En Afganistán los dos bandos tienden a utilizar la información en su provecho; ya se sabe, la primera víctima de la guerra es la verdad. Es algo que los periodistas occidentales olvidamos con frecuencia: la OTAN está en guerra y también puede mentir como tan bien y tanto mintió su portavoz Jamie Shea durante los bombardeos a Serbia en 1999. La mejor forma de escapar a las propagandas es acudir a la fuente de la noticia, pisar la calle, aunque hay zonas en las que poner el pie en ellas resulta un riesgo excesivo. Existen más normas y fórmulas: recoger los dos puntos de vista y escribir de la gente, de la cotidianedad, de las víctimas de todos los bandos.
El gran cambio desde la guerra de Irak es que la parte débil ya no necesita a los periodistas occidentales para colocar su mensaje en la rueda informativa global, disponen de medios suficientes para colgar sus mensajes y vídeos en Internet. Si los malos prefieren grabárselo ellos mismos y los buenos ponen tantas dificultades al final resultará más cómodo emitir lo que se han grabado ellos mismos. Si eso sucediera estaríamos en un mundo sin información contrastada, sujeto a las propagandas, y la derrota absoluta y de será de todos, de los militares y los civiles.
Israel vive rodeada de enemigos. Es cierto que no ha hecho mucho por mejorar las relaciones con países como Siria al que le ocupa los Altos del Golán, claves en el control del agua, y con el que ha mantenido al menos tres guerras. Firmó la paz con Egipto y Jordania, pero no ha conquistado el corazón de sus pueblos y es posible que tampoco el de sus dirigentes. En el caso de Egipto, una bomba demográfica que podría explotar como islamista en el futuro, resulta preocupante. Desde 1979, Israel tiene un enemigo adicional que, según han pasado los años y mejorado su tecnología, se ha convertido en un quebradero de cabeza: Irán. Al norte está Líbano, con el que ha guerreado en numerosas ocasiones, no tanto contra su Ejército, que es irrelevante, sino contra poderosas guerrillas: primero, la OLP palestina; después, Hezbolá.
Israel tiene además una guerra permanente en casa con la llamada eufemísticamente cuestión palestina: dos pueblos, una tierra; un ocupante, un ocupado. La solución de dos Estados -que está sobre la mesa desde 1948, y que los palestinos y los países árabes que los han manipulado y utilizado para sus intereses han tardado décadas en aceptar e Israel nunca ha aceptado del todo, y menos ahora- es la única solución.
Mientras que llega una paz que en el fondo casi nadie busca (sólo un puñado de ONG israelíes y palestinas, algunas de ellas se han reunido en Sevilla y formado La coalición de Madrid), el Estado de Israel mantiene un formidable Ejército para disuadir tentaciones de unos o de todos a la vez (ya los derroto en seis días en 1967) y un no menos formidable servicio de propaganda, o de información si se prefiere, algo de lo que los palestinos carecen, y así les va.
El IDF (Israelí Defense Forces) ha entrado en las nuevas tecnologías en Internet y ya tiene una dirección en Twitter para informar mejor a los periodistas y un canal en You Tube en el que colocan vídeos sobre el armamento de Hezbolá. Lo que no cuenta el Ejército, que es bastante, lo cuentan las ONG como Gus Shalom y Breaking the silence, entre otras. Es lo bueno de la democracia: no todo se puede militarizar.
David Rohde es un gran tipo y un gran periodista que ha tenido la suerte de salir vivo de un secuestro de siete meses y diez días en manos de los talibanes. Se merece (y nos merecemos) el libro que ha escrito. Su periódico, The New York Times, ha publicado una serie en la que Rohde narra su secuestro. El diario presenta el relato del periodista en su página web. El vídeo utilizando en la narración y los mapas son excelentes, así como los textos de Rohde, un premio Pulitzer a quien conocí en Sarajevo. Acabada la guerra, David aportó las primeras pruebas de la existencia de fosas comunes en Srebrenica.
