Feed
Posts
Comentarios

El blog de Ahmadineyad

Siempre he tenido debilidad por los grandes periodistas como Jon Lee Anderson porque de ellos siempre se aprende. Este texto publicado en abril en la revista The New Yorker representa una gran radiografía del Irán de Ahmadineyad (como lo escribimos aquí). Este tipo de reportajes largos, construidos y escritos muy despacio, pensando cada palabra, son la esencia del periodismo de siempre. Aquellos medios que lo practican (los hay muy buenos en Internet: Slate) no tienen aparentemente problemas con la inteligencia de sus lectores ni con el poder adquisitivo de sus anunciantes. Son aquellos que renuncian a su esencia los que están más perdidos.

Hay una frase de los marines norteamericanos muy adecuada para estos tiempos, creo que ya citada en otro post, pero que está de más recordar: “Nunca sopla el viento a favor de los que no saben adónde van”.

Pues eso, feliz lectura del reportaje de Anderson:

Ever since Mahmoud Ahmadinejad first ran for President of Iran, four years ago, he has shown a canny understanding of communications. He has a blog, called Mahmoud Ahmadinejad’s Personal Memos, in which he expounds on God, philosophy, and his childhood, and answers e-mails from readers. The signature videos for his 2005 Presidential campaign were two thirty-minute productions that expertly portrayed him as a man of the people. In one scene, Ahmadinejad is in line for lunch at a self-service canteen; in another, he walks among the poor. The videos were aired on television repeatedly. The campaign tagline was “It’s doable—and we can do it.”

The videos were conceived and produced by Javad Shamaqdari, a burly, bearded man who is the President’s “art adviser.” A month ago, that meant demanding an apology from Hollywood for “thirty years of insults and accusations against Iran.” Shamaqdari cited the 2006 film “300,” about the battle between the Spartans and the evil, decadent Persians, and last year’s “The Wrestler,” in which Mickey Rourke grapples with an old nemesis called the Ayatollah, who tries to choke Rourke’s character with an Iranian flag. On the campaign, though, Shamaqdari’s role was like that of an American communications director.

Shamaqdari and Ahmadinejad met when they were engineering students in Tehran, in the late seventies. During the Iran-Iraq War, Shamaqdari produced documentaries about life on the front. He went on to make feature films, including “Sandstorm,” about the failed 1980 U.S. operation to rescue the hostages. Shamaqdari said that when Ahmadinejad became mayor of Tehran, in 2003, he refused his municipal salary, keeping only what he was due in his position as a university teacher. “I felt that Iran needed a person like that at the top,” Shamaqdari said. “So when I heard of his candidacy I proposed to help him.”

Shamaqdari showed me outtakes from his films—scenes that Ahmadinejad had found “too intimate.” They portrayed Ahmadinejad tenderly kissing his aged father on the cheeks and reciting Persian poetry to him. “What I wanted to show was his honesty and his simplicity,” Shamaqdari said. “I felt sure the Iranian people would vote for him if they saw this.”

Shamaqdari was right. Iran’s conservative clerical establishment, led by Ayatollah Ali Khamenei, Iran’s Supreme Leader, had thwarted the efforts of President Mohammad Khatami, who had run as a reformist, to open up Iran. The clerics rallied around Ahmadinejad’s dark-horse candidacy, and in June, 2005, Ahmadinejad won, with sixty-two per cent of the vote.

Iran’s next Presidential election is scheduled to take place in June. Ahmadinejad has declared his candidacy; Khatami was a candidate, too, before dropping out in March in favor of another reformist, former Prime Minister Mir-Hossein Mousavi. Once again, Iran’s conservatives will face the country’s putative reformers. And Ahmadinejad is again counting on his populist appeal.

Más en Carta desde Teheán. ¿Puede cambiar Irán?

Periodismo ratonero 2

Para evitar malas interpretaciones: copio y pego (con el ratón, por supuesto) un comentario que escribí para el post anterior y lo coloco aquí, que tendrá más visibilidad: el peligro del ratón no reside en el ratón mismo sino en que creamos que reemplaza al ojo, pensar que desde la pantalla vemos igual de bien lo que pasa alrededor y decidamos (o decidan) prescindir de la incomodidad de tener que ir. Es una tentación para las empresas, más barata. No afirmo que desde el ratón no se pueda contextualizar, que se puede y muy bien, lo que digo es que desde el ratón no se puede oler. Hay muchos periodistas de la Red que salen, ven, huelen y cuentan. ¿Buscamos ejemplos? Los hay en Slate. También en Soitu.

Lo importante es la honestidad, no engañar.

El problema es la simulación, que afecta más al papel que a la Red: pretender que se está allí cuando se escribe y ve desde aquí, desde un ordenador, sea en la redacción central o en el hotel del lugar en el que se supone que se está.

Se puede contextualizar con material sacado de la web y eso se llamaría análisis, necesario para comprender. Pero al análisis no se le puede calificar de reportaje ni presentarse como tal. Para reportajear es esencial estar en el lugar, más bien dentro del lugar, donde sucede la historia. No confundamos los términos, pues es lo único que tenemos: la precisión de las palabras.

