Un mapa de la situación de los aeropuertos: los que están abiertos (amarillo) y los que están cerrados. En este otro mapa se recoge el avance de la nube.
Más allá de las revoluciones tecnológicas, los avances científicos y una cierta soberbia en el progreso y en el todo vale para ganar dinero no podemos olvidar que la Naturaleza tiene, afortunadamente, la última palabra.
El volcán Eyjafjallajokull, Eyjafjalla o como se llame, tiene varada a gran parte de la flota aérea de Europa. Toda esa humareda procede de Islandia, la isla de las mujeres y las borracheras, que el escritor Julio Verne escogió como escenario para su Viaje al centro de la tierra. Cerca de 17.000 vuelos cancelados ayer que se suman a los 17.000 del viernes. Un buen lío. Peor que una huelga salvaje de los controladores franceses.
La columna de humo, gases, minerales y cenizas -que ya no es tal, sino un ejército compacto y creciente que avanza imparable a la conquista de nuevos territorios celestiales- va cerrando aeropuertosen el norte y centro de Europea, y pronto en el sur también. Se trata del mayor caos en el transporte aéreo de la historia, mucho más grave que el creado por los atentados del 11-S. Ahora no dependemos de nuestros avances, sólo del capricho del viento.
Además de las incomodidades para muchos pasajeros hay quienes que, además, sufren en el bolsillo, sobre todo empresas que deben aplazar reuniones decisivas u otras que dependen de la eficacia de los aviones, como las de mensajería. Las que más padecen son las compañías aéreas (148 millones de euros por día), cuyas acciones han bajando en los últimos días. No es falta de confianza de los inversores, sino simple oportunidad de negocio para los especuladores. Donde unos pierden dinero, otros ganan a espuertas: hoteles con los precios del George V sin importar las estrellas ni la calidad y casas de alquiler de coches que piden 3.000 y 4.000 euros por un viaje Madrid-Bruselas. Esto es capitalismo: el negocio está en la desgracia de los demás.
Este vídeo de Richard Attenborourgh sobre los volcanes de Islandiaes una joya. Conviene prepararse porque volcán Katla, también islandés, está a punto de despertar. Lleva sólo dos años desperezándose.
Eyjafjallajokull o Eyjafjalla ha afectado a la reunión del Ecofin de la UE, que se celebra en Madrid. “No importa si falta la mitad de los ministros, se reunirá la otra mitad para que nadie se dé cuenta de que da igual que se reúnan o no, que la crisis económica sigue su curso independiente de lo digan los que dicen dirigirla”, comentó el viernes un veterano y sabio periodista que había llegado sin problemas al aeropuerto de Madrid. Otra periodista no menos sabia pero más joven añadió ayer: “Para lo que han decidido da igual que falten cuatro o todos”.
Cada vez son más las informaciones que se repiten en todo su aburrimiento. La UE es en esto única: se pueden repetir titulares sobre sus supuestas noticias sin que nadie se dé cuenta de que son antiguas. De hecho, en El País nos ha pasado dos veces. Parece el día de la marmota informativa continua. Pasa cada vez más con Obama y Berlusconi. Sus países han desaparecido de la agenda informativa. Ya no hay personas ni historias de gentes, sólo líderes que repiten como un loro la misma canción.
Sin aviones, sin móviles y ordenadores, inventos todos muy recientes en la historia de la Humanidad, nos sentimos en la Edad de la piedra. Quizá sería una gran idea reunir el G20, el ampliado para que quepan muchos, y encerrarlos en una aldea africana durante un par de meses. Es una idea de la que ya he escrito en este blog y que me vuelve a la cabeza con las informaciones que escucho estos días. Sólo en esa aldea, bajo las condiciones reales en las que vive gran parte del planeta, los dirigentes serían capaces de encontrar buenas soluciones.
Me encanta esta versión musical de Rick Wakeman. No es Julio Verne ni siquiera el volcán Eyjafjallajokull o como diablos se llame, pero tiene fuerza.
