Al nacer te dan un nombre que te sigue el resto de tu vida, desde el tobillo del recién nacido hasta la urna con las cenizas o la lápida, que en gustos mortuorios de todo hay. A menudo se trata de una deuda de familia: un abuelo muy querido, una tía que murió, un sobrino que emigró, a los que se desea prolongar en el recién nacido. Hay deudas con mala leche. A un amigo le cayó en malasuerte Policarpo. Su padre dijo: “Tendrás que pelear mucho para salir adelante con ese nombre”. Peleó, pero no fue suficiente. Me pusieron el que tengo, Ramón, por que era el de mi padre, el de mi abuelo y el de mi bisabuelo. Con el tiempo le he cogido cariño. Los cristianos celebran el santo, el ser milagroso del que procede el nombre admitido en la pila bautismal. Tras siglos de alejamiento celebro desde hace un año el día de mi nombre, que es más laico y literario. El día de mi nombre está asociado al catalán Ramón Nonato, un santo que nació por cesárea de madre muerta. Como premio, el santo me ha regalado una mágica lluvia de agosto: baja despacio, caliente, casi caribe, con un olor a vacaciones que me recuerda que estoy en medio de ellas.
Hay veces en las que los nombres son insolentes, asociales, casi revolucionarios, y se cambian por números, por grupo obediente. No es necesario padecer un campo de concentración, una cárcel o ser Nelson Mandela; a mí me lo dieron en el internado y en la mili y mi madre tuvo que grabarlo en mi ropa. La numeración te reduce a ganado, a un ser sin pensamiento, sin individualidad ni voluntad. El nombre, aunque resulte feo, es una huella dactilar, un yo supremo, un tú indivisible. En tiempos en los que los números reemplazan a las palabras, a los sueños, a las democracias formales, me alegro de tener nombre, y ojos, y memoria, sobre todo mucha memoria. Son ventajas de la edad acumulada.
Las vacaciones son una muestra escasa, y a menudo limitada en el gasto -¡eso sí que es una limitación!-, de cómo deben vivir los ricos todos los días. Ser rico no es una bicoca como muchos creen, se trata de un estado peligroso que atrae las envidias y numerosos intentos de robo y extorsión. Ser rico limita el circulo de amigos, genera soledad, zozobra. Es una situación de alto riesgo por los vaivenes de la crisis y por los Madoff sin corazón. Y lo es más ahora, en tiempo electoral: siempre aparece algún gracioso con la idea subversiva de subir los impuestos a los que más tienen. Ser rico es un sin vivir y eso deduce.
En el PP, donde recalan la mayoría de los votantes ricos y riquísimos, les parece una barbaridad que afectaría a la creación de empleo. Aun no les han subido nada (a los ricos) y el empleo va fatal desde hace años. La argumentación pepera es una frase electoralista, o una sandez, o las dos cosas a la vez. Otra es asegurar que un referéndum sobre la reforma constitucional es peligroso porque una campaña podría desestabilizar más y soliviantar a los (malditos) mercados, los que mandan.
Si discutir y analizar lo que es mejor para todos, y para el futuro, nos desestabiliza es una señal clara de que la democracia no funciona, no es real o los encargados de dirigir la discusión no son serios ni capaces; deberíamos cambiarlos urgentemente. La misma argumentación sirve para las elecciones del 20N; también cuestan dinero y no sabemos cuántos van a votar.
Los mismos que debaten la reforma, y los fariseos que de rondó tratan de meter la cuchara para beneficiar a los suyos, es decir a ellos mismos, son los que manipulan las cuentas, las entrampan; son los que violan las normas de control que ellos mismos se ponen para salir en los titulares de prensa. Son los que hacen la ley electoral y tienen televisiones deficitarias para vender humo.
La idea de limitar el déficit por ley magna parece una improvisación, pero lo grave es que una vez más se cocina todo sin el concurso de la sociedad civil y de los votantes, la soberanía popular ¿se acuerdan? Si no les vale mi voto hoy, no lo esperen en noviembre.
Este blog se va de vacaciones unas semanas antes que el bloguero que lo escribe. El blog esgrime razones de peso, además de las legales, para exigir un merecido descanso. Sostiene en su defensa que ese el reposo lo necesitan también los que lo leen con paciencia y cariño. Afirma el artefacto comunicador que un mal año obliga a recargar más energías e ideas de las perdidas con el objetivo de estar en más forma para el siguiente, que será peor por la ley de Peter (ahora ley del mercado) y por las elecciones peperas que vienen. Estés digital lo llaman.
El bloguero que lo escribe -es decir, yo- necesita reposar de este sitio hasta primeros de septiembre para dedicar tiempo a la novela interrupta, aquella que nació por estas fechas en Roma. Prosigo unas semanas más en Aguas internacionales, donde los afectos al trabajo están unidos a la sostenibilidad económica. Algún desaprensivo me echará en cara tal exhibición de vaguería: ¡un mes tres semanas de silencio vacacional! ¡Ni que fuera rico o prejubilado de RTVE! Tiempos mejores, los segundos, que no regresarán por desgracia. Ahora estamos en tiempos recortadores, depresivos…
Quizá por eso el lugar idóneo de vacaciones es Grecia, para respirar el aire del capitalismo contaminado y acostumbrar a los pulmones. Por el mismo precio turisteas por el pasado y puedes tirar piedras en el presente a tu banco favorito. ¿Alguna recomendación? De islas, no de bancos.
Es mi primera colaboración con Gatopardo, una revista que me gusta:
El “número uno” salió al tras el triunfo de la guerrilla y dijo: “A partir de hoy el idioma nacional de San Marcos será el sueco; los hombres se cambiarán de calzoncillos cada media hora y para comprobarlo los llevarán por fuera, y los niños menores de dieciséis años tendrán dieciséis años”. El “número 2” miró al “número 3” y musitó: “Se le ha subido el poder a la cabeza”. La célebre escena del balcón de la película Bananas de Woody Allen es una sátira de la Revolución cubana. Las revoluciones son hermosas. En los primeros días están preñadas de ilusión y deseos de cambiar el mundo, después tienden a languidecer y copiar los defectos de lo desplazado. El movimiento del 15 de mayo (15M), que tomó la Puerta del Sol de Madrid para protestar contra la clase política española, que tilda de ineficaz y alejada de sus problemas, lucha ahora por evitar la misma ceguera que critica.
Arranca el día. Hace sol y un dolor de cabeza que se sale por los oídos. Runrún de pesimismo al fondo: política, PP, elecciones, PSOE, Extremadura, IU, crisis, un Obama tuiteador que advierte de que lo peor puede estar por venir, los números de la prensa, la caída de la publicidad, la televisión que ya no se hace, una casi insoportable mediocridad ambiental a la que alimento, los que se creen amos del universo lápiz en mano, las discusiones, los no-fichajes del verano en las portadas de diarios sin nada que contar… Pese a todo me cayó una sonrisa que no pienso borrar.