Periodismo real frente a periodismo irreal
Monday, 13 de June de 2011 por Ramón
Álvaro ha visitado hoy El País. No parecía impresionado por el tamaño de la redacción ni por algunos nombres conocidos. Álvaro es un estudiante de Periodismo de 21 años de la Universidad de Navarra. Le falta 4º para concluir sus estudios y ya anda preguntándose y preguntando qué hacer. No es el único en formularse preguntas inquietantes.
El curso terminado lo ha vivido entre Misuri y Londres. En EEUU hizo prácticas en un periódico local donde le enseñaron la esencia del oficio: el arte de comprobar cada dato, cada afirmación. Detrás, un equipo de correctores llamaba a los citados para asegurarse de que había hablado con ellos y que las declaraciones escritas por el periodista se correspondían a lo dicho. Una tarde le telefonearon para informarle de que su historia, que abría el diario, no iba a salir porque a un tipo lo nombraba de dos formas diferentes. Tuvo que confirmar cuál era la correcta.
Contaba Álvaro que en Londres ha hecho prácticas en el Sunday Times y en una pequeña revista. Cuando los veteranos de la revista le vieron cotejar cada dato hasta la obsesión le preguntaron de dónde venía y se rieron de él. Una redactora terció en su favor: “No olvides nunca lo que has aprendido y que no te importe que se rían los demás”.
Me ha recordado el espíritu de Irena Tarlowska, la redactora jefa iniciática de Ryszard Kapuscinski, aquella que le regaló un ejemplar de Hérodoto para su primer viaje. Un buen jefe en el inicio de la carrera es esencial, determina vicios y virtudes. Yo tuve uno: Juan José Porto, me enseñó porqué quería ser periodista. No abundan los buenos jefes en este oficio.
La nuestra es una profesión que necesita refundarse, regresar a las esencias, dejarse de tanto “lo dice Twitter” como si Twitter fuese una agencia donde se comprueba todo como le han enseñado a Álvaro o el “manda lo que sea que da igual”. Sin calidad no podremos cobrar.
Unas amigas -Cecilia Ballesteros, Mayte Carrasco y Marta Molina- han creado un decálogo de PeriodismorealYa, un cúmulo de buenas ideas.
- No a los contratos basura.
- No a los despidos masivos.
- No a los becarios de 35 años.
- No a los políticos empotrados en los medios.
- No al periodismo multitarea a dos duros.
- Copiar, pegar y revender son delitos.
- No a las prejubilaciones, necesitamos maestros.
- La información no es espectáculo y los informativos no son un circo.
- No a la extinción del servicio de enviado y corresponsal.
- Servicio público y sentido de la responsabilidad.
Su propuesta, que nace al calor del movimiento del 15M, no deja de crecer en la Red; incluso ha superado algún que otro tiburoneo: intentos de hacerse con la marca. Cuando se suma demasiada gente a una iniciativa nos convertirmos en institución. Manolo Saco sostiene que un dromedario es un caballo pintado en asamblea. Afortunadamente resistieron esos embates y allí siguen, con el decálogo, y toneladas de ilusión por la que nadie paga un euro, de momento.
Una de ellas, Cecilia Ballesteros, se acaba de quedar sin trabajo en una revista dedicada a asuntos de Defensa. Le afearon su independencia; un delito, al parecer. Ballesteros es una de las mejores periodistas que conozco, y una extraordinaria editora, capaz de detectar erratas, errores de concepto y fallos culturales. Que una mujer así esté sin trabajo marca el barómetro del estado calamitoso de la profesión. Les llaman para encargarles trabajos, pero de pagar ni mu. Su último texto está en Open Democracy, una web de calidad. Ballesteros trabajó en Foreign Policy. Yo fui su jefe en El Sol, posiblemente malo pues entonces era un aprendiz de todo.
Hace unos días, Leila Guerriero, editora del Gatopardo me sometió a un tercer grado con un texto que envié a México. Eran correcciones y puntualizaciones similares a las vividas por Álvaro en Misuri. Mi primer pronto interior fue de molestia, de egolina estúpida. Al revistar las propuestas de Leila sentí vengüenza y recordé lo necesarios que son los editores con mala leche. Mario Vargas Llosa -perdón por la comparación- lo padeció con The New York Times en un texto sobre Perú, asunto que al parcer domina el Nobel. Cecilia Ballesteros pertenece a esa estirpe de protectores de palabras, de mejoradores de textos. Elos son imprescindibles. Como los lectores que leen el producto final. Que tengas suerte, compañera. La tuya es la nuestra.