La Diada 3.0 y los bomberos pirómanos
Friday, 12 de September de 2014 por Ramón
No tengo ni idea de lo que sucederá el jueves en Escocia. No es fácil acertar en las encuestas cuando se trata de asuntos emocionales. En las últimas horas empresas y bancos británicos de pedigrí se han encargado de recordar a los votantes el precio de las emociones, de lo que sucederá en el caso de un triunfo del ‘si’, de cómo dejarán el nuevo país en busca de un mejor lugar para sus intereses. Las cartas están claras; las dudas sobre la UE y la moneda, también.
Escocia ha pactado con Londres; es un acuerdo entre personas inteligentes desde la convincción democrática, no desde la presión, las amenazas de desobediencia política o el desprecio al derecho a decidir de los ciudadanos. El referéndum tiene una pregunta clara: “Should Scotland be an independent country?” y reglas asumidas por ambas partes. Es un proceso ejemplar, como lo fueron los dos referéndums celebrados de Quebec.
Los partidarios del sí y del no han podido realizar su campaña, colocar sus mensajes, hablar a las personas en las ciudades y pueblos de Escocia. También se han celebrado debates televisados. El líder independentista Alex Salmond ha mostrado contundencia en sus ideas, sus enfados, pero sin perder el sentido común.
Esta tercera Diada es la que menos me ha gustado. No por los cientos de miles de personas que han salido a las calles a expresar sus sentimientos, su anhelo por la independencia de Catalunya. No me ha gustado por las declaraciones de algunos de sus líderes que juegan con los sentimientos desde la insensatez política. Es una combinación peligrosa que complica el camino y asegura el descarrilamiento final.
En Catalunya no hay un pacto con el Estado, no existe un proceso legal con unos procedimientos definidos; tampoco un pregunta clara, sino dos confusas, ni debate de ideas sobre los pros y los contras. En Catalunya se ha producido una explosión emocional alentada por la crisis y los recortes que los líderes deberían haber conducido a buen puerto, aunque se tarde un poco más, y no subirse como hooligans a un tren de alta velocidad que solo puede conducir al desastre. Los bomberos resultaron pirómanos, los de allá y los de aquí.
Unas de esas declaraciones insensatas a las que aludía anunciaba la proclamación de la República catalana desde el balcón de la Generalitat tras el 9N. ¿Proclamar una independencia sin que ningún país de peso la respalde de antemano? Kosovo tenía a EEUU y los principales Estados de la UE. ¿Y si nadie te reconoce, más allá de Andorra, Tuvalu y las Maldivas, por un poner? ¿Se puede empezar una independencia con tan poco bagaje, tan poca planificación? ¿Qué moneda? ¿El euro, para que la soberanía siga en manos del BCE y Berlín? ¿Qué significa la independencia si lo importante se decide fuera?
No ayuda el Gobierno en Madrid, incapaz de ofrecer alternativas, al menos en público, y que multiplica declaraciones hostiles en las que abraza el desvarío general. Estoy convencido de que la única forma de resolver estos asuntos es democráticamente: en las urnas, mediante una consulta. Es la vía escocesa: compromiso, un procedimiento claro, debate abierto y papeletas. Y que cada uno aguante el palo de sus decisiones.
Las empresas catalanas, los bancos, están callados; es como si esperaran un milagro de última hora, un soplo de cordura. ¿De quién? ¿De dónde? Es una pelea entre castas, no de los ciudadanos.
Esta tercera Diada me ha dejado un regusto amargo, a derrota colectiva, aunque he de reconocer la gran organización, otro éxito de la Assemblea Nacional de Catalunya. Escuché a Oriol Junqueras en la SER, a quien tengo por un hombre inteligente, y me pareció muy pobre su argumentación sobre el 9N. Escucho a miles de tertulianos que pueblan los medios españoles y pienso que están tan en la luna como la mayoría de los políticos catalanes.
Si tuviera que elegir, elegiría la gente que salió a la calle. Ellos no calculan, no juegan, son honestos, solo sienten. Feliç divendres.

