Un libro: Un puente sobre el Drina. Debate tiene una buena edición traducida por Luis del Castillo Aragón y revisada por René Palacios More. Lo único criticable es la portada. ¿No hubiera sido mejor una foto del puente real en Visegrado? Si alguien ya leyó Café Titanic (recomendada en esta sección) estará mejor entrenado para penetrar en el mundo literario y en el lenguaje de Ivo Andric. Este Puente le resultará una deliciosa inmersión en un mundo de frontera en el que cambian los personajes, las ideologías y las religiones, pero nunca el puente. Es uno de esos libros que al terminarlos sientes que te han regalado un poco de otra vida.
Una película: La mirada de Ulises de Theodoros Angelopupulos. La recuerdo (lenta pero) fascinante, sobre todo la última media hora, la dedicada a la guerra contra Sarajevo.
Una canción: Wish You Were Here de Pink Floyd en su reencuentro en Londres durante el concierto Live 8. Siempre me gustó mucho este grupo. David Gilmore está soberbio. Roger Waters no tanto, pero a quién diablos le importa. Es una estupenda interpretación.
Gran definición de la cumbre del G-20 leída en Guerra eterna: en lugar de refundar el capitalismo (nadie en su juicio lo esperaba) se ha refinanciado (y veremos con qué eficacia).
Son muy significativas algunas lecturas post partido.
El editorial del The New York Times rebaja un poco el entusiasmo inicial:
In normal times we don’t expect a lot from summit meetings. But with the global economy imploding, leaders at Thursday’s meeting of the world’s top 20 economic powers had an urgent responsibility to come up with concrete policies to fix the global financial system and restore growth. They fell short.
The meeting certainly produced more than the usual photo ops and spin — and its participants did not go away yelling at one another as they have in the past. The leaders pledged to fight protectionism and to help badly battered developing countries and — putting their money where their mouths are — committed $1 trillion for loans and trade guarantees. The group also agreed to crack down on tax havens and, on a country-by-country basis, impose stricter financial regulations on hedge funds and rating agencies — necessary though insufficient steps to avoid a repeat of the current disaster.
Interesante también el resumen de Slate: “El G-20 sorprende a muchos decidiendo algo”.
Este tipo de cumbres multitudinarias (en periodistas) son como las elecciones: todos ganan. Detrás de los titulares grandilocuentes y de las maniobras de los spin doctors (traducción castiza: los vende-motos), una marea de cifras, puntos y comas que cuesta destripar y digerir, y cuando se entiende la naturaleza exacta de los acuerdos, o se descubre su trampa, éstos dejaron de ser noticia.
Un dato preocupante sobre el presunto éxito de la cumbre del G-20 en Londres: a los mercados les gusta el resultado y ya se sabe que todo lo que es bueno para los mercados es malo la Humanidad y todo lo que es malo para los mercados es aún peor para la Humanidad. Lo llaman la ley del embudo.
Un todo lo que usted quería saber sobre… leído en la BBC, magnífica como casi siempre:
Pregunta: ¿Hay sustancia real en el acuerdo o es solo autobombo?
Respuesta: Hay algo de dinero real en el pacto, pero no tanto como figura en la cifra de los titulares [1,1 billones de dólares]. Muchos de los 250.000 millones de dólares en comercio financiero procederá de programas existentes de garantías para la exportación en los países ricos; solo 50.000 millones irá a los países pobres.
La propuesta de 250.000 millones de dinero nuevo [los otros 500.000 millones procederán de créditos de los Estados] para el Fondo Monetario Internacional representa una novedad importante, pero solo 19.000 millones serán puestos a disposición de los países pobres.
La reforma del sistema financiero será importante, pero solo para la próxima crisis
Titular cauto del Financial Times: Los líderes del G-20 aseguran que la cumbre del G-8 ha sido un éxito.
De lo reclamado por Oxfam y otras ONG, nada de nada (parece):
Los países pobres, debilitados por los altos precios de los alimentos y la energía durante 2008, son los más vulnerables a los impactos negativos de la crisis. El FMI predice que la tasa de crecimiento de África caerá cerca de un 3% en el 2009. Solamente esto, según el Banco Mundial, podría enviar a la pobreza a 53 millones de personas más. Existe un peligro real de que los avances alcanzados en muchos países en vías de desarrollo para conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio en los últimos ocho años se vengan abajo al secarse los cauces financieros.
