Feed
Posts
Comentarios

La necedad como arma política

La ya difunta RTVE no era perfecta, distaba bastante de la BBC, el icono junto a la PBS de la información pública en democracia. La nueva representa un retorno al urdacismo (ya saben: C.C.O.O; las playas están maravillosas; no hay huelga general ni Yak; ha sido ETA), a la concepción de que el ente público es privado, al servicio de quien manda, PP o PSOE, su brazo armado informativo, el ganador de elecciones.

Es lo que también defiende Pepín Blanco, otro taimado. Hizo la vida imposible al joven equipo de Fran Llorente en sus primeros cuatro años, cuando se creyeron las instrucciones dadas por Zapatero de ser como los británicos. Pepín exigía conexiones en directo a los mítines y castigaba la desobediencia con un ‘esta no entra en la copa de Navidad de Ferraz’. Al frente de la corporación se encontraba Carmen Caffarel, que dejaba hacer. Eran tiempos de ilusión.

Hubo otra época dorada: Fernando Castedo con Iñaki Gabilondo al frente de los informativos. Apenas duró 10 meses, de enero a octubre de 1981. Vivieron el golpe de Estado y unos meses apasionantes con honradez, inteligencia y rigor, virtudes nada frecuentes en España. Las luchas en UCD, el partido de Suárez, tenían a los delfines más preocupados en apuñalarse que en controlar RTVE.

Con Luis Fernández al frente del Ente y un Zapatero que ya no recordaba si quería la BBC o el Club de la Comedia, se perdió apariencia de neutralidad. No se fue hacia atrás, pero se dejó de ir hacia adelante, de profundizar en el modelo buscado. Estalló la crisis en 2008 y al lince Pepín se le ocurrió un urdacismo de izquierda: prohibir la palabra maldita: crisis. Sin ella no habría realidad, solo desaceleración.

El equipo de Fran Llorente ha realizado un gran trabajo. Felicidades. Primero periodístico; después de resistencia a las exigencias de un PSOE a la deriva; después a las de un PP triunfante. ¡Si pudieran hablar del amigo Alfredo Rubalcaba! De sus llamadas. El nuevo equipo de Julio Somoano no tendrá que gastar tanta energía en resistir. Es la ventaja, vienen desresistidos y desresistentes.

Caffarel cometió errores. Uno, cargarse el programa de Sánchez Dragó, que era de libros y bueno. Hubiese sido una señal de tolerancia, como lo hubiera sido abrir un espacio a Pedro Ruiz. Son ocasiones perdidas de ser de otra forma, de ser lo que representa Chaves Nogales, la Tercera España.

Los nuevos urdacis llegan con el rodillo afilado. Cambiarán hasta a los hombres y mujeres del tiempo, a ver si escampa; prohibirán las borrascas.

El Gobierno tiene problemas graves y crecientes. Su llegada a La Moncloa no ha producido el milagro de la recuperación balsámica e instantánea, la resurrección económica. En siete meses acumulan casi tantos errores que Zetapeta en ocho años, un récord olímpico cuando menos. El más grave, la gestión de Bankia, de la que sale dañada la imagen del hombre-milagro de Aznar, Rodrigo Rato, y un agujero negro que todo lo succiona.

Como sucedía con el último ZP se habla de problemas de comunicación de la política del Gobierno cuando el problema es que no hay política ni Gobierno.

Mariano y los suyos están convencidos de que si RTVE dice “España va bien”,  bajará la prima de riesgo, enmudecerá Draghi, se acoquinará la señora Merkel, el euro renacerá como un ave fénix detrás del Valle de los Caídos y todos comeremos perdices (caducadas).

El 11M fue el mayor atentado de la historia de España. Urdaci y los suyos jugaron al “ha sido ETA” del hoy feliz y acaudalado Acebes. Fue una vergüenza. El PP no perdió las elecciones del 14M por las bombas sino por las mentiras. Durante años ha mantenido la tesis inicial, enmierdándolo todo, culpando a la policía, a los jueces, a una conspiración cósmica con tal de no pedir perdón, decir: “Nos equivocamos”.

Mariano dejó morir poco a poco aquella estrategia del lodo sin rectificar ni dar marcha atrás, como es su estilo. La crisis económica es un 11M diario que devora la vida de miles de personas. La opinión pública está soliviantada, harta de pepés-pesoes que solo se miran el ombligo, de castas fuera de la realidad a cargo del erario público, de los impuestos de todos.

Quizá sea nuestra última oportunidad: democracia real u obediencia y silencio; ciudadanos o súbditos; protagonismo o cobardía.