Cada historia tiene una aproximación, un enfoque, una longitud.

La mejor manera de saber si una fuente miente es contrastar con más fuentes. Se debe hacer cuando se está en el terreno y se debe hacer cuando la vía es Twitter o cualquier otra red social. Las prisas son el enemigo del buen periodista, sea en papel o en la Red.

Gabriel García Márquez: “Primicia es el primero que lo cuenta bien”.

Todos nos ayudamos del ratón, el teléfono, la televisión y la radio para completar información, pero en determinadas historias todos estos medios no sirven para sustituir el valor indudable de estar allí.

Se está produciendo una gran revolución tecnológica y habrá que generar nuevos controles de calidad. Me parece apasionante.

Periodismo ratonero

Periodismo ratonero es aquel que se practica desde el ratón del ordenador. Esta descripción genial de una realidad creciente pertenece a Pepe Comas, penúltimo corresponsal del diario El País en Berlín, fallecido el año pasado. El ratón abunda cada vez más, sobre todo en estos tiempos de recorte y ere, y reemplaza al periodismo en el terreno. No tengo ni idea por dónde se moverá este negocio de la información, si superará las dos crisis, la general y la estructural, pero sí sé que los medios ratoneros lo tendrán mucho más difícil que aquellos que apuesten por historias reales, contrastadas y bien escritas. El papel no tiene la patente de la calidad. La web tampoco posee la de la originalidad. Hay muchas web de cortar y pegar insufribles; periódicos, también. La calidad no depende del soporte sino del talento y éste nada tiene que ver con la edad: hay idiotas hasta en la cuna.

Recomiendo la lectura pausada (sólo para los viciosos del periodismo y de la crisis) de la conversación de Susan Chira, jefe de la sección Internacional del diario The New York Times con los lectores. Apunto algunas ideas interesantes:

  • Twitter y otras redes son herramientas de gran valor para informar, como se demostró en los ataques de Mumbai. Twitter permite un seguimiento en tiempo real de los hechos a través de las personas que son testigos de los mismos. [También en las manifestaciones del G-20].
  • El envío de fotografías y vídeos colgados en la web son contribuciones del periodismo ciudadano que enriquecen la información general.
  • Web, blogs, twitter, etc son herramientas valiosas que conllevan desafíos importantes: ¿cómo sabemos que la fuente está diciendo la verdad? ¿Cómo identificar sus intereses políticos? ¿Cómo verificar las fuentes y estar seguro de que no son noticias fabricadas? [Pensemos en la guerra de Georgia en agosto y en la ofensiva del Ejercito israelí sobre Gaza.]
  • Los corresponsales en el extranjero son más necesarios que nunca. Representan el centro de identidad de un medio. Los ojos de los lectores.
  • La web ha transformado el trabajo. “Los tiempos en los que el corresponsal tenía el lujo de enviar una sola pieza al día han terminado”. Pero añade Chira que aún “es posible desaparecer en las selvas o en los desiertos y reaparecer con una historia” interesante para los editores.

El único problema, y esto ya es mío, es cómo financiar el periodismo en mudanza, o el ya mudado a la Red. ¿De dónde saldrán los ingresos que permitan al medio contratar buenos periodistas? ¿Cuáles serán sus recursos para formar a nuevos periodistas? ¿Cómo se pagará el viaje del enviado especial o la estancia en una ciudad clave como Bruselas o Nueva York de un corresponsal? ¿Cuánto valdrán sus crónicas y reportajes? ¿Quién pagará nuestra cuenta de luz? Son tiempos de mudanza, duros para algunos compañeros que se ven en listas de despido, y para otros que nada tenemos garantizado. Hay que generar nuevas complicidades con los lectores, ser muy humildes y, sobre todo, salir a la calle a encontrarse con personas reales con problemas reales.

Somalia: el lugar más peligroso del mundo

El corresponsal del diario The New York Times en África Oriental, Jeffrey Gettleman, es el periodista que más veces ha estado en Somalia en los últimos años. Este texto publicado en la última edición de la revista Foreign Policy en castellano, es excepcional. Es un reportaje llevo de vida (y muerte) e información, en la mejor tradición del periodismo anglosajón.

Somalia es un Estado gobernado por la anarquía, un cementerio de fracasos en política exterior que no ha conocido más que seis meses de paz en los últimos veinte años. Ahora, el caos interminable del país amenaza con devorar toda una región. Y el mundo, una vez más se limita a observar cómo arde.