Texto completo del comunicado comentado por el The Wall Street Journal a través de dos expertos: John Kirton y Andrew Baker. Una gran idea y buen aprovechamiento de la herramienta.
Londres ya tiene su muerto, como Génova. Cada marcha globalizada contra la globalización empieza en una fiesta y acaba en una melé desagradable. El hoolinganismo no es la mejor ideología para enfrentar a los carecen de ideología, a los que hablan de números y negocios. Hay espacio para las ideas, el humor y la provocación, no para la violencia. En la manifestación de ayer se exhibieron alguna pancartas con leyendas ocurrentes: Abolish money. Eat the Bankers. Can we overthrow the Government? Yes we can!Stop fooling about our future… O la muy divertida:Capitalismrobe myvirginity. En ellas hay más imaginación que en las reiterativas palabras de los líderes: siempre bla bla bla. Menos en el caso de Obama, que aún mantiene fresco el acento de la campaña electoral.
Ayer fue un día de disfraces, casi carnavalesco: los master del universo que pueblan la City londinense -donde se juegan a diario las cotizaciones y esperanzas ajenas-, se vistieron de seres terrenales a sugerencia policial: ropa informal para pasar desapercibidos a los ojos de los manifestantes. Algunas fotos son deliciosas: un aluvión de ejecutivos y banqueros en calzado deportivo y sin corbata cruzando el puente del Milenio con el Financial Times debajo del brazo. Olían a casino a diez kilómetros de distancia.
Las marchas de ayer de los grupos antiglobalización supusieron además una puesta en escena, no menos imaginativa, de las nuevas tecnologías al servicio de la información. The Guardian tuvo un día periodístico espectacular, prueba de que esta profesión no muere, solo se transforma. El diario inglés construyó en su edición digital un blog minutado de los acontecimientos de la jornada en el que colgó audios y fotografías. También jugó con los mensajes vía twitter de sus periodistas situados entre los manifestantes (de donde procede la foto que encabeza el post). Publicó un gráfico animado del quién es quién entre los grupos de la protesta y un mapa de Londres con los lugares calientes regados de links de fotos. Y por supuesto: buena información en los formatos clásicos de crónica y el reportaje. Los nuevos tiempos ya están aquí, pero lo esencial no cambia: contar bien lo que sucede e interpretarlo de forma honesta para el lector.
Uwem Akpan (1971, Ikot Akpan Eda) –nigeriano como Chinua Echebe (también escrito Achebe), el autor de Todo se desmorona, una de las grandes novelas africanas y la más desgarradora sobre lo que supuso la irrupción del hombre blanco–, ha logrado en Say You’re One of Them (Di que eres uno de ellos), una colección de cinco relatos, una altura literaria que no desmerece al maestro.
La irrupción del padre Uwem (fue ordenado jesuita en 2003) es de las más luminosas de los últimos años en un continente a media luz, maltratado por el clima, la rapiña colonial –y la de las empresas que les siguieron, y de las que llegaron después y allí permanecen–, las enfermedades, el hambre, las guerras civiles, la limpieza étnica, el genocidio, las violaciones como arma, los niños soldados, los 18 millones de huérfanos por el sida…Y por el silencio informativo en medio de lo que llamamos pomposamente la “sociedad de la información”.
Tal vez sea África, por su desesperanza, un buen territorio para la oración y para la literatura, otro sistema milagroso que trata de corregir la realidad, bien moldeándola o transmitiéndola sin cosmética ni aditivos, en toda su crudeza, creando un espejo donde mirarse y reaccionar. Así es como brota de la pluma de Uwem Akpan desde el primer relato, ‘An Ex mas feast’, sin afeites, en el que Maisha, una prostituta de 12 años, enseña a su hermana de 10 la diferencia entre los hombres que hacen daño y los que no. Ella y su mundo terrible representan el África que se desmorona por segunda vez, que se corrompe “por todas esas cosas en nuestras vidas que necesitan dinero”, las Áfricas que pierden sus identidades y, con ellas, la esperanza colectiva de un despertar.