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Al Papa tampoco le gusta el baile africano

Pues estamos bien: a Benedicto XVI tampoco le gustan las “alegres y festivas” misas africanas. Prefiere las del Vaticano: decenas de concelebrantes en las que no cabe un solideo alrededor del altar, inciensos, candelabros de plata y coros de niños arrullados todos por miles de jóvenes entusiastas al grito de Totus Tuus. Ayer, tras el gran éxito de su propuesta del condón en un continente diezmado por el sida, las guerras y la miseria extrema, ha pedido más rigor litúrgico a los sacerdotes africanos reunidos en Yaundé. Al líder espiritual de los católicos le preocupa, al parecer, la exuberante religiosidad africana rica en bailes y ritmos tribales. “Que no sean un obstáculo, sino un medio, para entrar en diálogo y comunión con Dios”, dijo. Si por este Papa de intelectualidad reconocida, voz meliflua y sonrisa poco natural fuera no existirían el gospel ni el blues ni Aretha Franklin, algo que debería ser, cuando menos, pecado mortal.

En 1980, durante un Sínodo de obispos celebrado en Roma y dedicado a la Familia y al Matrimonio, el cardenal inglés Basil Hume, que antes de príncipe había sido monje, se levantó de su asiento y dijo a sus compañeros de fe:

He tenido un sueño: una fortaleza en la que la única misión de sus guardianes era la obediencia inquebrantable y en la que el ruido era tanto que no se podía escuchar lo que se decía fuera de sus muros. Pero en ese sueño había también la visión de la Iglesia convertida en un peregrino buscando la carretera en un lugar en el que las señales estaban oxidadas por el mal tiempo y habían comenzado a ser arregladas con la pintura equivocada.

Marzo de 2003. Abordo de un desvencijado Suzuki Santana del padre José Carlos Rodríguez Soto, entonces misionero comboniano en el norte de Uganda. En la aldea de Rep, cerca de Gulu, una zona castigada por la guerrilla de Ejército de Resistencia del Señor (25 años de guerra civil, más de 150.000 muertos y medio millón de desplazados) nos recibió una docena de niños, todos vestidos de domingo: camisa blanca y calcetines altos blancos. Saltaban y danzaban como si hubiera llegado el mismísimo Papa Noël. En una choza rectangular esperaba el pueblo entero, también con sus mejores galas. Tenía techo de paja y carecía de paredes. El padre Carlos sacó de su mochila una botella de plástico rellena de agua bendecida y una muestra de aceite con vino. “¿Te imaginas aquí a Rouco Varela?”. Tras ponerse la casulla y la estola, sonrió ante mi ocurrencia. En la homilía dijo algo en el idioma local que causó carcajadas y aplausos. Hubo cánticos tribales y fue agradable: había espiritualidad en el ambiente. “¿Por qué se reían tanto?”, pregunté después, cuando el pueblo entero se disponía a invitarnos a comer. “Les he contado una historia de unas monjas de Kitgum que dieron pastel de carne a unos leprosos y éstos tras devorarlo, exclamaron: ‘¡No entiendo cómo el hombre blanco se muere comiendo estas cosas tan ricas!”.

Diciembre de 1996. Bukavu. Los hermanos maristas Servando Mayor, Miguel Ángel Isla, Julio Rodríguez y Fernando de la Fuente habían sido asesinados unos días antes en el campo de refugiados de Nyamirangwe. Tras conversar con el hermano Ignacio Arrondo, encargado de recuperar los cadáveres y recibir a los periodistas, me dirigí a sus tumbas. Cada uno de mis movimientos en el exterior del colegio de Niangezi fue seguido por un tropel de niños curiosos. Antes de marcharme el hombre blanco estúpido que hay en mí preguntó a uno de los chicos: “¿Crees en Dios?”. Sólo movió la cabeza de arriba a abajo con los ojos muy abiertos. El hombre blanco estúpido que hay en mí dio un paso más en el abismo y volvió a preguntar: “¿Por qué? Si solo te ha dado guerra y hambre”. El niño de los ojos muy abiertos respondió: “Es que es lo único que tengo”.

Benedicto XVI debería dejar de hablar tanto con los arcángeles y empezar a escuchar a las personas. Los políticos, también; en su caso, bastaría sustituir arcángeles por asesores muy pagados para no dar malas noticias.