Cuando uno aterriza en el aeropuerto internacional de Mogadiscio debe rellenar un impreso con su nombre, la dirección y el calibre del arma que lleva. Se crea o no, este desastre de ciudad, la capital de Somalia, recibe todavía vuelos comerciales. Algunos no han salido bien parados: al final de la pista quedan todavía restos de un avión ruso de carga derribado en 2007. Más allá del aeropuerto se encuentra uno de los monumentos al conflicto más asombrosos del mundo: kilómetro tras kilómetro de edificios derruidos e incendiados. La arquitectura de estilo italiano de la capital, en otro tiempo una joya, ha quedado reducida a un montón de ladrillos despedazados por las ametralladoras. Somalia vive desgarrada por la violencia desde que el Gobierno central se vino abajo, en 1991. Dieciocho años después y 14 intentos fracasados de formar gabinete, las matanzas continúan: atentados suicidas, bombas de fósforo blanco, decapitaciones, lapidaciones, grupos de adolescentes atiborrados de una droga local llamada khat que disparan unos contra otros y a todo lo que pille en medio… Incluso, de vez en cuando, misiles de crucero norteamericanos que caen del cielo. Y en el mar se vive la misma batalla campal. Los piratas somalíes amenazan con estrangular la estratégica vía marítima del Golfo de Adén, que atraviesan 20.000 buques cada año. En 2008, esos bucaneros secuestraron más de 40 navíos y obtuvieron hasta 100 millones de dólares en rescates. Es la mayor epidemia de piratería de la era moderna.

En mis más de doce viajes a este país durante los últimos dos años y medio, he aprendido a reelaborar mi propia definición de “caos”. He sentido la furia de la insurgencia iraquí en Faluya. He pasado noches sobrecogedoras en una cueva afgana. Pero en ningún sitio he tenido tanto miedo como en la Somalia actual, donde a uno pueden secuestrarlo o dispararle en la cabeza en menos tiempo del que tarda en secarse el sudor de la frente. Desde los espesos pantanos que rodean Kismayo en el sur, perfectos para emboscadas, hasta el laberinto letal de Mogadiscio, pasando por la guarida pirata de Boosaaso, en el Golfo de Adén, Somalia es nada más y nada menos que el lugar más peligroso del mundo.

Más en Somalia: El lugar más peligroso del mundo

(abril-mayo 2009), FP

La pobreza es la que genera piratas en Somalia

En un mundo en crisis ser pirata en Somalia es un negocio rentable, el único que funciona en un país destruido por las guerras: 75 millones de euros de beneficio en 2008 con 40 barcos secuestrados. Este año, con una flota de destructores, fragatas y patrulleras de Estados Unidos, Rusia, India y la UE -España ha asumido el mando de la fuerza aeronaval europea- desplegada en las aguas del océano Índico bajo mandato del Consejo de Seguridad, el número de incidentes se ha multiplicado: en tres meses y medio se han producido 60 ataques.

Los piratas mantienen secuestradas a 260 personas y retenidos 16 barcos, de los que seis fueron capturados en la última semana (uno liberado el viernes por comandos franceses). Se calcula que el beneficio en rescates es de 38 millones de euros en 2009.

“Es una tragedia que las cosas hayan llegado a este punto”, asegura a la agencia Reuters Mohamed Abdullahi Omaar, ministro de Exteriores del nuevo Gobierno provisional de Somalia formado por islamistas moderados. “También demuestra de forma categórica que el asunto de la piratería debe ser tratado y resuelto en tierra. Nuestra prioridad es restablecer el Estado de derecho”.

Omaar pertenece al decimoquinto intento por formar algún tipo de Administración que ponga fin al caos que reina desde 1991, año en el que se esfumó el Estado con el derrocamiento de Siad Barre y fue reemplazado por bandas de criminales, a menudo, drogadas con khat, y divididas en un laberinto creciente de clanes, subclanes y sub-sub-clanes imposible de seguir y comprender.

El nuevo presidente provisional, elegido en febrero por un Parlamento no menos provisional y con apoyo esta vez de EE UU, Sheikh Sharif Ahmed, es la gran esperanza para evitar que el país caiga en manos de la milicia Al Shabab (Juventud), brazo armado del sector radical de la antigua Unión de Cortes Islámicas, ligado a Al Qaeda y que controla el sur y la mitad de Mogadiscio.

Sheikh Sharif Ahmed es el líder del sector moderado de aquellas Cortes depuestas en diciembre de 2006 por Etiopía y EE UU, que entonces no supieron explorar las diferencias internas y expulsaron a todos, moderados y radicales, del poder en Mogadiscio. Eran tiempos de George W. Bush, poco propicio a los grises. El problema de Sharif Ahmed es que apenas controla el norte de la capital y el centro de Somalia.

Los piratas no son el problema, son la consecuencia del caos y la pobreza, denuncia Médicos Sin Fronteras, que mantiene equipos locales en el país. El 25% de los somalíes depende de una ayuda humanitaria cada vez más peligrosa de distribuir. Tres de sus ocho millones de habitantes (no hay censo) están desplazados. Escasea el agua potable, la luz eléctrica procede de generadores con gasoil, apenas hay maestros y no funciona un sistema de salud que carece de todo. En Somalia sólo funcionan las armas, los teléfonos móviles y satélites y los navegadores GPS, las herramientas indispensables para la piratería.

Más en La única industria que funciona

« Newer Posts - Older Posts »