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Este dentista no viajará a Japón

Después de una Semana Santa de poca pasión y demasiado dolor conseguí ir al dentista. Al abrir la boca y señalar la muela causante de todos los males recientes, el hombre, a quien llamaremos E., sonrió sin disimulo. Yo, tieso como la mojama y las manos agarfiadas por encima de la cosa, pensé: este tipo acaba de ver el viaje a Japón con el que siempre soñó: cuatro agujeros dejados por otras tantas muelas se mostraron no como ausencias sino como candidatos perfectos a albergar implantes de a dos mil pelotis la pieza. Me habló de lo bueno que sería para las muelas próximas tener compañía ya que evitaría desplazamientos no deseados. Me explicó el funcionamiento de los molares con el entusiasmo de quien ya se ve de paseo por las calles de Kioto.

Después, con la víctima, es decir yo, inerme y asustada, exclamó: “Bueno, vamos a ver qué tienes aquí”. Tras unos segundos que parecieron años me informó de que la muela enferma era salvable con una endodoncia (no da para ir a Japón, lo sé, pero sí para abonar los taxis del aeropuerto, los de aquí y los de allá, a la ida y a la vuelta me temo). Me puso dos chutes de anestesia que me durmieron muelas, dientes y encías de la parte derecha de la cara y la mitad de los labios. Agrandó con el torno el agujero y empezó a meter limas. Le dije que me dolía un poco, pero que podía resistir. Con la tercera lima no dije nada, sólo grité y vi a Dios en encerrado entre los fluorescentes del techo y alcancé a decir: Se llama Osram y no parece de fiar.

E. no se dejó llevar por mi fantasía y se concentró en la anestesia: “Es imposible que te siga doliendo”. Y yo con los ojos desorbitados como Marujita Díaz, le daba fe de que era más que posible. Su madre, una excelente dentista que pasa consulta en el mismo piso y que por exceso de clientela me desvió a su sucesor, vino a comprobar el acontecimiento. “No me extraña que te hayas asustado. Buena tienes liada. La infección afecta al ligamento”. ¿Asustado? ¿Quién está aquí asustado?, pregunté. Cuando uno acude a la consulta espera ser el único asustado y no es una buena señal que el dentista te acompañe en los temores.

Pasadas unas horas de esta experiencia poltergeist en la poltrona de E. y gracias a los antibióticos y analgésicos, el dolor de la muela comenzó a remitir en la noche de Pascua pero no tuve ganas de celebrarlo. Regresé el jueves para seguir con la endodoncia. E. me anestesió haciéndome extrañas preguntas sobre mi corazón que endurecieron aún más mis ya de por si tensísimas articulaciones. Esta vez no hubo dolor y llevado del entusiasmo E. metió todo tipo de limas de raspado. Ahora lo pago en mi paladar y en todo lo que hay alrededor.

Después de desinfectar introdujo en la muela un algodón con las armas químicas que nadie encontró a Sadam Husein y la cerró con un empaste provisional. “Si te palpitara la muela y te doliera me llamas, si estamos en hora de consulta vienes y si no ya te diré lo que debes hacer”. La información de que las muelas palpitan, algo nuevo para mí, era innecesaria. En ese instante comenzó a palpitarme toda la boca sin orden ni concierto y después los dedos de los pies por aquello del efecto mariposa. Por la tarde ya me dolía bastante pero me pareció que un tipo como yo debería parecer un poco más resistente y aguanté.

En la cena con unos amigos tenía la pinta que aparece en la foto. El dolor era insoportable y puse un SMS a E. “Me palpita todo y duele todo, ¿alternativas al suicidio?” Era medianoche. Me sugirió que uno de mis amigos me abriera el empaste provisional con un palillo. Carolina, que es colombiana de pura cepa, dijo: “Yo tengo sangre india y me atrevo a hacerlo”. Me pareció un argumento inapelable. En un bar donde paramos a copear nos metimos en el baño de señoras para que me abriera un agujero. A los dos nos pareció que la operación había sido un éxito y que los gases formados habían salido. Pero a la muela, no.

