No me gustan estas fiestas. Hay algo en ellas, quizá la falsa alegría, la plaza Mayor, mi barrio invadido, que me repele. Pero debajo de ese repelús se mueve algún sentimiento infantil, quizá los regalos, las vacaciones, no sé, que corre en dirección contraria creándome confusión. Esta canción siempre me gustó, como muchas de las que existen para estas fiestas. Incluso películas como la tontorrona y emoctiva It’s a wonderfull lifede James Stewart.
Ya nos cayó el Gordo: vivir en este mundo, tener salud y trabajo (los que aún lo tengan). Pese a que el lotero mayor ya nos dio un golpe de suerte nos empeñamos en jugarnos los euros en décimos y participaciones. Más que un juego de azar se trata de un acontecimiento social. Acabo de cruzar la Puerta del Sol: gente que hace las cuentas de la vieja por si cae. Soñar es gratis. Soñar es bueno. Mañana me toca madrugar y cubrir el salón de loterías. Me da miedo no saber hacerlo. Nos es lo mismo una guerrilla que un ejército de frikis. Los únicos frikis que conozco son periodistas. Tengo una amiga que dice que a ella ya le cayó el gordo. Creo que se refiere a mi. El humor, que tiene estas cosas.
Me preocupan los aeropuertos; la semana próxima despego hacia el norte.
Veo la CNN+ y siento un desgarro personal, como si se mueriera un familiar. En un panorama de cadenas inclasificables, esta me parecía una bocanada de aire fresco. Veo a los presentadores seguir con una gran profesionalidad. Les felicito. No me gustan los cierres. No me gusta que el dinero sea más importante que la información y los sentimientos. Corre un mal runrún en los medios. Se perdió este año un puesto de cada cuatro y 2011 se anuncia peor. Pues nada, enterremos la memoria, enterremos cada carrera, enterremos cada esperanza. Pienso en los amigos que han muerto: Miguel, Julio, Ricardo; pienso en su esfuerzo, en la inutilidad de su pérdida. Hemingway decía que el Periodismo es un gran oficio si sabes dejarlo a tiempo. La ventaja de los tiempos es que si tu no encuentras el día, otros lo encontrarán por ti. Pese a todo lo que llueve, sobre todo en Córdoba, según dicen en la radio, siento ilusión. Este trabajo me gusta. Cada día es una lotería, un empezar desde cero. Mañana me toca de niño de San ildelfonso. No sé si daré la talla (de cintura). Ya tengo preparados el libro de notas y los pantalones cortos. Feliz suerte.
PD No me he leído la Ley Sinde pero hay demasiada gente que aprecio que la detesta. Me fio de la gente que aprecio.
Tiene mucha suerte la nieve que paraliza estos días aeropuertos, ferrocarriles y carreteras en gran parte de Europa. En Madrid, por ejemplo, no nieva, solo llueve a mares, como en el sur, donde el Guadalquivir viaja con el agua al cuello. Tiene suerte porque si hubiera pasado aquí, Rubalcaba y Pepín Blanco la hubieran militarizado. Una nieve militarizada no desciende danzando como una hoja; un copo caqui baja con marcialidad y a plomo.
No andamos demasiado bien en modernidad y transporte. Cuando no es un volcán de nombre impronunciable, son los controladores o las nevadas. En Bélgica, donde viven Pepe Gotera y Otilio, cerraron el aeropuerto de Bruselas porque se quedaron sin liquido anticongelante. En los países en los nieva mucho este tipo de deslices son imperdonables. Pero más les vale no pedir cabezas de ministros que después entre dimes y diretes se pasan no sé cuantos meses formando Gobierno, como los iraquíes que han aprendido rápido los trapicheos de la democracia. Aquí tenemos una oposición muda que no presenta un solo plan alternativo a nada pero que está en contra de todo, incluso del trabajo sucio que les está ahorrando ese converso del liberalismo llamado Zetapeta.
