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Los detalles que pierden a Iker

Vi al Barça y al Real Madrid. El Tata ha recuperado la presión asfixiante, una de las esencias del guardiolismo. Pasamos del tiqui-taca al tiqui-tata, que es casi lo mismo. En frente estaba el Levante, un equipo que se ha desprendido de varios jugadores sobre los que pesaban sospechas, que no pruebas, sobre presuntos amaños. Es un claro candidato al descenso. Caparrós tiene una tarea hercúlea para evitarlo. De momento es mejor que el Santos. Pinta bien para los culés.

El Real Madrid no me gustó frente a un gran Betis, que estará entre los seis primeros. No funcionó el centro del campo. Modric no puede ser el mediocentro ofensivo si juegan Özil e Isco. Se rompe el equipo, falta equilibrio. Casemiro me gusta más que Khedira porque tiene pase y gol. Con Xabi Alonso se logrará ese equilibrio. Illarra, cuando esté, también lo puede aportar.

Benzema estuvo ausente. Sus fuera de juego eran una metáfora de él mismo. La calidad técnica sin sangre no sirve de mucho. Si Cristiano no defiende, él debe mojarse más. En los minutos que estuvo Morata desnudó a Karim. Si llega Bale el delantero centro será Cristiano, supongo.

Carvajal tiene más ataque que Arbeloa, pero es peor defensa. Álvaro no jugó porque hizo la Confederaciones y lleva menos entrenamientos. Supongo que recuperará el puesto en una o dos jornadas. Las mismas razones aplicadas a Arbeloa servían para sentar a Casillas. El caso de Ramos es diferente; sin Varane es insustituible. De todos modos no estuvo fino contra el mini Bolt de Sevilla.

Ancelotti es un tipo listo, político. Ha sobrevivido a Berlusconi. Lo que ha hecho en la portería es ser justo con Diego López y mandar un mensaje al vestuario y a la afición: no hay privilegios, no mandan los jugadores, no pasamos del régimen militar al cachondeo. Es parte del tratamiento para sanar las heridas del Special One. Lo fácil hubiera sido poner a Iker: fin del debate mediático.

Carletto habla de detalles. Creo que el detalle más significativo es el juego con los pies, muy bueno en López, que descarga a la defensa y mete balones muy profundos hasta los tres cuartos de cancha, no como Iker que los regala en el centro. Si hay presión de los delanteros, como hizo el Olimpique de Lyon, con Casillas el equipo sale peor, se atranca. Mourinho, no todo iba a ser malo, hizo sentir a Diego López que era el titular, el mejor, y el chaval creció en confianza. Su punto débil son los balones por alto: no sale pese a su envergadura.

En la temporada pasada el Real Madrid no sabía jugar con balón. El primer gol contra el Betis demuestra que algo ha aprendido este verano. Queda mucho trabajo, mejorar en todos los aspectos, ver qué pasa con Bale y sobre todo no perder un solo punto, que luego ya se sabe.

El Atlético de Madrid será tercero; es el mejor de la clase media alta. Veremos qué sucede en la Supercopa. Animo Atleti.

Ya con la Liga en marcha, Mariano Rajoy puede estar tranquilo y cerrar la crisis de Gibraltar. Ya tenemos distracción asegurada.

La travesura empieza en un gazpacho

Domingo: aire acondicionado, soledad y televisión sin sonido. Tengo las ventanas cerradas para que no entre el calor. Hice compra de urgencia para comer y cenar. Una salida breve, que ando de exilio interior. En mi nueva situación laboral miro los precios y más ahora que llega la cuesta de lo que queda de año y pagar el exceso de Nueva York. Ese era uno de mis lujos: comprar sin mirar.

Paula es como su madre: una Merkel que castiga a los manirrotos. Siempre me regaña: “Eso no, que es muy caro”. Como estoy solo me he comprado un brick de gazpacho Alvalle. Es más costoso, pero es el mejor. Ser travieso es una de mis especialidades. Cuando ataca el merkelismo, explico a la niña que solo hay que tener en cuenta dos factores: ¿lo necesito? ¿Lo puedo pagar? Para comprar es necesario el doble sí. Ahora mis posibilidades son menores. Sé que mi muñeca me ha traicionado en estos días neoyorquinos con la tarjeta; vivir es disfrutar, no poseer, dijo Aristóteles, ese gran futbolista.

Mañana bajo en tren a la playa a ver a María la Exploradora. Tengo ganas de mojar mi cara sin barba en el agua de mar, sentir el salitre. Me pidió que le mandara un foto de mi nuevo yo por guas-ap, para que se fuera acostumbrando.

El Periódico sacó hoy a la portada mi artículo sobre Egipto. El título era bueno: Tahrir. ¿Qué era eso? ¿Una canción? Estuve dos días secuestrado por Al Yazeera y la informacion cambiante, dándole vueltas al asunto: cómo escribir para que la actualidad no devore las palabras. Al final llega la experiencia al rescate. Pierdo físico, gano recursos. La naturaleza es justa.

El otro día me regalaron esta canción en un comentario, que sea para todos.

Una confesión: estoy enganchado a un juego cabrón, una App: Candy Crush. Todo el mundo lo jugaba en sus móviles en el metro de NY. Me atreví a preguntar a un par de personas en qué nivel estaban. Una de ellas me advirtió de que después del 100 es una tortura. Lo es. Buen día.

