El Estado opaco y los medios
Friday, 27 de July de 2012 por Ramón
Pregunto a un periodista amigo por qué los medios de comunicación españoles no informan de los privilegios de los políticos, como la ya célebre dieta de alojamiento y manutención que cobra hasta el presidente del Gobierno que está alojado y mantenido en La Moncloa a cargo de los Presupuestos Generales del Estado. Por qué no informan del número de coches oficiales, asesores y demás gastos recortables. Por qué no informan de su actividad parlamentaria, tanto en el Congreso como en las circunscripciones por las que fueron elegidos.
Mi amigo me dice que no podemos entrar en eso; lo considera demagógico, peligroso para el sistema. Mi amigo cree que hablo de dinero, de ahorro, pero hablo de ética, de dar ejemplo en momentos duros.
El sistema está podrido. Esto lo digo yo, no mi amigo.
El sistema es incapaz de regenerarse. No funciona la separación de poderes, esencial en la salud de una democracia, porque los tres están contaminados por el mismo mal: la codicia sin límites, la impunidad exhibida hasta la náusea, el descaro. No entiendo cómo Carlos Dívar puede tener derecho a una pensión extraordinaria después de dimitir (obligado) por darse homenajes marbellíes a costa del erario público, él y su seguridad personal. En un país serio, un tipo así sería expulsado de la carrera judicial con lo puesto. Pero Dívar no es Garzón, claro, Dívar es de los nuestros; perdón, de los suyos, como Francisco Camps.
Me gustaría tener un Parlamento transparente. No hablo de una nueva Ley Electoral ni de listas abiertas ni de diputados que se deban a los ciudadanos, no a las sedes de sus partidos, a sus jefes, los que deciden la cantidad de sopa boba y el tiempo que se tiene derecho a tomarla. Tampoco hablo de Fátima Báñez, la ministra de Trabajo que nunca ha trabajado fuera de su partido, ni de José Bono ni de todos los etcéteras que deseen añadir. No soy un iluso.
Hablo solo de transparencia, que el ciudadano pueda entrar en la página web del Congreso (el Senado sobra) y saber qué preguntas ha presentado cada diputado, cuál es su actividad legislativa, en qué comisiones está, qué defiende, cómo vota.
También me gustaría transparencia en los sueldos y en las dietas y que el mismo Parlamento impusiese normas estrictas: no se pagan billetes de AVE en Club, no se pagan billetes de avión en Business, no se pagan comidas de más de 70 euros, no se pagan bebidas alcohólicas, no se pagan suites en el Palace aunque tengas tu propia Agencia Tributaria… Otro etcétera a gusto del lector.
Mi amigo el periodista me dirá que esas exigencias son oportunistas, tal vez antisistema. Recomiendo a mi amigo, a los diputados y a quien corresponda una visita a la web They Work For You sobre el Parlamento británico, de larga tradición democrática, con épocas oscuras y escándalos, pero con una enorme capacidad de autolimpieza. También, a la web del Parlamento Europeo.
En ambos casos es posible casi todo lo que pido. Solo es necesaria voluntad de transparencia y unos medios de comunicación exigentes, útiles, capaces de ejercer la vigilancia sobre la cosa pública, denunciar abusos y exigir responsabilidades a los poderosos. Y no unos medios interesados en inventarse la realidad con portadas pseudohumorísticas (La SinRazón) u otras variedades inteligentes en el arte de vender la realidad edulcorada a un público acrítico, inmaduro, acomodado. O escondido en el fácil e injusto: “Todos son iguales”. Es hora de saber quiénes son los buenos, quiénes los aliados.
Lectura recomendada: Ignacio Torreblanca, Comparecencias.
Buen fin de semana con La Polla Records: “Ellos dicen mierda; nosotros Amén”.

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