Al embajador de Israel en España, Raphael Schutz, no le gusta el corresponsal de El País en Oriente Próximo, Juan Miguel Muñoz. Asegura que el periodista forma parte del “mecanismo de relaciones públicas de Hamás”. Ha enviado una extensa carta al diario, a la sección de la Defensora del Lector, Milagros Pérez Oliva, en la que afirma entre otras cosas:
“La cobertura de la información relacionada con Israel y Oriente Próximo sufre de forma sistemática de sesgo, unilateralidad y falta de objetividad. En consecuencia los lectores desconocen la verdad y los hechos, y se forman una imagen distorsionada de la situación”. Enumera a continuación los tres principales problemas, que en resumen son: 1. La forma tendenciosa de informar de nuestro corresponsal. 2. No dar cabida en el diario a las posturas de la Embajada de Israel en España. 3. El uso de terminología tendenciosa. “A todo lo dicho debo agregar”, añade, “que El País Semanal sirve de plataforma para la incitación anti-israelí”, pues además del citado reportaje de J. M. M., “sus páginas han dado cabida a dos odiosos artículos de Maruja Torres y Juan José Millás”, y diversas cartas de lectores. Concluye afirmando que “El País, “en lo que a Israel se refiere, informa, forma y deforma para adecuar las realidades a sus principios doctrinales”.
El punto 2 es interesante: no publicar entrevistas a un embajador es antisemita. (¿Antisemita? ¿Ocupación del lenguaje? ¿No son los palestinos también semitas?). El punto 3 lo supera: criticar a Israel es “incitar” al odio. Si a esta misiva se unen las declaraciones del nuevo ministro de Exteriores de Israel, Avigdor Lieberman, y algún que otro político deslenguado, y los hay, se puede llegar a una conclusión: Israel tiene un serio problema.
La táctica no es nueva. Se empleó contra Juan Cierco, corresponsal durante muchos años en Israel del diario ABC. Se utiliza contra Óscar Mijallo, de TVE, que tampoco gusta. La lista es larga y variada.
A veces la censura es generalizada y preventiva, como en la última operación militar en la Franja de Gaza: prohibida la entrada a todos los medios de comunicación. Sólo escapó del cerco la televisión qatarí Al Jazera, que realizó una excelente cobertura a través de su canal en inglés y ahora paga en permisos y credenciales las consecuencias.
Afortunadamente Israel no es solo Schutz y Lieberman, también hay gente capaz de ver los defectos y los hechos, como Amira Hass, y otros muchos. Recomiendo especialmente sus Crónicas de Ramala (Galaxia Gutenberg). Para aquellos que no tengan tiempo de leer el libro, puede ayudarles el texto publicado el 28-12-2008 en el diario israelí Haaretz bajo el título Pequeño Bagdad en Gaza:
There are many corpses and wounded, every moment another casualty is added to the list of the dead, and there is no more room in the morgue. Relatives search among the bodies and the wounded in order to bring the dead quickly to burial. A mother whose three school-age children were killed, and are piled one on top of the other in the morgue, screams and then cries, screams again and then is silent.
Mustapha Ibrahim saw all this on Saturday at one in the afternoon, at Shifa Hospital in Gaza. As a field investigator for a human rights organization, he thought he’d been immunized, but nothing prepared him for what he saw. Wounded people whose situation was less than serious were asked to leave Shifa, in order to free up beds.
Dr. Haidar Eid is a lecturer in Cultural Studies at Al-Aqsa University. He, too, saw the bodies and the wounded on Saturday. Also the children whose limbs had been amputated.
Más ‘Little Baghdad’ in Gaza
Estoy ansioso por leer las conclusiones del juez surafricano Richard Goldstone que encabeza una misión de la ONU para investigar los presuntos crímenes de guerra cometidos por Israel en la Franja de Gaza y aquellos presuntos delitos que haya podido cometer Hamás contra la población civil israelí. No dudo de su imparcialidad. Es judío, como Haas, y fue un gran fiscal en el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia. Tampoco dudo de que sus conclusiones no gustarán al (creciente, en número e intransigencia) sector duro de Israel ni al movimiento Hamás.