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El Estado opaco y los medios

Pregunto a un periodista amigo por qué los medios de comunicación españoles no informan de los privilegios de los políticos, como la ya célebre dieta de alojamiento y manutención que cobra hasta el presidente del Gobierno que está alojado y mantenido en La Moncloa a cargo de los Presupuestos Generales del Estado. Por qué no informan del número de coches oficiales, asesores y demás gastos recortables. Por qué no informan de su actividad parlamentaria, tanto en el Congreso como en las circunscripciones por las que fueron elegidos.

Mi amigo me dice que no podemos entrar en eso; lo considera demagógico, peligroso para el sistema. Mi amigo cree que hablo de dinero, de ahorro, pero hablo de ética, de dar ejemplo en momentos duros.

El sistema está podrido. Esto lo digo yo, no mi amigo.

El sistema es incapaz de regenerarse. No funciona la separación de poderes, esencial en la salud de una democracia, porque los tres están contaminados por el mismo mal: la codicia sin límites, la impunidad exhibida hasta la náusea, el descaro. No entiendo cómo Carlos Dívar puede tener derecho a una pensión extraordinaria después de dimitir (obligado) por darse homenajes marbellíes a costa del erario público, él y su seguridad personal. En un país serio, un tipo así sería expulsado de la carrera judicial con lo puesto. Pero Dívar no es Garzón, claro, Dívar es de los nuestros; perdón, de los suyos, como Francisco Camps.

Me gustaría tener un Parlamento transparente. No hablo de una nueva Ley Electoral ni de listas abiertas ni de diputados que se deban a los ciudadanos, no a las sedes de sus partidos, a sus jefes, los que deciden la cantidad de sopa boba y el tiempo que se tiene derecho a tomarla. Tampoco hablo de Fátima Báñez, la ministra de Trabajo que nunca ha trabajado fuera de su partido, ni de José Bono ni de todos los etcéteras que deseen añadir. No soy un iluso.

Hablo solo de transparencia, que el ciudadano pueda entrar en la página web del Congreso (el Senado sobra) y saber qué preguntas ha presentado cada diputado, cuál es su actividad legislativa, en qué comisiones está, qué defiende, cómo vota.

También me gustaría transparencia en los sueldos y en las dietas y que el mismo Parlamento impusiese normas estrictas: no se pagan billetes de AVE en Club, no se pagan billetes de avión en Business, no se pagan comidas de más de 70 euros, no se pagan bebidas alcohólicas, no se pagan suites en el Palace aunque tengas tu propia Agencia Tributaria… Otro etcétera a gusto del lector.

Mi amigo el periodista me dirá que esas exigencias son oportunistas, tal vez antisistema. Recomiendo a mi amigo, a los diputados y a quien corresponda una visita a la web They Work For You sobre el Parlamento británico, de larga tradición democrática, con épocas oscuras y escándalos, pero con una enorme capacidad de autolimpieza. También, a la web del Parlamento Europeo.

En ambos casos es posible casi todo lo que pido. Solo es necesaria voluntad de transparencia y unos medios de comunicación exigentes, útiles, capaces de ejercer la vigilancia sobre la cosa pública, denunciar abusos y exigir responsabilidades a los poderosos. Y no unos medios interesados en inventarse la realidad con portadas pseudohumorísticas (La SinRazón) u otras variedades inteligentes en el arte de vender la realidad edulcorada a un público acrítico, inmaduro, acomodado. O escondido en el fácil e injusto: “Todos son iguales”. Es hora de saber quiénes son los buenos, quiénes los aliados.

Lectura recomendada: Ignacio Torreblanca, Comparecencias.

Buen fin de semana con La Polla Records: “Ellos dicen mierda; nosotros Amén”.

Canción para sobrevivir al atraco

Escucho a Bob Geldoff en esta versión de Redemption Song y entiendo por qué solo canta I don’t like Mondays. Pese a todo tiene su punto; la imperfección cuando es honesta parece humana.

Prefiero a Joe Strummer en esta otra, con sus plabras iniciales: “Sin el pueblo no sois nadie”. Buen jueves de vergüenza, que el atraco (la crisis) continúa.

Cuando escucho a Gallardón-Zelig

Escribe Enric González en Jot Down un decálogo titulado Cosas que no me creo. Dice todo lo que pienso -y expreso de forma alambicada- con una sencillez que me sobrecoge. Me gusta mucho Enric: su trabajo, su forma de mirar y pensar, su talento y humildad como escritor. Me sucede también con Manuel Jabois.