Advertencia: peligrosa imagen de la vida real apta para todos los públicos. Foto tomada en Gulu en marzo de 2004, tras la ceremonia de enterramiento del cordón umbilical de los gemelos.

Fiesta del nacimiento de gemelos en Gulu

El Papa, África y el condón

No tengo claro cuándo los Papas hablan como dios; es decir, sin equivocarse. Pero ayer, sin duda, no fue uno de esos días. Benedicto XVI aterrizó en Camerún, su primera África -un continente torturado por las guerras, el hambre y la pobreza (400 de sus 1.200 millones de habitantes lo son de solemnidad)-, para predicar la buena nueva: “La utilización del condón no es la respuesta al sida”. La solución es, a su muy sabio entender, “la fidelidad y la abstinencia porque la práctica solo incrementa el problema”. La receta no es nueva: tiene XXI siglos, aunque a veces sus guionistas le cambian el nombre a la enfermedad por no aburrir a la parroquia, que el sopor debilita el miedo y sin miedo no hay rebaño.

Quizá sea el jet lagJulio Cortázar decía que ese ligero malestar se debía a que el alma no viajaba a la velocidad del avión y por ello tardaba un par de días en reunirse con el cuerpo-, la desorientación que producen el boato y el halago que rodean el cargo, los calores del clima tropical o un mal consejo de sus asesores terrenales y celestiales, pero lo dicho ayer por el líder espiritual de los católicos destruye gran parte del trabajo de decenas de ONG civiles y organizaciones religiosas que llevan años pugnando por convencer a los hombres africanos de que el uso del condón salva vidas, sobre todo las suyas y las de sus familias.

Asegurar desde el prestigio espiritual (y desde el desconocimiento que le otorga el cargo) que el preservativo no es la solución en un continente con 25 millones de personas infectadas de VIH es una invitación (¿delictiva?) al contagio. África con solo el 12% de la población del planeta tiene el 60% de los VIH conocidos del mundo. En 2010, el número de huérfanos por la muerte de uno o de los dos progenitores llegará a 18 millones. Solo en Botsuana se calcula que el 23,9% de la población está infectada. El sida, como sucedió con la esclavitud, está destruyendo el sector más productivo de la población africana.

He visto a misioneros y misioneras ejemplares repartir preservativos en hospitales y dar misas en lugares que si existiera dios se aparecería cada día porque allí no basta con un milagro. Recuerdo a una monja en un centro clínico de Ruanda. Le regañé entre bromas. “Madre; no sabe que el Vaticano tiene prohibido el condón”. Tras mirarme como si fuera un extraterrestre, replicó: “El 5º Mandamiento dice No matarás, y esto aquí es una cuestión de vida y muerte”. Cuando intenté seguir, me cortó posando su mano sobre la mía: “Si tengo que elegir entre el Vaticano y Dios yo ya he hecho mi elección”.

El Papa pide fidelidad y abstinencia sexual en un continente en el que las violaciones de mujeres, y de niñas, son un arma de guerra y un gravísimo problema en la paz (ahora se extiende la moda de las llamadas violaciones correctoras de lesbianas). Esta insistencia de hablar de sexo donde se muere de hambre demuestra cuando menos una ignorancia enciclopédica de la realidad por no decir otra cosa más grave. Desconozco cuál es la jerarquía de pecados y valores en el seno de la Iglesia, pero por encima del sexo debería estar la misericordia. O, al menos, el silencio. ¿Esperarán 500 años como con Galileo para pedir perdón por los errores de hoy?.. Eppur si muove.

Este obispo es un lince

Primero, el hecho: los obispos creen que se protege más a la fauna y flora que al no nacido y anuncian una campaña publicitaria en 37 ciudades. Se puede al portavoz ver en vídeo.

Después, la consecuencia en Manolo Saco

El talento impefecto

“No esperéis ninguna hazaña de los que carecen de talento”
Sun Tzu: El arte de la guerra (editorial Fundamentos)

Paredes que hablan

Foto tomada con iPhone en Cádiz, cerca del mercado: “Mientras los medios de comunicación sigan manipulando, las paredes seguirán hablando”.

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