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Esta es el primer capítulo (son 12) de un excelente reportaje televisivo de Frontline (PBS) sobre el genocidio ruandés. Tiene cinco años porque hace cinco se cumplieron diez de una de las páginas más ignominiosas de la política internacional: la matanza de 800.000 personas. El periodismo de excelencia, lejos del de usar y tirar, envejece despacio, por eso este reportanje mantiene su vigencia. Los muy impacientes pueden buscar los restantes en YouTube. Los pacientes, que espero sean muchos, deben esperar a mañana para la segunda entrega,

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Armarios, escuelas y dioses

La marcha del orgullo de Madrid tenía un lema Por una escuela sin armarios. Pienso en mis colegios, el Chamberí de los Maristas y El Prado del Opus Dei y me sale del alma otro lema mejor que engloba al primero: Por una escuela sin dioses.

Recuerdo el colegio Chamberí y a un hermano marista llamado Alejandro que en 1º de primaria cerraba las contraventanas de la clase para crear un ambiente adecuado para la representación. Después se subía al escenario donde estaba la pizarra y su mesa y embutido en su habito negro nos hablaba en medio de la oscuridad de Belcebú, nombre que asusta bastante más que los blandengues diablo y demonio. El tal Belcebú, según el entusiasta relato del hermano, vigilaba nuestros movimientos día y noche, sobre todo de noche. “Si alguna vez escucháis golpes en vuestra habitación es que estáis en pecado y Belcebú os ronda para arrastraros al infierno”. Debía tener yo seis o siete años y pasé unas cuantas noches asustado por los ruidos de los vecinos. Mi problema era obvio: ¿cómo denunciar ante mis padres la presencia del maligno? Su pregunta sería: ¿cuál es tu pecado? Trataba de recordar mis malas acciones del día y no sabía elegir cuál de aquellas minucias ellas era la razón de mi problema.

Un año después, en segundo de primaria, un maestro laico me escogió por mi buena letra para que le ayudara con los diplomas. Él los escribía con esmero y yo los depositaba en los pupitres vacíos para que se secara la tinta. Mi buena letra servía para el transporte de aquellas pequeñas obras de arte. Un día, escuchamos al hermano Alejandro repetir sus monsergas sobre Belcebú a una nueva clase en el aula contigua. El maestro de los diplomas escuchó en silencio y al cabo de un tiempo dijo: “Que obsesión han cogido estos curas con el infierno”. Fue como un abracadabra que espantó el miedo. Hasta ahora.

PD Esta noche he regresado a casa tarde después de trabajar. No había tribus urbanas en las calles, solo una ciudad atascada a las tres de la mañana: travestis, heteros, osos, homos, lesbianas, dubitativos, dudosos y hasta un tipo en pelotas. Hoy me he sentido orgulloso de mi ciudad.

El olor de la felicidad

Trato de llegar a casa después de trabajar de noche con muertos ajenos en Afganistán. Piso por una ciudad sucia que huele a orina, está llena de papeles y basura destripada. Me cruzo con gentes embravuconadas por el alcohol o el peta que se mueven en grupo y cuyo cometido aparente es gritar, cantar (mal) y molestar. Los llaman tribus urbanas, pero mas parecen una estampida. Éstas que campan por el centro de Madrid no se diferencian tanto de las tribus mañaneras que copan la City y su imitaciones locales. Todos siempre con su disfraz, unos con la corbata, otros, con el piercing.

No quiero parecer conservador, ni viejo, ni estúpido y por eso sonrío a los hunos de Atila. No es mi forma de aceptar a los demás, se trata sólo de una máscara para sobrevivir en medio de la estupidez, incluida la mía. Vivo en un mundo de personas que se ocultan detrás de corazas por miedo a mostrarse, a ser el real. Me gusta más el otro mundo, el de la gente que no tiene tiempo ni energía para el disimulo, pero que desconocen lo esencial, que aquí no está el paraíso con el que algunos sueñan porque el paraíso, aunque lo vendan caro o barato, no existe. Es un timo del que nadie regresa para denunciarlo.

Me gusta este dibujo, genial como todos de El Roto. Sabe a días de playa.

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Marines

Ahora que están de actualidad por la ofensiva de Helmand, una frase de los marines:

“Nunca sopla el viento a favor de los que no saben adónde van”

Consejos sabios

“No se desea nada de verdad que se desee con la razón”.

(François de La Rochefoucauld)

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