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El disputado voto del señor nadie

¿Alguien de confianza que tenga previsto abstenerse en estas elecciones y esté dispuesto a cambiar mi abstención forzosa por un voto? Intenté organizarme por correo pero debía apuntarme antes a varios cursillos de comprensión burocrática para cumplimentar los requisitos sin error. En dos elecciones que estaba de viaje laboral fuera de España cambié el voto con mi ex compañero de El País, Juan Miguel Muñoz. Ambos confiamos en el otro.

Sé que apetece muy poco votar, que tenemos la sensación de que no sirve para nada. Es posible que así sea, pero sirve más que manifestarse, que también sirve. Mientras no llegue una revolución, la urna es el único camino. Es un camino lento, pero funciona. Estas elecciones son un precalentamiento de las municipales y autonómicas del año próximo, una oportunidad de que los culpables bipartidistas de la crisis no saquen pecho, para que se preocupen. No hablamos de Europa, por desgracia, porque nadie se centra en Europa, ni siquiera Berlín que ya ha aprendido que puede decir solo Alemania, sin eufemismos.

Izquierda Unida sigue sin hacer los deberes, encerrada en los restos del PCE, sin abrirse y peleada en no se cuántas corrientes. Es una pena, porque es una voz necesaria. Hay partidos pequeños, que la Brunete Tuitera llama de extrema izquierda, con un discurso interesante: EQUO, Podemos, etc. Después de ver a José Mujica en Salvados echo de menos algo en esta izquierda dispersa, quizá un Frente Amplio, quizá un poco de honestidad intelectual e ideológica. Me gustó mucho cuando el presidente uruguayo habló de un cierto infantilismo en la izquierda. Deberíamos cambiar eslóganes y proclamas por propuestas

Estoy tan harto del PSOE como del PP, pero el partido presuntamente socialista es el único instrumento a corto plazo. No de la mano de Rubalcaba y con el abuelo Cebolleta dando consejos grancoalicionadores por detrás. Valenciano no me dice nada, como muchos dirigentes del aparato. Que a Pepín Blanco lo hayan enchufado y que Magdalena Álvarez no dimita son lastres de un pasado que mientras sea presente no tendrá futuro.

No tengo envidia del talento

Me gustaría saber cantar, tener la capacidad extraordinaria de trasladar los sonidos desde mi cabeza a las cuerdas vocales, hacerlas vibrar, sonar armónicamente. Por algún accidente de fabricación o una avería irreparable, la música que me entra por los poros se diluye en el cuerpo incapaz de encontrar el camino hacia la garganta.

No tengo a favor el oído, uno bastante sordo y el otro atolondrado para la música y los idiomas. Siento envidia del talento ajeno, pero no es una envidia paralizante. El talento de los otros me colma, me agranda, no me disminuye. Sucede con los libros y el periodismo, algo más próximo. Reconocer las capacidades de otro no anula las mías, si las hubiera. El talento ajeno es una mano tendida para crecer.

Esta versión del aria Nessun Dorma de la ópera Turandot de Giacomo Puccini suena como los ángeles en la voz de Luciano Pavarotti. Una baja médica de última hora nos regaló esta interpretación de Aretha Franklin en una gala de los premios Grammy de 1998. Ella no es cantante de Ópera, pero es una cantante con mayúsculas, una locura de mujer. Cuando escucho música sé que es buena porque dispongo de un detector interior que jamás falla: se llama emoción.

Por un voto lo que sea, menos un tuit

Hoy hemos repartido hostias como panes en la sección A vista de Lobo, de A Vivir, con Javier del Pino. Parecíamos Gervasio Sánchez duplicados. La verdad es que los tiempos piden mambo. Ahora que todos andan en campaña electoral sonriente es el momento de ventilar harturas. Por un voto perdonan cualquier cosa menos un tuit subido de tono. Entramos en la última semana de una campaña que no escucho ni sigo más allá de las mamarrachadas de #CañeteCaduca. Pero conviene votar, aunque sea nulo, para no te cuenten como un silencioso, un obediente.

Creo en Europa, en el sueño de sus fundadores. Me gustaría tener la nacionalidad europea, y el pasaporte. Sería una forma de independizarme de España por elevación. Sigo en Catalunya donde se aspira a lo mismo pero por partición. El discurso político me sabe (ya se me ha pegado la frase) mesiánico, regado de medias verdades y de una falta de rigor alarmante. Sobra humo, artificio.

Los políticos de aquí son como los nuestros solo que en Catalunya han dado con la tecla de invisibilidad. No de la suya sino la de sus fracasos. Las personas comunes viven la posible independencia como una ilusión, una salida urgente de este país repleto de Cañetes, Aguirres, Magdalenas y Cospedales. Se olvidan de los suyos, de la casta de los Puyol y compañía. Cambiar de collar no termina con la rabia.

Sería bueno un referéndum para poner las ideas sobre la mesa y los votos en la urna. Todo este runrún es cansino.

Estoy en el Alt Empordá en un pueblo catalano-parlante que se esfuerza cada día en hablarme en castellano. Entenderse es fácil, es cosa de piel, de lenguaje corporal, de respeto compartido. Deberíamos apartar del debate a todos los que viven del cuento, de un cuento y del otro.

