A 15 días de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Alianza Atlántica en Estrasburgo, que supondrá la presentación en la sociedad europea del presidente Barack Obama, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero -que persigue con denuedo el perdón de EEUU a su repliegue de Irak en la primavera de 2004- ha decidido hacerse notar con otra inesperada retirada, la de Kosovo. Como la anterior, ésta se mueve por razones de (pequeña) política interna y se ha anunciado sin coordinación con los aliados afectados: la OTAN tiene desplegadas en la ex provincia serbia 16.000 tropas, de las que 630 son españolas.
El secretario general del organismo, Jaap de Hoop Sheffer, no ha ocultado su decepción por esta medida unilateral cuando, en su opinión, aún “no se dan las condiciones políticas y de seguridad en Kosovo”. La Alianza tenía previsto recortar mil soldados durante este año. España, como el niño glotón, se ha comido los 630 primeros sin negociar con nadie. Parece, cuando menos, un gesto maleducado y de compañero poco fiable. La única excusa sería que se trata de un movimiento preventivo para preparar el gran órdago, la escenificación ante Obama de nuestra reconciliación y entrega sin condiciones: la oferta de un aumento significativo de nuestras tropas en Afganistán, donde más que medicinas se reparten bofetadas.
El tiempo dirá si es el caso. El Gobierno está atrapado entre dos fantasmas: Irak y País Vasco. Lo que empezó siendo a finales de 2007 un enredo en el que se esgrimían dificultades transitorias de calendario (elecciones generales en marzo de 2008), se ha transformado en un enroque del que ya no se sabe salir.
Primer fantasma, Irak. Nace de la foto de las Azores, cuando la entonces oposición socialista basó su campaña contra la guerra (y el PP) en la exigencia del respeto de la legalidad internacional, entendida ésta en las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. La de Kosovo, la 1244, aprobada el 10 de junio de 1999, era lo suficientemente ambigua como para permitir dos interpretaciones. Unos consideran que la posibilidad de una independencia está implícita ya que deja abierto el estatus final a una decisión posterior. Otros -Serbia, España, Rusia y China, entre otros-, estiman que la 1244 reconoce la soberanía de Belgrado (“Reaffirming the commitment of all Member States to the sovereignty and territorial integrity of the Federal Republic of Yugoslavia”) y que todo cambio de fondo demanda una nueva resolución. Sin ella, la independencia es ilegal. Los primeros corrigen: esa frase está en el preámbulo, que carece de fuerza legal, y la República Federal de Yugoslavia dejó de existir el 3 de junio de 2006, con la independencia de Montenegro.
Segundo fantasma, País Vasco. El Gobierno anterior del PP y, sobre todo, los de Zapatero han efectuado una conexión inconsciente poco afortunada entre un caso y el otro. Para que los nacionalistas del País Vasco puedan reclamar en su beneficio el precedente de Kosovo deberían pasar antes por su tortura histórica: régimen serbio de apartheid durante 80 años, matanzas como la de Racak, bombardeos de la OTAN, limpieza étnica y expulsión de la mitad de la población kosovar, retirada del Ejército y la policía serbios, presencia de tropas de la OTAN, lluvia de organismos de la ONU y ONG durante nueve años, plan Ahtisaari, secesión de hecho del norte de Mitrovica y una independencia unilateral y sin demasiado contenido aún que seguirá siendo tutelada durante bastantes años. También habría que apagar la luz, pues los cortes eléctricos son constantes.
El verdadero precedente, Montenegro, pasó desapercibido para todos, Gobierno, PP y nacionalistas. En un referéndum celebrado en 2006 vencieron los independentistas con el 55,4% de los votos y una participación del 86,5%.
Rusia, nuestro más firme aliado en la defensa de la inviolabilidad de las fronteras, decidió este verano hacer un par de excepciones a la teoría general en Georgia, al promover y apoyar las secesiones de Abjazia y Georgia del Sur. En el seno de la UE, el Gobierno cuenta con aliados de peso: Grecia, Chipre, Rumania y Eslovaquia. Su política de bloqueo a la misión de policía y justicia de la UE en Kosovo genera fricciones con sus socios políticos y económicos. Mal asunto cuando España presidirá la UE en el primer semestre de 2010.
Edward Heath, primer ministro conservador británico (1970-1975), respondió una vez en los Comunes a la interpelación de un diputado: “Nosotros no defendemos valores, defendemos nuestros intereses”. La idea no era nueva; a finales de XIX, Robert Cecil, lord Salisbury, conservador y primer ministro británico, dijo: “Gran Bretaña no tiene enemigos ni amigos permanentes. Sólo sus intereses son permanentes”. La pregunta es sencilla: ¿cuáles son los nuestros?
Lecturas recomendadas:
Reconozcamos Kosovo, Jordi Vaquer y José Ignacio Torreblanca (22-04-2008)
Serbia ‘mon amour’, Ignacio Torreblanca (16-02-2009).
Entrevista con Martti Ahtisaari, ex mediador y ex presidente de Finlandia: “Kosovo no tiene nada que ver con el País Vasco” (21-06-2008).
The Politics of Recognition, Kosovo and International Law. Informe para el Real Instituto Elcano de Jessica Almqvist (16-03-2009).
Por si entre tanto juego de ajedrez diplomático se nos ha olvidado la gente: Informes de Human Rights Watch sobre Kosovo y la declaración del presidente del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, Gabrielle Kirk McDonald, realizada el 31 de marzo de 1999.
(Seguiremos informando)