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Tenemos mucha cara, eso sí, temporal

Las redes sociales y las hemerotecas hacen maravillas. Empieza la reconquista de la credibilidad. Que no se ría el PSOE; también tiene vídeos que sonrojan.

Mariano reaparecerá el 30 para dar explicaciones. Mientras se resetea mudo.


Los magos pelotas

Vengo de la cabalgata de los reyes magos de Madrid: buenas carrozas, algo aburrida, demasiado espaciada, sin ritmo ni intención; falta de música y sobrada de publicidad encubierta. Lo peor: el simulador de Melchor haciendo la pelota a su jefa en la clausura de Cibeles. ¿Es creíble que un rey mago auténtico llegue a Madrid para dorarle la píldora a la alcaldesa más reciente?

Esta política de bajura que todo lo ocupa y corrompe con su nadería existencial debería ser expulsada de los espacios robados a los ciudadanos. Peor es Baltasar, el favorito de los niños, de los niños que no son neonazis, claro. Mientras que el impostor saludaba tiznado en la plaza donde mi equipo celebra sus triunfos, una docena de inmigrantes africanos, negros auténticos, corría top manta al hombro delante de la policía municipal en Sol. La España teatral, la del Señor Lobo de Tarantino, chupándose siempre la cosa, y la otra, la España real, la que apenas existe en los comunicados oficiales y en los medios que los cortan y pegan.

La música elegida para resaltar la entrada de los magos a Cibeles tenía ruido, parecía distorsionada; sonaba a bajada por Internet. Manda huevos, que diría el héroe de Perejil. El Adeste Fideles retumbó a martirio de la Inquisición. Me gustaron los fuegos artificiales, muy trabajados, y me gustó mi ciudad. Madrid conquistada por decenas de miles de personas volvió a estar por encima de su cabalgata y de sus regidores. No es difícil. Ni con unos ni con otros. Feliz regeneración para todos.

Ya vienen los reyes zarandeados

Ya vienen los reyes, ya vienen los reyes (cantado). Y los camellos, la parte censurada del cuento. Ambos, reyes y camellos, nos llegan sin magia, recortados, despedidos, zarandeados y sin un euro. Más que magos de oriente parecen sobrevivientes de la troika que tortura Partenones; ya saben: FMI, Comisión Europea y BCE. Este año no hay puestos fijos en el desfile, solo pajes sin contrato ni seguridad social.

Ya llegan los reyes encaramados en carrozas patrocinadas por la CEOE y sus socios. Corre un rumor macabro: una de esas plataformas rodantes llevará las banderas arriadas del Lehman Brothers. No es una provocación ni una bravata, solo un homenaje entre creadores de riqueza. Hace 40 años esos reyes, ¿o eran otros?, desfilaban ensillados en camellos. Parecían magos, no salteadores de caminos. ¡Qué tiempos! Cuando en la noche del 5 de enero Madrid olía a cagada de camello. Ahora Madrid, Valencia, Andalucía: España, huele a cagada general.

Tiempos de sueños gratuitos, sin peaje ni cadena. Hoy por una simple pesadilla te pueden multar sin derecho a reducción y con apercibimiento de cierre del cerebro. Lo llaman Ley Sinde. Aseguran que las peores pesadillas laborales que vendemos como nuevas llevan copyright del XIX.

Esta noche tuve un sueño hermoso; lo escondí en una caja de seguridad a prueba de ciberrecaudadadores. Parecía más que un sueño, era una utopía. Las utopías penalizan diez veces más que las pesadillas porque generan esperanza, ilusión, y la esperanza es revolucionaria, como la risa: síntomas visibles del descaro, de rebelión. Aunque las religiones son mitos disfrazados de utopías no pagan al fisco. Tampoco al fiasco, que el engañado nunca regresa de la muerte a protestar. Al revés, reciben millones del tesoro público por jugar en el bando de los buenos, es decir, de los vencedores. Las religiones en vez de distraerse con sueños bobos, loterías, enamoramientos, hijos, felicidad, se centran en lo esencial: en el cultivo del miedo. Pero más allá del miedo siempre está la libertad. Por eso he pedido a los verdaderos Reyes Magos un mapa para saber llegar. Feliz día 5.