Cuando escucho a Gallardón monserguear sobre el aborto y la igualdad de derechos entre los fetos no natos, y recuerdo su cruzada en favor de “las mujeres auténticamente libres”, sé que el franquismo pervive en un ex alcalde gastón, ambicioso y un tanto Zelig. ¿Son verdaderamente libres las mujeres con sus recortes legales?

Puede que antes nos tuviera engañados con el rollo de que escucha música en un equipo de válvulas y otras poses intelectualoides, o que su asesor de imagen (el alejado Cobo) fuese el verdadero genio y no el asesorado. En siete meses de ministro, Gallardón ha pasado de parecer un político de derechas europeo a ser un fundamentalista cristiano. Y todo por agradar a Mariano, a Rouco, a Botella, a Benedicto, a San Pedro. Al final me va a caer bien Esperanza Aguirre.

Derogar una parte esencial de la ley del Aborto, con la excusa de defender los derechos de los discapacitados no nacidos, es cínico porque el ministro insufrible se sienta en un Gobierno insufrible que ha diezmando la ley de dependencia, en la que nunca creyó el PP y que se encargó de dinamitar en las autonomías endeudadas bajo su batuta.

Los discapacitados nacidos se quedan sin ayudas en medio de la mayor crisis económica desde los años 30. Es consistente con el magisterio eclesiástico, más dedicado al antes que al después; al no nato, al polvo fuera del santo matrimonio, a la paja pecadora más que a los vivos jodidos (fabrismo) por la injusticia, el hambre, la desigualdad, la guerra, las enfermedades sin vacunas porque no son negocio, a la usura sin límites.

Siempre que escribo de infantes me enfado con la Iglesia que aún no nos han explicado dónde han ido todos los niños del Limbo, una vez que el Limbo fue suprimido en una política de recortes celestiales y reordenación de purgatorios. Tampoco nos han revelado si estos niños penados injustamente por los siglos de los siglos amén tendrán algún día derecho a una indemnización compensatoria.

Gallardón debería dar la batalla del Limbo. Los infantes se lo agradecerán aunque no voten. Feliz miércoles de peligro.

Los EREs son también para la política

No creo en la clase política ni en las castas; creo en los políticos singulares: personas que dedican un esfuerzo considerable a mejorar la vida de sus conciudadanos. Creo en la democracia de partidos y en el papel de los sindicatos, pero no que sean la única vía de expresión ciudadana, el único motor de participación. Creo en las asociaciones de barrio, en las profesionales y sectoriales y en todas aquella que libres de obediencias debidas sirvan para canalizar descontentos, propuestas, mejoras.

Creo en la ciudadanía activa, vigilante y comprometida. Votar no es la máxima expresión de una democracia. Una democracia sana se expresa cada día en la igualdad ante la ley, la igualdad de oportunidades, en la justicia eficaz y rápida, en su capacidad de corregirse, en una educación que enseñe a pensar, no a repetir, en el cuidado de los ancianos y enfermos, en la persecución de los delitos, en los debates parlamentarios donde los diputados representan a sus votantes, no a sus secretarios generales.

Una democracia sana no tiene alcantarillas ni desagües ni alfombras que lo cubren todo. Una democracia sana es transparente, no se avergüenza ni se esconde; sabe distinguir entre los sueldos necesarios de sus alcaldes, ministros y presidentes de los privilegios y los abusos.

Es un abuso que los diputados dispongan de dietas de alojamiento y manutención aunque tengan casa en Madrid. Un diputado no debería viajar a costa del contribuyente en Club ni en Business ni comer sobre manteles con cinco tenedores ni dormir en suites del Palace ni obtener privilegio alguno. No es una cuestión de números, de ahorro, sino de principios, de Ética. Los principios se pierden con facilidad y sin ellos no hay democracia, solo decoración.

Un diputado tiene que trabajar en el Congreso y en la provincia por la que fue elegido. ¿Lo hacen? ¿Quién lo controla? ¿Cómo sabemos que se están ganando la confianza, el salario? Somos los medios de comunicación los que deberíamos realizar un seguimiento crítico y no una mera recopilación de declaraciones, vacías por lo general, para copiarlas y pegarlas a coste cero. Sin libertad no hay medios de comunicación libres ni democracia. Sin medios haciendo su trabajo en libertad, fiscalizando a quien se cree inmune, no hay democracia sana.

¿Para qué sirve un Tribunal de Cuentas que no descubre nada? ¿Quiénes lo componen? ¿Quiénes los eligen? ¿Cuánto ganan? ¿Cuánto cuestan? ¿Y el Consejo de Estado?