Vengo de escuchar un magno concierto de Fabio Biondi y su orquesta Europa Galante (instrumentos del barroco) en el Auditorio Nacional de Madrid. No sé mucho de música. La mala educación y una creciente sordera en el oído izquierdo son mis excusas. Apenas me doy cuenta de cuándo cambiamos de una estación a otra en la obra de Antonio Vivaldi. Primavera, verano, otoño e invierno. Pero percibo cuándo algo me entra por la piel, me posee, zarandea y emociona, y sé que esta es música celestial escrita e interpretada para resucitar a los muertos y complacer a los vivos, notas sublimes que rompen esa barrera, a menudo mental, que separa el mundo de los que aún están del que siguen en él de otra forma, en nuestros pensamientos, amores y memorias.
Me maravilla que 14 personas puedan sacar esos sonidos sobre un escenario y proyectarlos individualizados, para que cada uno de los espectadores sienta que tocan sólo para él. Me conmociona el talento. Me gusta sentirme minúsculo sin necesidad de pisar una catedral o de temer a un dios. La vida es eso, una sucesión de momentos sublimes que uno recuerda siempre. Los mas ricos se miden por esos instantes, no en riqueza mundana. Éste, el del concierto de ayer, será uno de los míos.
Decía Biondi en una comida entre amigos, previa al concierto, que el intérprete de música clásica percibe la temperatura del público y establece conexiones con él. “A veces estás triste y tocas mejor que nunca. Siempre hay un mínimo de calidad, pero a menudo se producen momentos mágicos en los que te sientes muy bien”. No es rock que lanza violencia desde el escenario y recoge violencia en una retroalimentación extraordinaria. Es mas sutil y discreto. Pese a la seriedad aparente y la compostura con la que algunos acuden a los conciertos de música clásica, creyendo en esa pose está la sabiduría, hay emociones que se escapan: una mano que se mueve, un pie que danza, unos ojos que se humedecen.
Ayer Europa Galante interpretó Las cuatro estaciones, cuya lectura original ha marcado una tendencia. Esto es sólo un aperitivo.
Un libro:Aforismos de Zürau de Franz Kafka (Sexto piso). Se trata de un libro pequeño lleno de joyas grandes. “Dos tareas para iniciar la vida: limitar tu círculo cada vez más y comprobar una y otra vez si no te has escondido en algún lugar fuera de tu círculo”. Lo compré hace tiempo -y lo releo ahora- en mi librería de cabecera: Méndez, en la calle Mayor. Es un placer entrar en un lugar donde lo importante no es vender libros sino hablar de ellos (y de fútbol).
Un link: Come Selma We Have to Run, sobre la revuelta en el campo nazi de extermino de Sobibor en 1943. A través de Maysun y Yumo Goto.
Una película: Reapareció en televisión, creo que el domingo: Los puentes de Madison de Clint Eastwood con la grandiosa Meryl Streep. Me gustó la primera vez que la vi en 1995 y la segunda, unos años después. Me perdí ahora la oportunidad de una tercera. La escena final de Streep llorando en la cocina por su renuncia en la que es capaz de pasar en la misma secuencia (¿se dice así?) de la pena sincera a la alegría fingida por el regreso del marido merece toda la película. Javier Bardem afirma que es de lo mejor que ha visto en interpretación. Es la historia de un amor secreto escondido en una caja de recuerdos. Además de fotos y recortes de periódicos está también la vida que pudo ser y no fue. No hay amores imposibles, sólo cobardías, momentos o personas no adecuadas. El amor completo no existe. A veces se compone de muchos amores, pasados y presentes o simultáneos.
Una canción: Mica (Misha) Paris canta como los ángeles (ingleses). Soul, Blues, Godspel… ¡Talento! Este Summertime me llega a través de Alejandra Herren, periodista argentina que musiquea para salvarse de los idiotas.
Una sonrisa: Son muchos los críticos de Apple. Quizá tengan razón o sea una moda. Un compañero trajo esta semana al periódico un iPad recién aterrizado de EEUU. Todo el mundo se acercó a tocar (y a adorar) el producto. Es hermoso, agradable de tacto, se navega bien y las fotos tienen mucha resolución. Lo llaman Cachoitouch. Ya veremos si sirve para algo. Una de las ventajas de los productos Apple es que son muy intuitivos. Este vídeo que envía Rodrigo lo demuestra.
