Mi cabeza es música alborotada, mezclada, batida. Los versos no se pisan; cada uno encuentra el momento exacto en el que expresarse. Mi cabeza es un concierto de tuits, mensajes, llamadas, sms ,Wup, apoyos, ánimos, calor. Me siento en mi propio entierro con capacidad de disfrute, de saberse acompañado. No hay muerte solo una pequeña transformación formal, de envoltorio, de marca. Lo de dentro, yo, sigue incólume, de pie.
De todas estas músicas, escojo una: me sabe a juventud. Ya habrá tiempo de hablar, escribir. Ahora quiero empaparme, mojarme, ser.
La suerte parece echada: no hubo acuerdo. Lo que empezó mal no podía acabar bien.
Me acuerdo de un cuento árabe, creo que sufí. ‘Un hombre pierde su mejor caballo y todo el pueblo acude a su casa para acompañarle en la desgracia. Él dice: “No sé si esto es bueno o malo”. Todos le aseguran que es malo, que perder a su mejor caballo es una gran desgracia. Al cabo de unos días, su caballo regresó con cinco caballos salvajes. El pueblo acudió a felicitarle. El hombre dijo: “No sé si esto es bueno o malo”. La gente se rió de él. “Pareces tonto, claro que es bueno. Es muy bueno. Tu caballo ha regresado con cinco más”. Al cabo de unos días, su hijo de 18 años se subió a uno de los caballos salvajes y salió al bosque a cabalgar, se cayó y se rompió las dos piernas. Regresó de nuevo todo el pueblo para acompañarle en la desgracia. El hombre dijo: “No sé si esto es bueno o malo”. La gente le gritó. “Es malo, muy malo, tu hijo tiene las piernas rotas”. Al cabo de unas semanas estalló una guerra entre el norte y el sur y todos los jóvenes de 18 años perdieron la vida en la batalla. Todos, menos su hijo que tenía las piernas rotas”.
Este cuento corto tiene muchas lecturas, todas interesantes. Hoy me gusta esta: las historias acaban cuando se pone la palabra FIN.
Llega el 8 de noviembre; acaba el plazo legal de lo que la ley llama periodo negociador del ERE, un eufemismo. No tengo ni idea de qué pasará en las próximas horas, de si habrá una propuesta a la altura de esta plantilla o un desacuerdo que nos lleve a los tribunales, a una larga batalla. Me encantaría un punto y final pactado, justo, digno. Quizá sea la última canción de la orquestadeltitanic. Me gusta esta de Pablo Milanés. Es una declaración de principios, una esperanza.
Hay canciones eternas. Ayudan en todas las situaciones. Despiertan, arropan, guían, sostienen en pie. Gracias Zeca Alfonso por tanto ejemplo y dignidad. Gracias a cada uno de mis compañeros que escogió valentía, sobre todo a los más vulnerables: los becarios.