Preguntas para recortar el gasto público y para la OCDE o su madre no me internen en un campo de trabajo para que la palme antes sin cobrar pensión.
-¿Cuántos automóviles oficiales hay en España? ¿Quienes tienen derecho? ¿Cómo se fiscaliza su utilización? ¿Cuánto gasto de gasolina?
-¿Quienes cobran pensión? Me refiero a cargos electos. ¿Tengo que cotizar 20, quizá 25 y un diputados solo ocho? ¿Quienes tienen derecho a escolta, oficina, secretaria y ayudantes? ¿Cuáles es el trato a los ex presidentes (incluyase autonómicos y presidentes de Parlamentos)? ¿Existe transparecia en estos datos? ¿Nadie de WikiLeaks alrededor?
Semana de Navidad y Lotería -que no he comprado-. Regreso a Madrid. Vuelvo con una bolsa cargada de piedras y maderas en la maleta. El mar estaba ayer bravo, gris verdoso, rugía espuma y mostraba su fuerza. En una playa casi devorada por la marea de la mañana apenas quedaba arena para la búsqueda de tesoros. Respiré salitre y algas vestido de invierno y traté de escuchar las voces de las conchas marinas pero aún he aprendido del todo. Oigo murmullos, consonantes, pero las vocales aún se quedan enterradas. Una piedra sonriente acabó en mi mano y otras más pequeñas con formas de corazón y pera. Quiero pintar otra negra atravesada por 11 puntos amarillos, una piedra que represente los pasos perdidos, una piedra-norte.
Pinto mal, pero me gusta pintar. Si solo hiciésemos lo que sabemos no progresaríamos. La vida es riesgo. Quien me pidió respirar el mar no sabe dejar de pensar y sufre. Pensar tiene sus horas y sus descansos. Cada persona tiene su especialidad, su dolor, su mochila que abandonar al otro lado del río.
Todo se aprende, el mar, la nariz y el cerebro que se silencia. Yo aprendo cada vez más cosas. Estoy en edad de seguir aprendiendo y mostrar lo aprendido, pero ya casi nadie quiere escuchar al que habla, y menos los expedidores de certificados de idoneidad. Aun tengo el titular de Angela Merkel en la cabeza, cuando se declaró “impresionada” con las medidas de ahorro de Zapatero. Yo sí que estoy impresionado, y más que lo voy a estar, me advierten las predicciones y los decretos, pero todo tiene un precio. La estafa ideológica y electoral, también. Seguiremos informando. Buena semana.
Viernes. Tengo una melodía parpadeando dentro de mi. Taconea y palmea el compás. Al fondo, Enrique Morente desde el más allá o quizá más cerca. A veces parece un reloj dando segundos; otras, un tren que avanza entre suspiros y túneles. Me siento grande, doble, multiplicado. Es de noche. Viernes. Humea un frío pesado en Madrid, casi niebla. Las orejas pían, los pies cantan.
He cenado con unos amigos. Uno de ellos es músico, un experto en el Barroco; los demás, nada, solo periodistas. El músico hablaba de Handel y del Mesías. Emociona escuchar cuando no se sabe nada. Regalos que me llenan. Me siento empapado de notas y violines. Y de vodka. He vuelto al ruso. Me quedé en un vaso de Dubrovka. Hace un año empinaba sin freno hasta siete como los enanitos de Blancanieves y después lo pagaba en eses hasta casa. Ahora soy serio y modero cada exceso, conservo energías, me porto.
Este Madrid de frío es casi extranjero, una ciudad iglú. Pican las orejas y las manos y los vaqueros más allá de la pernera. Tengo ganas de viernes noche, de pescante de bajada y abrazo largo y cálido.
Nos hemos bebido dos botellas de Viña Mein. Un lujo, un vino que se distingue en el paladar. Galicia entera me desfila por el cerebro bañado de Miño, remando pensamientos y pecados, que de todo hay.