Anhelo que una eventual regeneración ética y democrática de este país se lleve por delante esta mentalidad caciquil que abunda en los bipartidos, y también en los periféricos. Esa mentalidad de ocupación del Estado hasta en el último ujier es la que impulsa la impunidad, estar siempre a salvo, hoy por ti, mañana por mí. Es la que impulsa la corrupción, los amigos del alma, las indemnizaciones divarianas, los eres falsos y toda esa gentuza que se lo ha llevado y lleva crudo (aunque sea un céntimo) de la hucha de la Educación, de la Sanidad, de las Pensiones, del Desempleo, de las obras necesarias y no de los aeropuertos sin aviones.

No hay que alarmarse con los cambios en RTVE. Siempre nos quedará la radio, diezmada pero aún plural. Un abrazo enorme a un gran maestro de lo que debe ser; un ejemplo de entrega, humanidad, respeto y periodismo: Luis del Olmo, que cumple 40 años de Protagonistas. Nos quedará la radio, sí, y los libros hasta que les suban el IVA y el BENÍA. Y nos queda Mongolia, qué carajo.

Y la música (solo una discrepancia con Skape: ni no vota ni su puta madre seguirán los de siempre).

(El autor de este blog se va de vacaciones. Intentaré hacer diez postales italianas desde el 7 sin prometer nada; la familia es lo primero. Después se verá. Besos y abrazos)

Una maravillosa aventura de 20 años

Salih Agir en Cultura Inquieta.

Cumplo 20 años en El País. Gracias al periódico, a los viajes, a las personas que encontré, a mis compañeros, a jefes de la talla de Luis Matías, he vivido varias vidas dando sentido a la única que tengo. He crecido como ser humano. He compartido abismo y miedo con reporteros y fotógrafos excepcionales que me enseñaron el valor de la humildad en la mirada, saber sentirse pequeño para ver grande, pararse un segundo a pensar y descubrir las palabras que otros no ven. Me han esculpido poco a poco, con paciencia. Me siento feliz, colmado.

Hace 20 años esta profesión parecía eterna. Era un trabajo pausado, sin prisas. Sin móviles invasores ni Internet. Me encantaba salir a la calle en Sarajevo sin tener una historia que contar y esperar a que la historia me llamara. Como dice John Berger, las mejores son las que te eligen; en las que solo tienes que hablar poco, escuchar, no estropear su compás, el ritmo narrativo.

El buen reportero no crea, no mancha, solo copia, esponjea colores, sabores y olores, palabras, descripciones. El buen reportero cuando se sienta a escribir sabe qué quiere defender, por qué está allí.

Hoy el Periodismo es un Titánic que hace aguas en espera de una orquesta que ya no vendrá porque la habrán despedido con 20 días y un hasta nunca. Todo está en crisis: los periódicos, las revistas, las televisiones. Solo se salva la radio, porque aún es útil, porque nos habla y ofrece compañía. Vivimos presos de una velocidad inhumana, más próxima a la luz que a los sentimientos, a la vida.

Todo es tan instantáneo que no tiene recorrido; muere 140 caracteres después de nacer. Pocos salen a la calle a dejarse elegir por historias no contadas porque todos contamos la misma: fotos iguales, textos iguales, titulares iguales. Como si solo existiera un Afganistán, una Siria, un Guatemala, una guerra.

Estamos inmersos en la ficción de que Twitter es la realidad cuando se trata solo de una herramienta. El ordenador reemplaza al periodista en el terreno, abarata lo real, lo que importa, lo que nos afecta. Creemos que la ventana al campo es el campo, hierba mojada.

La velocidad sin reflexión, sin pausa, nos iguala, nos hace a todos igual de prescindibles, de innecesarios. Nadie paga por estrellas fugaces; se paga por comprender lo que sucede a nuestro alrededor, por recrearse en un buen texto.

No sé qué me deparará el futuro en los próximos meses. Siempre me podré dedicar al Club de la Comedia y contar chistes verdes. Cada día me cruzo con historias urbanas y suburbanas que casi nunca son contadas; historias de invisibles como nosotros, reportajes por los que merece la pena bajarse del tiovivo y sentarse a escuchar, a charlar, a compartir aventuras: un vagabundo, una estatua humana, una anciana estafada, un joven sin trabajo.