Pasé la noche tomando todos los analgésicos del mundo y bramando contra E. A las diez de la mañana de ayer llegue a la consulta con la cara desencajada y mucho dolor. Me atendió la madre. Fuera empaste, fuera algodón y otra vez el antibiótico que su hijo había suspendido. E. vino a saludarme. No sé si fue mi mirada asesina o mi apretón de manos pero de sus pensamientos se escapó esta frase: “Entiendo que el viaje a Japón ha sido cancelado”. En la misma frecuencia mental respondí: “Jamás debí de fiarme de un dentista que trabaja sentado; es la prueba de que otro paciente, como en el chiste, te cogió por los huevos y dijo: “Seguro que no nos vamos a hacer daño, ¿verdad, doctor?”.

Propuestas contra la molicie

Un libro: Lo acabo de comprar y empezar a leer. El profesor Lucien Jerphagnon se ha tomado la molestia de reunir las mejores citas pesimistas de nuestra cultura. Creo es un buen manual para sobrevivir a esta lenta salida de la crisis. Al otro lado del túnel lo que único que nos espera es la misma estupidez que dejamos en la entrada. Me gusta esta de John Le Carré en El espejo de los espías: “…la mentira es para [ellos] una segunda naturaleza. La mitad… no saben siquiera cuándo dicen la verdad”. O esta de François Mauriac en Le Feu sur la terre; “Cuantas menos ideas se tienen, más alto se habla”. El libro se llama Elogio del pesimismo. Editorial Barril Barral.

Un link: Interesante análisis de la prensa española: calidad, innovación y crisis.

Una película: The Ghost writer, traducida en España por El escritor. Es de Roman Polanski y es muy buena aunque al final realiza un truco de magia junto a una fotocopiadora que rompe un poco el equilibro y la honestidad con la que mueve la trama. No voy a decir más. Es de las imprescindibles de la cartelera. Buenas actuaciones de Pierce Brosnan y de la muy atractiva Olivia Williams. Como In the Loop, que me cansó de tanta genialidad de guión, muestra una trastienda poco edificante de la política en un sistema democrático. Por los resultados, no sólo Irak, sino en la lucha contra la pobreza y el cambio climático, no exageran. No sé por qué no me quito a Tony Blair de la cabeza.

Una canción: Esta maravillosa versión de Aleluya cantada por Jeff Buckley que llegó a través de Beatriz Orellana. Buckley murió joven como mueren los héroes y los mitos, pero dejó grabaciones inolvidables como las que se reúnen en su álbum Grace. Gran voz llena de matices y registros (cantaba en cuatro octavas). Murió en el río Wolf en Memphis a los 30 años. Aún se discute si fue un suicidio.

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Denunciar sirve, al menos en una democracia

Los periodistas tendemos a olvidar que nuestro trabajo es revelar algo que alguien desea ocultar y no repetir cualquier cosa que alguien dice para no decir nada. El buen periodismo basado en buenas fuentes, investigación y unos jefes exigentes cuesta dinero. Los viejos nos aferramos al papel como si fuera una reliquia, y espero que tarde mucho en serlo, cuando lo esencial no es el soporte sino hacer bien nuestro trabajo. Esta vez la lección de lo que deberíamos hacer nos llega de la web Wikileaks que ha conseguido la prueba que el Ejército de EEUU trataba de ocultar: el vídeo que muestra cómo dos helicópteros Apache matan a 12 personas en Bagdad en julio de 2007 sin que medie agresión o amenaza.

Desde que se publicó he escuchado argumentos peregrinos, desde los que no dieron nada porque no lo consideran relevante, los que negaron la autenticidad de la cinta (ya confirmada por el Ejército) y los que empezaron a argumentar que este tipo de imágenes dañan a Occidente en el mundo árabe. Es algo que deberían pensar los pilotos antes de disparar. También los dirigentes que les envían a guerras absurdas e ilegales como la de Irak.

The New York Times no abandona la historia porque sabe qué es una historia. Tampoco Fox News, un canal muy conservador. En este vídeo publicado ayer en The Lede habla el cofundador de Wikileak, Julian Assange, quien vuelve a dar una lección práctica de cuál es nuestro trabajo. El Pentágono ha informado a Reuters que reabrirá la investigación que lleva pidiendo la agencia desde junio de 2007. Dos de los muertos trabajaban para ella.

