentes: elegir es peligroso y la democracia, más.

La jugada de Chacón es excelente, pero arriesgada. Se retira de un proceso que tiene como objetivo elegir a quien comandará las huestes socialistas hacia el Gran Desastre de Marzo de 2012. Ella, salvo sorpresas congresuales, se reserva para después, para la reconstrucción. Quizá después sea otro el rival.

Queda expedito el camino para Rubalcaba, salvo sorpresas. La Razón, ABC y El Mundo atacan al ministro de Interior con ahínco; es la opción más peligrosa para el PP, no porque les pueda arrebatar la victoria en 2012, pero sí impedir la mayoría absoluta. Esa mayoría determinará si Rajoy tendrá un Gobierno para cuatro años o para ocho.

Mientras, Sol se desinfla; quizá debieron levantar el campamento el lunes. La batalla de las miles de personas que se han movilizado estos días es a largo plazo, se trata de una lucha de fondo por modificar el discurso de toda clase política y cambiar las reglas.

Con el PP no va bien la cosa: el alcalde electo de Sevilla ya ha tenido su primera idea genial: quitarle una calle a la madre de Barden y ponerle otra a Antonio Burgos, ese personajillo faltón, menor, intrascendente y con un escritura que suena a abalorio, no a literatura. Si Zoido cree que Burgos representa a Sevilla, mala señal para Sevilla.

Tampoco parece que haya éxito con el PSOE, enredaditos como están en sus cosas de familia desavenida, todos con los puñales al aire persiguiéndose por la cubierta de un Titanic en el que ni siquiera suena una orquesta.

Ni con IU. Están tan felices con su resultado del domingo. En medio de esta conmoción social, de este despertar juvenil, de este resurgir de la sociedad civil no obtienen casi nada, apenas un punto. Esta IU cayolarista es parte del mismo problema, de la misma ceguera.

Hoy he escuchado en la radio a un contertulio afirmar que los mercados no entenderían un congreso extraordinario. Lo extraordinario es que aún no han despedido al contertulio.

(Raúl Barbolla)

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