Otro de mis grupos favoritos: Supertramp. Canción: Fool’s Overture, con Winston Churchill, su puro y su histórico “Nunca nos rendiremos“. Las imágenes de esta gran interpretación en Toronto arrancan media nota tarde. Es el único defecto. Puede ser un antídoto eficaz contra la melancolía: la imagen de decenas de miles de personas huyendo de las ciudades para abarrotar las playas tras horas de atasco. Lo llaman ocio.
Los que nos quedamos presos en esas mismas ciudades cercados por turistas, pasos, santos, nazarenos y tiendas cerradas, tenemos el cine, los restaurantes sin espera y la satisfacción malvada de que a los traidores les espera el atasco de vuelta y a nosotros las vacaciones en otro momento. Lo llaman mala leche.
En mi patria (palabra que ya he comentado que detesto, por su implicaciones excluyentes y sus consecuencias belicistas) habitan personas de muchos países, memorias de ausentes, olores, sonrisas, voces, bares (sobre todo muchos bares) y barrios. Si tuviera que elegir un himno sería este: Nkosi Sikeleli Africa, que es el actual de Suráfrica y antes, durante el apartheid, lo fue del Congreso Nacional Africano. Esta versión interpretada en Zimbabue, dentro de la gira Graceland en 1991, es extraordinaria: están Hugh Masakela, Miriam Makeba y Paul Simon, y la propina posterior de Ladysmith Black Mambazo:
En esta otra, cantada el 14 de septiembre de 2007 por el equipo de rugby de Suráfrica antes de aplastar a Inglaterra 36-0, tiene una gran importancia política. Casi todos los jugadores son blancos y cantan con pasión el himno del partido político que acabó con su régimen de privilegios y al que los jefes del apartheid llamaban terrorista. La ejemplar transición surafricana, pese a los muchos problemas que aún arrastra, es el producto de la generosidad de la mayoría y de la mano de un político excepcional: Nelson Mandela.
Una de las claves del perdón colectivo es que han sabido enfrentarse una verdad colectiva. Esto no ha sucedido en España; tampoco en Francia, donde finalizada la II Guerra Mundial todos habían formado de repente parte de la resistencia al nazismo. Nadie tuvo que ver con el asesinato de decenas de miles de judíos. Nadie tuvo que ver tampoco con el genocidio de 800.000 personas en Ruanda, que comenzó ahora hace 15 años. Ni Gobierno francés, ni Bill Clinton, ni Kofi Annan. Nadie, como ahora en Sudán.
Un vídeo amateur colgado por The Guardian de su edición digital muestra cómo una valiente intervención policial pudo ser la causa de la muerte de una persona durante las protestas contra el G-20. El ataque por la espalda contra alguien que no participa y que parece ebrio es de una brutalidad inadmisible. Hay Libros de Estilo (El País, por ejemplo) que prohíben la utilización de la definición fuerzasdelorden, pues son a menudo el foco del desorden.
En caso inglés existen antecedentes gravísimos que han quedado impunes: la muerte del brasileño Jean Charles de Menezes en julio de 2005. Creo recordar que la Policía Metropolitana, además de matar a un ciudadano inocente, mintió sobre los hechos y ocultó información a los investigadores y a la opinión pública. No hubo sanciones ni dimisiones. Ante todo ejemplaridad democrática.
Un día de paseo por la Tacita, Beni de Cádiz y Chano Lobato, dos grandes cantaores flamencos, se detuvieron delante de la casa donde vivió José María Pemán. Beni preguntó: “Chano, ¿crees que me pondrán algún cartel cuando me muera?”. Chano respondió: “Sí; se vende”. Más genialidades en Chano Lobato: memorias de Cádiz de Juan José Téllez.
Nos queda su cante y la memoria (y el olvido de Pemán). Salud Chano. Salud Beni. Salud Cádiz.
Avanza la semana santa y hay que aumentar la apuesta contra la molicie ambiental. Esta increíble versión de Boogie Woogie entre Ray Charles, Jerry Lee Lewis y Fats Domino es una buena alternativa al olor a cera. Aunque el sonido es viejo se te van las piernas.
Un regalo y un homenaje a mis compañeros del diario de ABC, a los que conozco y a los que no. (Puntualización: entiéndase por compañeros a los inocentes):