Pa Negre para todos

No soy Carlos Boyero, mi querido compañero de periódico; no le llego a la suela cinematográfica; me falta empape en cine para tener un criterio publicable, para opinar en voz alta. Sirvo para charla de café; quizá para blog de andar por casa, entre amigos. Vi Pa Negre, la premiadísima película de Agustí Villaronga, después de unos cuantos aplazamientos. La vi en casa. Desde el sofá, desde donde me piloto un cuarto de vida, más rumiándome que viendo televisión. Me gustó el niño Andreu, que sostiene. Me gustaron la mayoría de los actores, sobre todo las mujeres. Es el relato de una España que huele a guerra, a crimen; es la lucha de lo que deseamos ser y lo que no somos, de lo que parece y es.

La primera escena es brutal, un anticipo de otro tipo de brutalidad constante, diaria, menos visible: la miseria, la injusticia, el egoísmo de una familia que vende a uno de los suyos para no perder el estatus de la nada. Quizá entendí mal en su momento pero lo único que tiene de catalana es que se rodó en este idioma y en un pueblo de Catalunya. El cuadro de fondo que dibuja Pa Negre es el de muchos pueblos castellanos, gallegos, extremeños, vascos, andaluces… Es el dibujo de una España negra, pobre, ignorante y cruel. No importan los nombres, la comarca, el idioma, importa la violencia subterránea, la pérdida colectiva de honestidad que provocan la guerra y los fascismos.

Los Manubens, los ricos que interpretan el papel de los detestables, no son siquiera España, Madrid; son, si jugamos a politizar, la burguesía catalana que hoy alimenta a CiU, tan presta a reescribirse.

Algo me expulsó. Quizá el ritmo, los estereotipos, una cierta rigidez. No es una película redonda. He visto en ella algo de El laberinto del fauno y de Los girasoles ciegos. Esta al menos retrataba la dignidad del personaje de Javier Cámara; en Pa Negre no hay dignidad que se salve y salve. Ni los pájaros, ni la niña-loca.

Pa Negre es una habitación cerrada: huele, asfixia, ahuma. Quizá sea lo que me estropea la película, lo que me arranca de la realidad. Es una cinta compleja que fue subvencionada en un 80%; algo que dice bastante en favor de los subvencionadores: escogieron bien. Pero cuando un filme recauda tanto dinero de las administraciones me resulta sospechosa por recibir tantos premios de esas mismas administraciones.

Pa Negre había pasado desapercibida hasta los premios Goya; algo que dice muy poco de los distribuidores; ellos ya no ven cine, solo ven beneficios. Otra habitación cerrada.

Ruidos, música, Youssou

Martes, 3 de enero 2012. Vacaciones. Me asomo a las noticias y al leerlas la cabeza se me llena de músicas, palabras, ruidos. Me siento en el sofá ante una televisión apagada. Trato de sacarme cada exceso como quien se saca una astilla del pie. Las pinzas son de madera porque la madera atrapa los sonidos. Primero caen los ruidos desagradables: el motor de los autobuses supuestamente de gas natural; los coches que bocinean porque bocineando la tienen más larga; las voces de los que necesitan gritar su ignorancia (no falla: el más tonto siempre habla más alto). También atrapo el rotor del friegaplatos: una nave espacial a punto de despegar y el constante arañar de un perro sobre el suelo.

Después, es el turno de las palabras. Primero retiro los adjetivos, siempre innecesarios. Hoy, que he dormido profundo y largo, tengo en casa pocos verbos y sustantivos. Si me agacho en el cubo de la memoria inmediata saco una frase caliente: “Hoy hace mucho frío”. He puesto la calefacción. Se trata de un acto más psicológico que útil. Es una calefacción de bajura, con los tubos escondidos debajo de suelo. No hay radiadores. El salón, donde trabajo, es un iglú.

Liberado del ruido y de las palabras innecesrias solo me queda la música. Sobresale Youssou N’Dour, que se presenta a las elecciones presidenciales de Senegal. Ya sé que Thomas Fessy de BBC no ve valores, un proyecto para cambiar las cosas, sino intereses empresariales detrás de la decisión, pero hoy, 3 de enero, quiero soñar que los motivos son honestos. Feliz semana.

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