La necedad como arma política
Saturday, 4 de August de 2012 por Ramón
La ya difunta RTVE no era perfecta, distaba bastante de la BBC, el icono junto a la PBS de la información pública en democracia. La nueva representa un retorno al urdacismo (ya saben: C.C.O.O; las playas están maravillosas; no hay huelga general ni Yak; ha sido ETA), a la concepción de que el ente público es privado, al servicio de quien manda, PP o PSOE, su brazo armado informativo, el ganador de elecciones.
Es lo que también defiende Pepín Blanco, otro taimado. Hizo la vida imposible al joven equipo de Fran Llorente en sus primeros cuatro años, cuando se creyeron las instrucciones dadas por Zapatero de ser como los británicos. Pepín exigía conexiones en directo a los mítines y castigaba la desobediencia con un ‘esta no entra en la copa de Navidad de Ferraz’. Al frente de la corporación se encontraba Carmen Caffarel, que dejaba hacer. Eran tiempos de ilusión.
Hubo otra época dorada: Fernando Castedo con Iñaki Gabilondo al frente de los informativos. Apenas duró 10 meses, de enero a octubre de 1981. Vivieron el golpe de Estado y unos meses apasionantes con honradez, inteligencia y rigor, virtudes nada frecuentes en España. Las luchas en UCD, el partido de Suárez, tenían a los delfines más preocupados en apuñalarse que en controlar RTVE.
Con Luis Fernández al frente del Ente y un Zapatero que ya no recordaba si quería la BBC o el Club de la Comedia, se perdió apariencia de neutralidad. No se fue hacia atrás, pero se dejó de ir hacia adelante, de profundizar en el modelo buscado. Estalló la crisis en 2008 y al lince Pepín se le ocurrió un urdacismo de izquierda: prohibir la palabra maldita: crisis. Sin ella no habría realidad, solo desaceleración.
El equipo de Fran Llorente ha realizado un gran trabajo. Felicidades. Primero periodístico; después de resistencia a las exigencias de un PSOE a la deriva; después a las de un PP triunfante. ¡Si pudieran hablar del amigo Alfredo Rubalcaba! De sus llamadas. El nuevo equipo de Julio Somoano no tendrá que gastar tanta energía en resistir. Es la ventaja, vienen desresistidos y desresistentes.
Caffarel cometió errores. Uno, cargarse el programa de Sánchez Dragó, que era de libros y bueno. Hubiese sido una señal de tolerancia, como lo hubiera sido abrir un espacio a Pedro Ruiz. Son ocasiones perdidas de ser de otra forma, de ser lo que representa Chaves Nogales, la Tercera España.
Los nuevos urdacis llegan con el rodillo afilado. Cambiarán hasta a los hombres y mujeres del tiempo, a ver si escampa; prohibirán las borrascas.
El Gobierno tiene problemas graves y crecientes. Su llegada a La Moncloa no ha producido el milagro de la recuperación balsámica e instantánea, la resurrección económica. En siete meses acumulan casi tantos errores que Zetapeta en ocho años, un récord olímpico cuando menos. El más grave, la gestión de Bankia, de la que sale dañada la imagen del hombre-milagro de Aznar, Rodrigo Rato, y un agujero negro que todo lo succiona.
Como sucedía con el último ZP se habla de problemas de comunicación de la política del Gobierno cuando el problema es que no hay política ni Gobierno.
Mariano y los suyos están convencidos de que si RTVE dice “España va bien”, bajará la prima de riesgo, enmudecerá Draghi, se acoquinará la señora Merkel, el euro renacerá como un ave fénix detrás del Valle de los Caídos y todos comeremos perdices (caducadas).
El 11M fue el mayor atentado de la historia de España. Urdaci y los suyos jugaron al “ha sido ETA” del hoy feliz y acaudalado Acebes. Fue una vergüenza. El PP no perdió las elecciones del 14M por las bombas sino por las mentiras. Durante años ha mantenido la tesis inicial, enmierdándolo todo, culpando a la policía, a los jueces, a una conspiración cósmica con tal de no pedir perdón, decir: “Nos equivocamos”.
Mariano dejó morir poco a poco aquella estrategia del lodo sin rectificar ni dar marcha atrás, como es su estilo. La crisis económica es un 11M diario que devora la vida de miles de personas. La opinión pública está soliviantada, harta de pepés-pesoes que solo se miran el ombligo, de castas fuera de la realidad a cargo del erario público, de los impuestos de todos.
Quizá sea nuestra última oportunidad: democracia real u obediencia y silencio; ciudadanos o súbditos; protagonismo o cobardía.
Anhelo que una eventual regeneración ética y democrática de este país se lleve por delante esta mentalidad caciquil que abunda en los bipartidos, y también en los periféricos. Esa mentalidad de ocupación del Estado hasta en el último ujier es la que impulsa la impunidad, estar siempre a salvo, hoy por ti, mañana por mí. Es la que impulsa la corrupción, los amigos del alma, las indemnizaciones divarianas, los eres falsos y toda esa gentuza que se lo ha llevado y lleva crudo (aunque sea un céntimo) de la hucha de la Educación, de la Sanidad, de las Pensiones, del Desempleo, de las obras necesarias y no de los aeropuertos sin aviones.
No hay que alarmarse con los cambios en RTVE. Siempre nos quedará la radio, diezmada pero aún plural. Un abrazo enorme a un gran maestro de lo que debe ser; un ejemplo de entrega, humanidad, respeto y periodismo: Luis del Olmo, que cumple 40 años de Protagonistas. Nos quedará la radio, sí, y los libros hasta que les suban el IVA y el BENÍA. Y nos queda Mongolia, qué carajo.
Y la música (solo una discrepancia con Skape: ni no vota ni su puta madre seguirán los de siempre).



