Un gol en el descuento vale un orgasmo colectivo y la final de la Liga de Campeones. Un golpeo difícil de un jugador maravilloso que entra en la portería contraria y cambia el discurso de los que se preparaban para pontificar sobre las limitaciones del juego bonito. Ahora, gracias a ese gol histórico, el juego bonito que no existió en ninguno de los dos partidos de esta semifinal es el Totem que explica todas las victorias (y empates). Nadie habla en España de los penales (como se dice tan bien en Latinoamérica); ése es un discurso que se deja para los de allá, para los ingleses.
Un gol que cambia discursos: los que se disponían a denunciar la expulsión y las patadas recibidas, ahora callan y se pavonean; los que castigaron los mejores tobillos del rival durante 180 minutos, se desgañitan y denuncian conspiraciones. Mal asunto: es la reacción de los perdedores, no importa en qué juego o guerra. Hablar de lo que te quitaron, de las elecciones que cambiaron de rumbo -por una mentira y no por las bombas-, calma los ánimos y disimula la debilidad, pero no te hace fuerte. De la incapacidad de entender nacen las nuevas derrotas.
Una parte hermosa de este juego tribal que consiste en correr (bastante) detrás de una pelota son los quiebros de la fortuna, la facilidad con que la suerte enciende una ciudad muerta que estalla desde los balcones y ventanas y apaga otra que se sentía victoriosa, sumergiéndola en un duelo de días o semanas.
Yo, con mi equipo aún dolorido por un vapuleo (también llamado chorreo) reciente, siento una envidia insana y me doy cuenta de la enorme distancia que nos separa y de lo poco que me fío de los salvadores, sean de la patria o de los clubes, y de los palabreros. Al menos estará Zinedine Zidane de consejero. Un tipo genial y respetado. Y con un gran cabeza. Si no, pregúntenle a Materazzi.
El pasado enero, cuando Barack Obama celebró su toma de posesión en Washington, sobre las escaleras del Lincoln Memorial apareció un personaje de barba blanca, sonrisa amplia y aspecto poco glamouroso que no se correspondía con la media de celebridades pulcrísimas, tipo Bono o Beyoncé, que acababan de cantar en honor del presidente. Aquel hombre era Pete Seeger, de 89 años.
Para quienes conocen mínimamente la historia de la música estadounidense de las últimas décadas, su presencia sobre aquel escenario fue quizás el mayor motivo para aplaudir en aquel concierto. Colocar en aquella situación a este cantante folk, activista y pacifista, perseguido en los cincuenta por la caza de brujas de McCarthy, censurado durante años por comunista y, sin embargo, admirado por diversas generaciones de músicos por el valor de sus letras y sus acciones, era un atrevimiento. Escucharle cantar el clásico This land is your land (himno reivindicativo de la izquierda de Estados Unidos) de su legendario amigo Woody Guthrie en honor a Obama podía interpretarse como toda una declaración de intenciones obamianas.
Este post no es para divagar sobre los efectos perniciosos de la uniformidad, del célebre “quien se mueve no sale en la foto” de Alfonso Guerra en 1992, tan de moda ahora en estos tiempos de crisis, sino para narrar una anécdota que me contó Enrique Serbeto, gran tipo y amigo. En sus años de corresponsal de ABC en Moscú le tocó vivir la perestroika y glasnost, sustantivos que simbolizaron el proceso de apertura impulsado por Mijail Gorbachov antes de que terminara en golpe de Estado y hundimiento. En aquellos años de esperanza, un profesor de Historia, supongo que de universidad, pidió a sus alumnos que expresaran sus propias ideas en el examen, que no tuvieran miedo a salirse de la doctrina oficial del PCUS. Todos hicieron un esfuerzo de originalidad con mayor o menor fortuna; todos, menos uno, que repitió como un papagayo la versión oficial. El profesor, tal vez molesto, le espetó examen en mano delante de los compañeros: “¿Es que no tiene usted ideas propias?”. El alumno, a quien imagino firme, las manos vueltas sobre los muslos y el mentón alzado, respondió: “Sí, señor profesor, tengo ideas propias pero no estoy de acuerdo con ellas”.