Una frase: “El tonto que tiene buena memoria está lleno de pensamientos y de datos, pero es incapaz de sacar conclusiones” (Vauvenargues, Réflexions et maximes)
Un inclasificable: Todo Enric es inclasificable, por eso me (nos) gusta tanto. Para todos los que le echábamos de menos:
No me pagan por escribir estas líneas, y lo comprendo: es un trabajo tan fácil que sólo puede hacerse gratis.
El artilugio que llaman blog suele aspirar a difundir ideas y suscitar debates, lo que conlleva una evidente complejidad. Por fortuna, aquí deberíamos estar liberados de complicaciones. ¿Ideas? ¿Para qué? Todo el mundo tiene ya la suya sobre el conflicto entre israelíes y palestinos y, más en general, sobre la relación entre occidente y el mundo islámico. En cuanto al debate, tiende a convertirse en una combinación aleatoria e interminable de los términos “nazi” y “terrorista”. La moderación y el sentido común equivalen a traición y entreguismo. Al enemigo, ni agua.
Una reflexión: Un país que no es capaz de hablar tranquilamente de su pasado no está en el presente. ¿Por qué todo es arma arrojadiza? Las guerras civiles no se superan nunca, las causas siguen allí, latentes o dormidas, en espera de un nuevo despertar. Sucede en Bosnia-Herzegovina y en España. La única manera de superarlo es ser valientes, sentarse y hablar, de los errores de unos y de otros, de todos los crímenes sin ponerles una bandera.
Me cuenta un amigo que una amiga que acaba de regresar de Venezuela tras vivir allá varios años dijo: “Pensaba que aquello era un esperpento, pero no es nada comparado con lo que tenéis montado aquí”. Se refiere al asunto Garzón y algunos titulares publicados en la prensa conservadora. La Razón jugaba con la idea de la vuelta del frente popular y El Mundo de guerracivilismo.
El Poder Judicial, al que se presuponía más sensato y estudiado, se ha quejado de los apoyos públicos que recibe estos días Baltasar Garzón por parte de ciudadanos que en el uso de su libertad de expresión y asociación se reunen donde les da la gana para hablar de los que le apetece sin otro límite que el Código Penal. Lo considera una afrenta. ¡Qué tiempos en los que había grises para disolver concentraciones indeseables!
Lo más patético es ver como el Tribunal Supremo no se le ocurre mejor desatino postfranquista que citar a la prensa extranjeraa palacio (del Pardo, para los más jóvenes: donde residía Franco) para explicarles un caso que es muy difícil de explicar. Tal ha sido el revuelo y el carcajeo que los grandes jueces se han visto obligados a comprobar en Wikibobería que esto no es Kirguizistán y ahora tratan de arreglarlo llamando también a la prensa española.
Hablamos de cosas serias: de cientos de miles de muertos y de un país que prefirió una plácida transición, tal vez no había otro remedio, por renunciar a una parte de la verdad y dejar en sus puestos a miles de simpatizantes del dictador.
Espero que al amparo de la justicia universal, muchos ciudadanos españoles y latinoamericanos (¡ya empezaron en Argentina!) denuncien en los tribunales de sus países o de otros (¿Bélgica?) los crímenes franquistas y la desaparición continua de los que fueron fusilados y sus cuerpos escondidos en fosas comunes. Sería una venganza poética que fuera un juez chileno quien hiciera justicia en España. Baltasar Garzón sacó a Pinochet de los libros de historia y lo colocó donde debe estar, en los de la infamia. Ese tipo de iniciativas judiciales audaces -y por qué no reconocerlo, muy creativas- saltaron fronteras y muros y han ayudado a Argentina, Uruguay y Brasil, entre otros, a liberarse de la mordaza de las leyes de amnistía. Es cierto que la española no fue impuesta desde la dictadura, sino que se debió a un pacto democrático. En lugar de la ruptura se escogió la reforma.
No deseo que se juzgue a nadie por lo sucedido hace más de 70 años, en eso Garzón se extralimitó y fue parado por sus superiores. Sólo deseo que se desentierren a todos los muertos que sus familias quieran desenterrar y que se les devuelva el nombre para ellos, los suyos y todos podamos descansar en paz, en una verdadera paz no basada en el silencio de una parte.
Sería una ironía que el único condenado por los delitos del Franquismo sea al final el juez que los quiso investigar.