Vivimos tiempos de crisis en los que las instituciones y otros agentes sociales  están cada día más desprestigiados: la Monarquía, la Justicia, el Legislativo, el Gobierno, la prensa… La distancia es enorme porque ya existía una distancia mental: la casta frente a los que votan lo que manda el cacique, real o mental, la inercia o el sectarismo.

No es bueno discutir la esencia de un sistema que se basa en el respeto de las minorías, en la igualdad, la justicia, la libertad y la fraternidad. Pero sí es excelente exigir la regeneración democrática, una mejora de las rutas de acceso a los altos cargos, un cambio de la ley electoral y de los mecanismos de control ciudadano.

Me gusta ver el Parlamento británico, sus plenos. Es democracia en directo. Me gusta que los altos cargos de EEUU pasen un examen ante una comisión parlamentaria. Nada garantiza la excelencia, pero sí deben existir mecanismos eficaces que permitan detectar la indecencia, perseguirla y depurarla.

Indecente es que el presidente de Murcia pida un rescate sin decir la palabra rescate, sin dimitir por su responsabilidad en su desastre regional, sin que se investigue su gestión, sus Polaris. Indecente es la mentira como bandera, que no exista un rechazo ciudadano a los corruptos, que el tercer grupo parlamentario de las Cortes Valencianas sea el de los imputados. Ese rechazo es rotundo en las sociedades anglosajonas, en Alemania, en Francia, todas políticamente maduras. Las sociedades laxas son las cristianas: Portugal, España, Irlanda e Italia. Para el sur, el trabajo es un castigo bíblico; para el norte, una bendición, una forma de realizarse.

Esta crisis que es un saqueo añadido puede ser una oportunidad histórica para abrir las ventanas, ventilar habitaciones y aplicar un ERE a una parte importante de la clase política. Despedidos con 20 días y desempleo recortado. Somos privilegiados si nos comparamos con Cuba, Siria, Rusia y tantos otros. Ese privilegio no es un regalo, es una responsabilidad, una conquista heredada que hay que defender, pasar a la siguiente generación.

Lunes negro negrero

Amanece un lunes que se teme negro, negrísimo, que los pesimistas se han quedado sin munición de adjetivos y superlativos. Más que un lunes oscuro será una semana de sobresaltos, primas locas, bolsas por los suelos y un euro en baja. Tenemos un Gobierno rendido, mudo, desorientado, que resucita a González Pons para que pronuncie sus sandeces domingueras, mitad contra Zapatero, mitad contra el BCE, para salir en las televisiones, para distraer. El otro anzuelo es Gallardón con sus gallardonadas de viejo carca, de meapilas sin disfraz.

Más fotos de la tormenta en Nueva York

Los mercados no castigan al anterior presidente ni a su incapacidad, que son prehistóricas, él y sus malamañas, sino al actual, a su incapacidad manifiesta y reiterada. Rajoy ha quemado todo su crédito en seis meses, un récord, y nos ha dejado sin alternativa, sin naves. No solo es una mala política de comunicación; les pasa como a Zetapeta: no tienen nada que comunicar; no hay estrategia, ni plan, ni mapas, ni un TomTom que guíe entre la balacera de los especuladores.

Tienen razón los que descargan culpas en el anterior Gobierno, que no supo ver o manejar la crisis financiera que se cocinaba. No será por falta de advertencias de personas sabias como Joaquín Estefanía.

Pero son militantes del PP, y amigos del alma, los que gobernaron durante años Bankia, el Banco de Valencia, la Comunidad Valenciana, Murcia…  La memoria de los Pons-ñecos olvidan la herencia del hombrecillo insufrible (Manolo Saco dixit: Aznar) en la creación e hinchamiento de la burbuja financiera, de los Poceros y demás santones de la magia potagia. Los de la lealísima oposición rubalcabiana también olvidan; se olvidan de Solchaga y su beautiful people que tanto daño hicieron. Todos son culpables. Y aunque no sean lo mismo, a menudo se parecen.

Sobre todos ellos, nosotros que les votamos, que les dejamos el corralito (¡uy!, se escapó) para su ensanche y disfrute, que nos ausentamos irresponsablemente de la cosa pública, la de todos, por rabia, desencanto o comodidad. Hoy pagamos tanta desidia, tanta mansedumbre.

Me da la sensación de que algo ha empezado a cambiar. Algo que no miden las encuestas ni la prima ¿de peligro?, obcecada en la ganancia. Lo que cambia es la actitud de muchos, aún no de la mayoría. Quizá solo sea una suma de agravios, pero este país exhibe una pérdida colectiva del miedo que traspasa ideologías. No lo estropeemos.

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