Quizá uno de los momentos más reveladores del relato del secuestro, en el que a pesar de ser el protagonista no deseado rehúye de todo yoismo, tan en boga en estos tiempos, es cuando cuenta que sus captores le pedían canciones occidentales, como She Loves You de los Beatles. Mientras Rohde entonaba los talibán hacían los coros. Imaginarse a esos barbudos con turbante en plena velada musical tiene su punto. Por si hubiera algún talibán enganchado a este blog, que todo es posible en la globalización, una deferencia para él:
Después de todo, puede ser cierto que el radicalismo es el traje de la pobreza y la manipulación. En vez de torturar a los presos de Guantánamo con Britney Spears, lo que es intolerable, hubiera sido más eficaz mandar la colección completa de John Lennon y compañía a las montañas de Waziristán.
Un libro: Acabo de terminar Caín, de José Saramago (Alfaguara). “La historia de los hombres es la historia de sus desencuentros con dios, ni él nos entiende a nosotros ni nosotros le entendemos a él”. Se trata de un texto repleto de humor e ironía en el que se visualiza la extremada crueldad de dios, desde los tiempos de Adán y Eva (“¿quién eres”, le pregunta dios; “Soy adán, tu primogénito, señor”, responde él. Después, dios se dirige a Eva y le formula la misma pregunta, un tanto estúpida viniendo de un dios que todo lo sabe, y ella responde: “soy eva, señor, la primera dama”. Un libro delicioso que además de inventarse los movimientos terrenales de Adán no se inventa nada de las múltiples matanzas, exterminios y genocidios recogidos en la Biblia.
Una película: Me la habían recomendado varios amigos. El secreto de sus ojos es una película maravillosa, redonda, precisa a la que nada le falta y nada le sobre y con grandes interpretaciones. Es un rompecabezas de piezas secundarias que todas juntas forman la película. Las posibilidades de que al director se le fuera la mano en cualquiera de ellas es evidente, como el transfondo político de la dictadura, magistralmente resuelto en una mirada y una frase: “Ella está protegida, tú no, puedes volver solo cuando quieras”, pero Campanella logra un equilibrio perfecto. Si tuviera que decidir, diría que es una película sobre la vida y la pasión y todas esas cosas que la decoran, que marcan la diferencia entre la Nada y sentirse más o menos pleno. Esencial. Se deja ver más de una vez.
Una canción: Dispatch es un gran grupo folk estadounidense Me gusta su música y más su actitud comprometida a través The Elias Fund con el que ayuda a escolarizar a niños y niñas de Zimbabue. Esta canción es para ellos y lleva como título el país que Robert Mugabe lleva años empeñado en destruir. Este concierto fue en el Madison Square Garden de NY. No sientas vergüenza, baila en tu casa, que nadie te ve:
Una sonrisa: no quiero despegarme aún de los Monty Phyton. Por petición de sprungli: The Dirty Hungarian Phrasebook, un gran sketch sobre la Inglaterra de los años setenta, incapaz de entender el inglés de los extranjeros. Un verano que estaba en casa de mis abuelos en el sur de Sussex, mi madre me envió a comprar vinagre al ultramarinos del pueblo mientras ella estaba en la carnicería. Dije: “May I have a bottle of biniga”. (pronunciado así) y la mujer respondió: “I beg your pardon”. Por mucho que repetí la palabra con todo tipo de entonaciones y cantos no logramos entendernos. Cuando llegó mi madre y dijo vinega, con uve, la tendera exclamó: “¡Ah! ¡Vi-ni-ga!”, como si se sintiera aliviada al encontrar a alguien decente que hablara correctamente su idioma. Años después, otra inglesa cortada por un patrón similar, me explicó a bordo del avión en el que volábamos hacia España que iba de vacaciones a Funjirulo y este zopenco idiomático supo a la primera que me hablaba de Fuengirola, provincia de Málaga:
Una frase: “Que nadie se envanezca porque le hayan confiado una misión delicada, lo más seguro es que después del trabajo te digan, Tú, vete, ya no eres necesario” (De Caín. José Saramago).
Una meditacion: Sobre la evidente superioridad de las mujeres sobre los hombres, siempre intuida, incluso en los tiempos más duros, los de la clandestinidad afectiva e inteletual, y ahora indiscutible, afortunadamente. La meditación es, ¿por qué las mujeres que alcanzan puestos de decisión se empeñan en repetir los mismos errores del hombre? El machismo está más en los códigos de poder que en el macho.