La guerra como si fuera un videojuego

Las imágenes son brutales: muestran el ametrallamiento desde el aire sin que medie provocación de una docena de personas en el barrio Nuevo Bagdad. Entre los muertos están el fotógrafo de Reuters Namir Noor-Eldee y su chófer Saeed Chmagh. Dos niños resultaron heridos. La versión oficial ofrecida en su momento fue la habitual: los pilotos de los helicópteros respondieron a un ataque terrorista. Era el 12 de julio de 2007 y el Ejército de EEUU se hallaba en medio de una ofensiva dirigida por el general David Petraeus contra la insurgencia en la capital iraquí. No hubo investigación de lo ocurrido pese las protestas de la agencia Reuters. Los vídeos fueron declarados secretos. Sin pruebas no hay caso.

Una de las consecuencias de la gran revolución tecnológica que vivimos es la multiplicación de investigadores y de fuentes. La web Wikileaks obtuvo el vídeo y tras comprobar su autenticidad, lo publicó. Ahora con Internet es más difícil la impunidad, al menos la moral, que la judicial es otra cosa. Se trata de un gran avance. Varias organizaciones periodísticas internacionales y la familia de Namir denunciaron ayer el ocultamiento de pruebas y la actuación del Ejército de Estados Unidos. En este análisis, publicado en la web de El País, destaco los cambios que se han producido en las coberturas de los conflictos y cómo los periodistas –José Couso y Taras Protsyuk, de cuyas muertes se cumplen mañana siete años, entre ellos- nos hemos convertidos en objetivos.

En esta versión editada de la cadena MSNBC es muy interesante, sobre todo la intervención de Julian Assange, cofundador de Wikileaks. Destacaría también la del teniente coronel Anthony Shaffer, que explica las normas de su Ejército para entrar en combate.

Y la continuación:

En el vídeo completo divulgado por Wikileaks se ve al principio a un hombre con un AK-47 en la mano. En otro momento, los pilotos de uno de los dos Apaches creen ver asomado en una esquina un RPG, que es un lanzagranadas anticarro capaz de derribar un helicóptero. Pero cuando uno de los aparatos da la vuelta a la manzana, el grupo aparece hablando amigablemente. No se ven armas. Nadie amenaza a los soldados. Pese a ello disparan con un ametralladora de 30 milímetros. La intención es matar a todos. Después apuntan a un herido, que es el chófer de Reuters. Apenas se puede mover. Tampoco hay armas. Tres personas acuden en su ayuda, una de ellas al volante de una furgoneta. El artillero dispara también contra ellos. Incluso si fuera un insurgente, la acción es un crimen, como señala Julian Assange.

La parte más dura son los diálogos de los militares de los dos Apaches. Los pilotos parecen vivir la situación como si estuvieran delante de una consola jugando a la guerra. La diferencia aquí es que los muertos dejan viudas y huérfanos, y más odio del que se nutre la verdadera insurgencia, sea en Irak, Afganistán o el norte de Pakistán. Cuando preguntamos por qué se pierden las guerras cuando se cuenta con el mejor material, este vídeo sería una excelente respuesta.

PD: Olga Rodríguez me corrige en un detalle importante: en el análsis escribí que Tarak Ayub, periodista de Al Yasira, murió el 7 de abril, el día anterior a Couso, cuando fue la misma mañana del 8. Gracias.

Los fariseos y el pobre de Tiger

El bueno de Tiger Woods, que ahora tiene menos anuncios que un blog, se pasa el día pidiendo perdón por cuatro polvos -o veinte, no vamos a discutir por unos números- echados fuera de casa con mujeres mayores de edad y otros siguen escondiendo el ala bajo la sotana y diciendo que son “habladurías fútiles” las noticias y las pruebas judiciales de los abusos sistemáticos de menores en Estados Unidos, Irlanda, Alemania y lo que salga. Lo peor no es ya el abuso, muy grave y delictivo, sino la conspiración de gente de fe que se presenta investida de autoridad moral para ocultarlo. Además de la justicia nos queda el consuelo del infierno (si existiera).

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