Esa ausencia de lo interesante no la satisfacen los gratuitos ni las redes sociales ni los blogs. Es una energía de alta rentabilidad económica y social que se pierde por el desagüe. Padecemos una crisis multiplicada, una tormenta perfecta: recesión económica, caída de la publicidad y las ventas, Internet y su cultura del gratis total, nuestra mediocridad y cobardía. Pero la madre de todas las crisis es la inconcebible renuncia de los periodistas a ejercer de periodistas, a ser incómodos, a importunar, a criticar, fiscalizar y dudar, empezando por nuestros jefes.

Como dicen mis amigos y editores de Libros del KO, un periodista de verdad nunca tira la toalla. Y aquí estoy 20 años después, con más ilusión y ganas, en medio del desierto, lupa en mano, como en la fotografía de Salih Agir, peleando por las esperanzas. Buen fin de semana.

Regresamos al franquismo de las excusas

Hemos recuperado lo más granado de las viejas tradiciones hispanas: el enemigo exterior, la conspiranoia, los árbitros nos tienen manía, la pérfida Albión. Eran banderas enarboladas en el franquismo tardío, el que yo viví, hijas de aquel “que inventen ellos” que tanto ha lastrado a este país.

Inmersos en gallardonadas, zarandeados por la sandez supina con la que se expresan algunos preclaros, como el tal Juan Cotino, presidente de unas Cortes Valencianas en las que los imputados formarían el tercer grupo parlamentario en número, que no en inteligencia, las excusas se han extraviado de siglo. Se han confundido con el tono del ambiente político y se creen que estamos en 1974, con el enano del Pardo (Casona dixit) sin flebitis, en un Cuéntame cómo no pasó. El tal Cotino, un lince de la Obra de Dios, propone enseñar la ecografía del feto a cada mujer que desee abortar. Este hombre cobra de los impuestos de todos.

La transición no fue un pacto entre iguales, fue una dejación histórica, una renuncia por la que aún penamos. Debió formarse una Comisión de la Verdad y de la Reconciliación. Debió crearse un organismo destinado a recuperar los cuerpos de los más de 100.000 desaparecidos. Debió depurarse a los torturadores más notorios. Debió exigirse que el primer Parlamento democrático condenase la dictadura como hoy se condena a Bachar el Asad.

Nunca he deseado juicios ni persecuciones, pero sí quiero saber la verdad, los excesos de todos para que nadie los repita. Para educar una sociedad en los hechos no en los mitos y leyendas, en la propaganda. Necesitábamos la verdad, ese gesto en el saber, para regenerar un país corrompido por 40 años de dictadura y un siglo XIX deplorable en el que la Iglesia, la Corte y los terratenientes representaron la España negra que aún pervive. Tendríamos otra derecha, como la catalana que es más presentable. Tendríamos otra izquierda, menos sectaria y dogmática.

Mireia Belmonte ha supuesto un soplo de modernidad en medio del tedio. No han acabado los JJOO y habrá que esperar hasta el final para sacar conclusiones. Me imagino a Wert, otro que tal baila, con dos discursos: uno sacando pecho de loro; otro, culpando a la herencia.

Y me imagino a Rajoy pegado a la televisión, con varios aparatos y mandos a distancia, sin perderse detalle, de sol a sol. Mientras que el iluso de Mario Monti habla con Merkel y Obama por teléfono, viaja a París y Helsinki (hoy estará en Madrid) para evitar el rescate de Italia, el bueno de Mariano El Pausado espera tranquilo a que caigan las medallas en el saco de España, baje la prima de riesgo, se aparezca la virgen de Lourdes, que la de Fátima está intervenida por portuguesa, y pueda emerger del sótano antiatómico de La Moncloa con el mejor de sus tics de ojos y decir: “España va bien”.

Tengo un peaje en el portal de mi casa

Hoy me encontré un peaje de autopista en el portal de mi casa. Un tipo disfrazado de Esperanza Aguirre, sin barba, me exigió el Repago vital AAA+, un impuesto novísimo con el que el Gobierno de la nación trata de paliar el déficit, salvar a España. Le expliqué que no tenía coche y que estaba ocupando una propiedad privada por la que ya pagaba contribuciones, tributos y una tasa de recogida de basuras que tras subirla de precio la bajaron de frecuencia.

Ante mi resistencia antipatriótica, así la calificó el imitador de la señora presidenta, se materializó el mismo Cristóbal Montoro en calzoncillos negros vuelta y vuelta acompañado de la fuerza pública antidisturbio (en singular ante lo reducido de la amenaza). Comprobé con la mirada, sin tocamientos mañaneros, que era cierto el rumor que corría por la Red: son de tres tallas menos, como los que producían la voz especialísima de los llamados Bee Gees.