La gata Miércoles, a quien llamaré Sábado esta noche, no falla a su cita nocturna: llega al alféizar, se arquea, maúlla y entra en casa de un brinco; curiosea entre máscaras, libros y trastos, hasta que la vuelvo a sacar a los tejados. Ayer abrió la ventana con la pata; tiene carácter.

Me recuerda una leyenda urbana que se contaba de Vittorio de Sica. La razón de su misterioso y súbito engorde. Hubo un tiempo -supongo breve- que acumuló esposa y dos amantes, tres casas diferentes, a las que acudía puntualmente a comer. No sé cómo lo pudo hacer. No ya el tener tanta desfachatez si no en poder comer tanta pasta a diario. No sé si es cierta, tal vez fuera una sola amante. Pero ya se sabe, los hombres puestos a decorar la realidad todo son 20 centímetros.

Me he rasurado la barba con jabón y cuchilla. Después de dos días de quitármela con maquinilla eléctrica, la piel me pide respirar más, sentir el agua de la ducha, la cuchilla que se desliza. Llevo con barba desde los 20 años. Antes por vaguería; ahora por vaguería y para taparme las edades multiplicadas. Sin pelo en la cara me crecieron los ojos, me desaparecieron los labios. No se puede tener todo. Detrás de cualquier espejo hay muchos yos. La riqueza es llegar a descubrirlos a todos, y aceptarlos.

La primera de las entrevistas que hice en Nueva York saldrá el lunes en Jot Down. Os espero.

Otra gran versión de Rock and Roll Suicide. Se la dedico a Javier del Pino; echo de menos nuestras discrepancias musicales de los domingos.

Una gata siempre llama dos veces

Ha vuelto la gata. Pasé el día preocupado: no me escribía, no me llamaba ni guasepeaba. Anoche pensé que podía tratarse de un animal abandonado en las alturas. Es raro, pero en estos tiempos nada resulta imposible. La tesis, que abriría la puerta samaritana, no se sostiene porque no ha aparecido durante el día. Debe ser de algún vecino nuevo, una expresión amplia de vecindad porque los tejados de la manzana están unidos. Somos una isla sobre Madrid.

Es posible que Jueves regrese el Viernes, como en la isla de Robinson Crusoe. Y el Sábado. Iré cambiando el nombre cada noche y cuando cumpla una semana la llamaré Calendario Pirelli. Solo para desmitificar.

Leo, escribo, escucho música, pienso, me tumbo en el sofá, no hago nada. Es estresante. Espero que pronto me llegue el alma desde Nueva York porque sigo con el sueño cambiado. Buenas noches.

Tengo una gata en mi ventana

La he llamado Miércoles porque apareció a última hora de la noche. Podría añadirle Jueves porque es en esta madrugada insomne cuando me zalamea desde el alféizar de la ventana. Es gata y multicolor: blancos con una gran variedad de marrones y grises. Es guapa, parece bien alimentada. Le he puesto un cuenco con leche desnatada. Tuve tentaciones de darle un poco de atún, pero eso hubiera sido barcenear, pagar un sobresueldo.

Miércoles Jueves está sobre las tejas de la casa de al lado, alerta; vigilante. Si me acerco a la ventana, viene enseguida arqueándose. Me quiere engatusar. Antes se me coló en casa. Inspeccionó el salón y un trasterillo que tengo para guardar cachivaches.

Miércoles Jueves me recuerda a Claudio, mi gato de toda la vida, y a Oliverio que peleó durante dos años con sus pulmones. También a Susan Sarandon, la gata de Galicia que no me traje por imperativo legal. A Claudio le encantaba el tejado; en invierno aprovechaba el calor de la teja árabe y en verano estiraba las patas, se hacía el interesante bajo la luna. Oliverio era más loco; se iba durante horas.

Un día apareció un gato birmano. Lo llamé Miércoles también. Como diría Moutinho:  el verdadero Miércoles. Se dejaba acariciar y yo le ponía pienso. Dejó de aparecer y encontré por el barrio unos carteles hechos a mano con la descripción de un gato perdido muy parecido a Miércoles Primero. No sé si lo robaron o se cayó en un patio, pero desde entonces se acabaron las excursiones de Claudio y Oli.

Me gustan los gatos porque son neuróticos, curiosos y testarudos, como yo. Nos entendemos bien. Hay química.

Esta tarde fui a la peluquería de la Cava de San Miguel y me quité la barba. Necesito que la cara respire, sentir el agua de la ducha, mis dedos. Me dejé hacer con los ojos cerrados. Al abrirlos me topé con un tipo lejanamente familiar que no era yo sentado en el mismo sitio. Hace años, cuando me quitaba la barba parecía mucho más joven. Ahora, sin el escudo barbado cuento los desperfectos del tiempo: las arrugas, los abultamientos y los decaimientos. Parece que todos los kilos que me sobran están allí, concentrados, expuestos.

Con el caminar de la noche, el insomnio que ahí sigue, y las visitas de Miércoles Jueves me he distraído de mí mismo, algo que siempre es bueno. Terminé el texto para el número de septiembre de TintaLibre. Escucho música en mis nuevos auriculares. Me ordeno, navego. Pienso en Egipto, en mi necesidad de volver a viajar. Pienso fórmulas para el curso que viene. Las hay, habrá que pelearlas. Feliz jueves.

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