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El peligroso negocio del señor Brisby

Al señor Dominic Brisby, que preside Altadis (filial de Imperial Tobacco), lo que antes era Tabacalera, le parece que la futura ley antitabaco en España, aun en trámite parlamentario, es “la más radical del mundo” y anuncia su fracaso, además de un rosario de catástrofes en hoteles, bares y restaurantes.

Tal sea así y el célebre calendario de los Mayas, que termina en 2012 (quizá por falta de imaginación del autor), tenga razón. Pero el problema es que el señor Brisby no es de fiar, es parte interesada. Por eso no habla de muertos ni de enfermos de cáncer, gentes alquitranadas por el buen negocio de multinacionales como la suya, un negocio sin apenas límites legales hasta hace tres días en el que se han empleado productos adictivos no declarados para fijar la fidelidad de la clientela.

Yo he fumando todo desde los 11 años cuando con un par de amigos de colegio compraba Antillana. Antes de fumarnos un cigarrillo lamíamos el papel, que era muy dulce. Por allí nos pillaron. ¿Estaba previsto? Lo he dejado dos veces. Hace 20 años -aguanté cuatro- y hace cinco y allí sigo con unos kilos de más que les cuesta ser de menos y la sensación de haber salvado mi vida. Cruzaré los dedos porque el verdadero daño no aparece enseguida. Aun no sé si soy uno de los muertos vivientes del negocio del señor Brisby.

No entiendo por qué se publica una entrevista (y más cuando el entrevistador es de los mejores) a un tipo que no aporta demasiado a la sociedad, excepto contaminantes, y que es parte muy interesada en una batalla política y legal en la que se juega muchos millones. Brisby ejerce de lobby, es decir, una organización de presión dispuesta a vender la moto, a falsear la realidad, ocultar y mentir.

No he leído suficientes entrevistas a enfermos de cáncer de pulmón. Cada uno merece una. Debía ser obligatorio. Las prefiero a tener que escuchar por decreto a Montilla y cia.

Quiero una “ley radical” que impida fumar en lugares cerrados, sean bares, restaurantes o casas de putas. Quiero una ley que impida que se fume en la puerta de los hospitales, que obligue a un traslado de unos 10 metros a la derecha o la izquierda, para que los enfermos, sus familiares y amigos no tengan que cruzar una nube tóxica. ¿Ley radical? Lo radical sería meter en la cárcel al señor Brisby.

Suu Kyi Mandela

La ausencia del miedo puede ser un regalo, pero quizá el regalo más precioso sea el coraje adquirido a través de la persistencia, un coraje que procede de cultivar el hábito de impedir que el miedo dicte nuestras acciones, un coraje que puede ser descrito como gracia bajo la presión, una gracia que es renovada constantemente en el rostro de crueldad.

(7 de octubre de 1990) Aung San Suu Kyi

Escribí sobre ella y sobre la paciencia de Chema Caballero y Eduardo Bofill en Aguas Internacionales

En la cabeza es donde laten los sentimientos

Todo está en la cabeza, el gran computador. Las emociones, también. No sé quien habló del corazón y se señaló el pecho como quien señala América cuando quería decir las Indias. Debió ser un desorientado, peor que Colón; o un poeta al que todos tomaron por adivino. Mi corazón no siente, solo late, bombea, se acelera o frena dependiendo de mis pies y de mis miedos y no de las personas.

Mis órganos de sentir están en el estómago, donde viven las mariposas, y en el cerebro. Allí late un segundo corazón más potente y fiable fabricado de impulsos eléctricos y desparramado entre neuronas, venas y masas viscosas dándome luz a los ojos. Como no presumo de ministro de Exteriores y soy amigo de Arturo P. puedo permitirme licencias con las lágrimas. No he llegado a la edad de Fraga, aunque trato de alcanzarle ahora que se varó en los 150, pero cada vez me llegan más imágenes, recuerdos y voces que me zarandean y me conmocionan.

He descubierto que dejarse ir es una excelente terapia, que los frenos no están para las rectas. Cuando uno se mueve por la vida sin chaleco antisentimientos corre riesgos. Yo me lo quité a comienzos de año asomado al río Po en Turín mientras escuchaba las voces de Cesare Pavese y Primo Levi y otros grandes náufragos. Es jueves noche, Madrid, día de vísperas, de viaje y traqueteo. El movimiento es una invitación a la aventura, también al descarrilamiento.

El riesgo es hermoso, estimula, pero también aturde y narcotiza. Hay que saber dejar de drogarse con lo innecesario. Saber decir basta, estas son mis apuestas, mi vida. La cabeza que siente y piensa tiene el disco de dar vueltas cansado. Sentir y pensar. Es una cuestión de orden, como el tic-tac del reloj de cuco, solo hay que aprender cuándo debe salir el pájaro y dar la hora y cuándo la idea para dar la campanada.

Es un rato será viernes. Sigo con Neil Diamond en los pliegues de la memoria. Me gusta lo que dice: “Miedo de que todos se de cuenta de que detrás de la fachada eres como ellos y que solo por un accidente te tocó estar sobre el escenario”.  Buen fin de semana.

Las pequeñas memorias

Zezinho por Emilio Fornieles.

Mandarinas por naranjas

Hay unos tipos en el mercado del barrio que se quejan de que la gente ya no compra sus productos como antes. Dicen que es la crisis, la mala suerte y que los ciudadanos se han vuelto perezosos con tanto Internet. Hoy me atreví y les dije: “Quizá influya que venden mandarinas cada vez más pequeñas a precio de naranjas grandes. La gente se ha dado cuenta del cambio y se siente engañada”. Los vendedores un tanto enfadados respondieron que no tenía ni idea de técnicas de venta y que era una cuestión de tiempo que los compradores se habituaran a las mandarinas. Pero los compradores se están habituando a las manzanas, los melones y las sandías y dejando de consumir cítricos debido al abuso de los vendedores del mercado. A veces, cuando voy al quiosco a comprar periódicos y revistas oigo gritar desde dentro: a la rica mandarina. Hoy me llevado dos kilos y una colección de vídeos de tarzán sin los monos (al parecer los despedieron hace un par de semanas con la Ley Zapatero).

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