El ministro aflautado venía caliente de una reunión con las comunidades autónomas. No soy Andalucía ni Catalunya aunque no dudé en exhibir mis conocimientos y habilidades culturales sin llegar a la sardana, que se me da fatal. Incluso tarareé a Albert Pla en la canción de este post.

Tras recibir un par de porrazos democratizadores en la cabeza no tuve más remedio que pagar tres euros por el derecho de vivir un día y sin garantías que el tráfico y los rojos andan muy locos.

Montoro amenazó con volver el jueves, el viernes; todo el año si fuese menester. “Todo por la patria”, exclamó en un falsete que me perforó el tímpano y se fue volando como en el chiste del hombre pájaro que pidió trabajo en un circo y le mandaron de paseo.

Somos 40 millones de habitantes, o así. Con este método hoy se sacarán 120 millones. En un mes, 3.600. En año, 43.200. Sé que Montoro no es el padre Rubio, aquel beato de los jesuitas de Maldonado capaz de estar en dos milagros a la vez sin perder eficacia, pero después de estos meses de Gobierno mariAno no me fío. Las drogas hacen milagros.

Con el nuevo Repago vital AAA+ podremos financiar dos Bankias al año, varios aeropuertos en Castellón, cientos de loterías a la familia Fabra, alguna obra más de Calatrava, y decenas de indemnizaciones-Dívar, que ahora tendrá que pagarse de su bolsillo las excursiones a Marbella y también su seguridad personal. No digo nada de la Educación ni de la Sanidad ni de las pensiones ni de las prestaciones de desempleo por si se enfadan y regresan con más gravámenes e ideas FMI para compensar la ausencia de medallas olímpicas. Un país es también lo que son sus prioridades y este, de momento, es una mierda.

Cazafantasmas alemanes en España

Cuando nos recaten del todo o parte -o como lo llame el Gobierno-, Berlín debería enviarnos un equipo completo de cazafantasmas con Bill Murray al frente. Van a tener más trabajo que los hombres de negro que ya andan por aquí disfrazados de antidisturbios. Acabar con los fantasmas en el Gobierno les va a costar tiempo y esfuerzo, meses tal vez. Guindos será escurridizo como una anguila de Lehman Brothers y Montoro le echará la culpa al diablo, a la herencia y al chachachá con su vocecilla de los Bee Gees. Tampoco será sencilla la gracil Ana Mato (ministra de Sanidad que puede resultar perjudicial para su salud), que incluye garaje con jaguar, o león, no recuerdo. Ni la ministra Báñez que arrastra una hoja de servicios larga, vacía e insustancial.

Después tendrán que ir a Ferraz. El primer fantasma a cazar es Zapatero pese a que caducó hace ocho meses. Las últimas noticias lo sitúan en Andrómeda junto al cardenal Cañizares, aquel que se vestía de Superman con capa roja por las calles de Toledo. Todos se rieron de él y ahora resulta que era verdad, se trata de un superhéroe que viene a librarnos de Rouco Varela, a quien sustituirá dios mediante en la sede de Madrid. Deberían aspirar los ectoplasmas de Rubalcaba y Chacón, por si revive. También el de Caldera que preside una Fundación de Ideas que en cinco años no ha tenido una sola. Y el de Gómez, por favor.

En el Congreso de los diputados pueden estar media legislatura cazando espectros. Empezaría por los cuadros de los ex presidentes, primero los de Trillo y Bono, tal para cual, y después por las celebradas dietas de alojamiento y manutención de las que no había tanta noticia. Después les mandaría a la sede del Consejo del Poder Judicial: veinte miembros, veinte coches oficiales con chófer y un sueldo superior al de un ministro. Dívar sería el primer objetivo pues ahorra dinero. El problema es que lleva seguridad personal adherida e individisible.

Al único sitio al que no acudiría, pese a las demandas del populacho izquierdista, es a la Zarzuela. Lo digo por razones de seguridad: el disfraz de cazafantasma se confunde a menudo con el de los elefantes botsuanos enanos.

Las comunidades autónomas tienen más fantasmas que las Cortes (incuido el Senado; un fantasma es sí mismo). El virus espectral se extiende a los alcaldes y presidentes de las diputaciones. En Valencia, además de los alcaldes y concejales están los amiguitos del alma, los arquitectos chic y aquellos a los que el presidente quería un huevo, que por el agujero que han dejado deben ser muchos y bien manirrotos.

Cuando se lleven a todos los fantasmas de España,  incluido Mourinho, seremos libres; hombres y mujeres nuevos preparados para ser alemanes del sur cuando la señora Angela Merkel lo ordene. Feliz semana.

« Newer Posts - Older Posts »