El disputado voto del señor nadie
Tuesday, 20 de May de 2014 por Ramón
¿Alguien de confianza que tenga previsto abstenerse en estas elecciones y esté dispuesto a cambiar mi abstención forzosa por un voto? Intenté organizarme por correo pero debía apuntarme antes a varios cursillos de comprensión burocrática para cumplimentar los requisitos sin error. En dos elecciones que estaba de viaje laboral fuera de España cambié el voto con mi ex compañero de El País, Juan Miguel Muñoz. Ambos confiamos en el otro.
Sé que apetece muy poco votar, que tenemos la sensación de que no sirve para nada. Es posible que así sea, pero sirve más que manifestarse, que también sirve. Mientras no llegue una revolución, la urna es el único camino. Es un camino lento, pero funciona. Estas elecciones son un precalentamiento de las municipales y autonómicas del año próximo, una oportunidad de que los culpables bipartidistas de la crisis no saquen pecho, para que se preocupen. No hablamos de Europa, por desgracia, porque nadie se centra en Europa, ni siquiera Berlín que ya ha aprendido que puede decir solo Alemania, sin eufemismos.
Izquierda Unida sigue sin hacer los deberes, encerrada en los restos del PCE, sin abrirse y peleada en no se cuántas corrientes. Es una pena, porque es una voz necesaria. Hay partidos pequeños, que la Brunete Tuitera llama de extrema izquierda, con un discurso interesante: EQUO, Podemos, etc. Después de ver a José Mujica en Salvados echo de menos algo en esta izquierda dispersa, quizá un Frente Amplio, quizá un poco de honestidad intelectual e ideológica. Me gustó mucho cuando el presidente uruguayo habló de un cierto infantilismo en la izquierda. Deberíamos cambiar eslóganes y proclamas por propuestas
Estoy tan harto del PSOE como del PP, pero el partido presuntamente socialista es el único instrumento a corto plazo. No de la mano de Rubalcaba y con el abuelo Cebolleta dando consejos grancoalicionadores por detrás. Valenciano no me dice nada, como muchos dirigentes del aparato. Que a Pepín Blanco lo hayan enchufado y que Magdalena Álvarez no dimita son lastres de un pasado que mientras sea presente no tendrá futuro.