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Es viernes y casi piso el año

Cuelgo el resumen del año en el blog del periódico, me pongo música en los auriculares y cierro los ojos, una forma barata de viajar lejos. Me gusta esta canción de Feist del álbum Metals, y me gusta su vídeo: soledades superpuestas. Es 30 de diciembre, mi primer día de vacaciones relativas. Es viernes y casi piso 2011 sin darme cuenta. Me lo encontré caído en el suelo del pasillo de camino a la ducha. Pregunté: “¿Qué haces allí tirado?”. “Agotado; demasiada historia”, respondió. No me fio de los años que hablan en los pasillos, suelen ser años cuentistas, exagerados. Mucho quejarse pero se lleva para las hemerotecas mejores noticias que el pobre 2010.

La historia sin una perspectiva histórica es chascarrillo, noticia de periódico, un tuit. La historia necesita reposo, tiempo, pensar. A menudo, la historia necesita, por una cuestión de seguridad, saber quién gana antes de escribir. Este año cargado de historia, conmociones y catástrofes ha sido un mal año para millones de personas, de familias, que no han podido contar su historia personal, la más importante del mundo.

La crisis, el paro, la falta de oportunidades, la muerte de la meritocracia y un horizonte en el que lo único que se oye es el hacha con los recortes. Los leñadores avanzan con ordenes claras: ni una rosa. Suena pesimista. Lo es.

Vuelvo a poner la canción. Pienso en mis deberes de vacacionando -aspiradora, baños, compra, cena de Nochevieja- y no es que me anime en exceso. Lo que me pide el cuerpo es OccupyTheBed por unas horas más y desde ella pilotar los últimos sueños de 2011.

Esta noche tuve una pesadilla doble: era un gordo mórbido y había perdido la capacidad de ver belleza. Ante el espejo en el que no cabía, pregunté a mis amigos: “¿Soy así?”. Todos asintieron: “Siempre has sido así”, dijo uno de ellos. Pensé en la cazadora que acaba de comprar (“no podré ponérmela más”, pensé). La pérdida de la capacidad de ver belleza era más grave: me impediría escoger fotos para el blog del periódico, disfrutarlas en Big Picture y en la vida, cuando las fotos aún no son fotos, solo libertad.

Feliz fin de año. Nos vemos en 2012. Besos y abrazos.

Pues eso, semana santa

Falta la traca: el fin de año, la resaca, el día 1 (sin saltos de esquíes; con lo bien que sentaban para la trompa-trompera)… y los Reyes Magos. Después vendrá la cuesta de enero, que este año será griega -C, y durará hasta el verano.

Madrid está embotellado de personas sin rostro, de uyes que me pisan. No puedes decidir tu destino, solo introducirte en el torbellino, apretujarte, tocar y ser tocado y salir con lo puesto o algo menos. Si el punto de emerger era el deseado te dan un premio: gaste gratis 100 de sus euros en esta tienda. Si no lo es, se aplica el resultado del primer caso con sobreprima de 25 euros por ser tan porculero, que tal y como están las cosas no queda menú a la carta.

Da miedo salir, meterse en el metro, donde la gente viaja muda, cabizbaja, como maniquíes ya sin derecho a la prejubilación. Se acabaron los tiempos paternales. Frío, calor; calle, tienda. Es el último plan de reducción de desempleo. No llueve no nieva, solo cae un aire gélido, aceitoso y muy agradable. Viva la Navidad.

Día inocente

Miércoles, día de los inocentes: calle vacía, metro vacío, memoria llena. Me siento un autómata que desfila. Me muevo en dirección contraria como protesta: un rechazo a la corneta. Pero en ese ir hacia la parte opuesta soy un obediente indirecto; también, previsible. Sin libertad. La libertad verdadera sería sentarse, inmovilizarse, no ser y esperar pacientes al despegue. Los orientales lo llaman meditación, transcender.

Todo son cadenas: la educación, el dinero, la ambición, el yo, la religión, Dios y no-dios; también la meditación convertida en negocio. ¿Día pesimista? No; solo un año que se arrastra entre gruñidos y dolores. Buen día a tod@s.

Madrugueado con Marylin

Aquí estoy, madrugueado de susto: un poster cae al suelo, los ojos se abren de pasmo y el sueño huye a otra casa. Me levanto, pasilleo por cada una de las curvas que no tiene mi pasillo. Cocina: café solo, bostezo, yogurt, de los que engordan. Enciendo dos luces sobre la mesa de trabajo en el salón, mi sitio en el universo; desde él, respiro. Busco una canción que acompañe, abrace, envuelva, me encaje. No soy original: Adele, Some like You.

Salgo de la tormenta con la bandera pirata hecha harapos. Navego, fluyo, siento una brisa imaginada. El barco tiene las velas dañadas, perdió los cañones de estribor, que no sé dónde está. Soy terrestre en los nombres. Escucho la voz portentosa preñada de emociones. La calle sigue oscura, la casa está oscura, pero aquí, alrededor del ordenador, hay una triple luz. En un rato empezaré el post, la revista peculiar de prensa y no prensa que escribo cada día para mi periódico. Antes pasé por Facebook para desentumecer los músculos y allí se me apareció Marilyn en una fotografía en color de la revista Live. Ya son cuatro las luces. Es martes 27 de diciembre. Buen día a todos.

Mi primero regalo se llama Bosnia

Día de soledad: paseos sin rumbo y silencio. No importaron los ruidos, porque no escuché ninguno. Iba caminante en otras direcciones; algunas curvadas, otras rectas ma non tropo. La Navidad, con su exagerada alegría, me produce saudade de otoño y de infancia. Me encanta esa palabra; es rebelde, resistente, no se deja intimidar ni encerrar en una traducción. Saudade suda de ausencia, de falta de mar o montaña, de voces amigas. Saudade dicha así, despaciosamente.

Al entrar en casa descubrí un regalo: música caída de otro planeta. Es de Evanescense, habla de cansancios: un piano sin dedos, un hombre cabizbajo y una mujer caminante sobre aguas-estanque. Es hermosa, pero multiplica saudades aunque después las mece. El vídeo está rodado en una ciudad en paz, pero me sumerge en Sarajevo: el juego de los niños, una foto de Gervasio Sánchez que llevo en el alma, un muro agujereado por las balas y el odio. No es, pero huele a Bosnia, no a toda Bosnia, solo a un recuerdo. No sé qué me sucede pero últimamente todo me recueda a Bosnia, al tiempo ido, a los fracasos, al día que pisé Sarajevo en guerra por primera vez, al día en que nací por segunda vez para vivir otras vidas; esta y las regaladas: todas las personas con las que me crucé.

Gracias. Feliz Navidad.

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