Siento envidia de la ilusión de muchos catalanes, de su esperanza, de que la independencia será un abracadabra que solucionará todos los males como en un truco de magia. Vengo mucho a Catalunya para ver si se me pega algo porque también necesito independizarme de un tipo de España que detesto. Pero soy racionalista y ateo: no creo en los milagros. No me siento cómodo en las religiones y en los nacionalismos. Bon dia a tots.

Machismo, ceguera y cainismo

Siento un rechazo ideológico y emocional hacia el machismo, una actitud que detesto. Reconozco que algo de ese virus está dentro de mí. Se me coló a través de la educación, familiar y escolar; se asentó en el tardofranquismo y en la democracia aún en tránsito. Está en los chistes, algunos muy buenos, y está en las cosas menudas. El Diario.es tiene un blog dedicado al micromachismo. Es una suerte que no trabaje allí, acabaría en la cárcel, denunciado. Es broma.

Tengo muchas amigas feministas y con ellas comparto lo esencial. El machismo me llegó por contaminación ambiental. El feminismo por convicción a través de la reflexión y el pensamiento. Me incomodan las hembristas: copian los errores que denuncian. No es un asunto de exclusiones, sino de inclusiones radicales.

Admito que estoy en tránsito, aprendiendo, corrigiendo, abierto a crecer. Me gusta sacar el tema ante mujeres, provocar un poco en espera de respuestas inteligentes que me ayuden en la limpieza interior.

Creo que se equivocan las personas que centran su esfuerzo en el los y en el las. Se quedan en la superficie de una batalla más profunda. Hace poco, una profesora de Ávila me contó una experiencia personal. Un día dijo al finalizar la clase: “Los niños pueden salir al recreo” y una niña pregunto: “¿Y las niñas no ?”. Son terrenos de aprendizaje para todos, sin dogmas.

Aunque el motor no está en la regla de masculino+femenino=masculino, sé que el lenguaje es un transmisor de estereotipos, xenofobia y sexismo. Más que decir los vascos y las vascas, hay que modificar conceptos, valores, tradiciones.

Esa misma profesora me enseñó que la lucha está también en los colores, en el absurdo azul para ellos y rosa para ellas, como si no existieran más opciones. La lucha está en el juego, en dejar que los varones jueguen a las muñecas. No es cosa de maricones, que diría un machista, sino de aprender roles ampliados, aprender a ser padre.

Si visitamos un parque veremos cómo los niños y las niñas juegan desde muy jóvenes con los roles equivocados -machos alfa y princesas- ante padres progresistas que transmiten sin saberlo los mismos roles recibidos: mediasnaranjas, príncipes azules, etc.

¿Cómo se rompe la cadena? Desde la educación y la concienciación. Ya nadie insulta con el desafortunado ‘subnormal’. Pero aún se insulta desde el no menos desafortunado ‘autista’. Es posible aprender, cambiar.

Acabar con el machismo es una tarea titánica. El machismo es consustancial al poder que ejercen y han ejercido de manera patrimonial los hombres. También existen mujeres que lo ejercen desde una óptica machista.

Es inconcebible que una mujer gane menos por un trabajo igual, es una injusticia, seas directora del The New York Times o actriz oscarizada. Son inaceptables actitudes como la Arias Cañete. No es solo el barniz machista, es su desdén intelectual, su incapacidad de aceptar errores, su falta de honestidad con la verdad. Ya sabemos que los yogures caducados no son buenos para la salud.

Me preocupa esta sociedad polarizada entre derechas e izquierdas, abismada, incapaz de buscar esa verdad de manera honesta, denunciar excesos incluidos los de nuestros amigos y cercanos ideológicos. No somos una sociedad sana, culta, generosa. Somos sectarios. La regeneración empieza por nosotros mismos, por abrir puertas y ventanas y que corra el aire de una puta vez. Feliz fin de semana.

Tramontana e insomnio

La tramontana es un viento que procede del valle del Ródano, choca con los Pirineos y entra por donde puede. A veces bufa, así dicen en el Alt Empordà, a 150 kilómetros por hora o más. Cuando se mantiene un tiempo la gente enloquece, se encabrona. Aunque hoy amanece un poco más calmo, hemos tenido tres días bien soplados. Mañana hay partido decisivo, en el que se resuelve la Liga. Lo veré en el club social del pueblo rodeado de culés rebufados. Deberé extremar la precaución en mis posibles alegrías. Nada de gritar provocador ¡Gol de España! como hacía en mis tiempos en El País.

En Tarifa también corren vientos locos que obligaron a colocar pasamanos para que las personas puedan agarrarse a la vida y no volar hacia una fractura ósea o algo peor. También ventosea y mucho en Chicago donde la orientación de algunas calles las convierten en autopistas de viento mientras que otras próximas viven en la calma chicha. Nueva York no necesita vientos porque ya es una ciudad de locos en la que los locos de medio mundo se sienten como en casa.

No sé si es el ventoseo de estos días o el comecocos de la vida, pero aquí estoy insomniado, los ojos cansados de par en par. Hay noches en las que las pesadillas no viven dentro del sueño, se sientan en el quicio de la cama con los pies colgando y se empeñan en darte conversación. Busco músicas que las exorcicen y pueda echar una cabezada de una hora antes de arrancar la jornada. Esta de Imagine Dragons puede funcionar, es casi una nana. Feliz viernes.

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