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El año nuevo ya huele mal

El año llega con mal aliento. Acaba de empezar y ya huele a cuchillos en vuelo de formación, a más recortes sociales y a más pobres. Todo por el beneficio de los que siempre se benefician. En años así, en los que el sálvese quién pueda saca lo peor de cada uno, conviene andar por la calle bien parapetado. En años así toca vestir casco y chaleco antimoralidad para que los francotiradores no te disparen sermones. En años así hay que aferrarse a lo que uno siente y defiende para morir con las botas puestas y una risa de vivo colgada de los labios. Aunque solo sea por fastidiar.

La foto que encabeza esta entrada la he robado del muro del feisbuk de Carlos de la Calle, fotógrafo de las cosas invisibles.

No me gusta la sociedad que hemos creado; tampoco la mayoría de sus actores. No me gustan la renuncia a las ideas, a los sentimientos y a las utopías. Entre tanta ley de la selva y tanto caníbal, suelto y en comandita, aun queda un espacio enorme para ser feliz, otra forma de radical rebeldía. Para ser feliz, o intentarlo, que tampoco hay que exagerar, es necesario encontrar un mundo paralelo. El mejor de los que conozco es el de los navegantes, gentes que carecen de miedo a las tormentas, aunque sean perfectas, porque ya se ahogaron en todas.

Termino este post que podríamos llamar de felicitación de año con una foto enviada por un amigo. Tanta inteligencia solo puede ser napolitana.

Vacaciones

Este blog se va de vacaciones; mejor dicho, quien se va de vacaciones es su autor. Vuelvo el 3. Dejo el ordenador atrás con premeditación y alevosía. Se trata de una declaración mundana y atecnológica. Pasearé por una ciudad, veré gente en tumulto, entraré en un museo más por la belleza del interior del edificio que por su contenido cambiante y me dedicaré a las personas, que es lo que merece más la pena. Feliz año a tod@s.

Lo siento, no tengo ganas de escribir

No tengo ganas de escribir. Observo las palabras y veo culebras. Miro la televisión y se me aparece el Gran Hermano multiplicado en todos los canales. Ya no hay CNN+ ni TVE1 ni 2 ni Plus ni Sexta ni Cuatro… Solo unos tipos que pretenden hacer el idiota cuando no deberían pretender tanto pues les sale natural, como a los programadores. No tengo ganas de escribir ni de cantar ni de pintar. Tengo ganas de meterme en la cama con un piedra negra en la cabeza y contarle los 11 pasos amarillos. Abro los ojos y veo un castillo sin personas ni humo ni centinelas. Cierro los ojos y se me aparecen Iñaki Gabilondo y Antonio Sanjosé vestidos de Reyes Magos. Esperan a Baltasar que ha ido a cobrar el subsidio. Tomo el mando de la televisión y voto por expulsar a todos de la casa de los idiotas.

En la pantalla aparecen Alex de la Iglesia, dos payasos deformados y un Franco enano de porcelana. Habla de las descargas legales y de las ilegales. No entiendo nada porque no han puesto subtítulos. Acaba de pasar José Antonio Labordeta por el salón de mi casa de camino al cielo. Dice que anda con celeridades impropias de su estado porque allá arriba anuncian un ERE de santos y beatos antes de finales de 2011 y conviene tener amarrado el escaño junto a Dios. Pues sí que estamos mal, le respondo.

El castillo sigue cerrado. Tiro libros a una de las ventanas pero nadie responde. Ni siquiera las palabras que viven en los libros. Comienza a llover agua de mar, algas verdes y escamas de alguna sirena triste. No tengo ganas de escribir ni de caminar. Abro la ventana que da los tejados y grito un nombre. Nadie responde. Ni el eco de mi voz que me vuelve callado. Solo escucho el huesear de la soledad que me vigila como una sombra. Hay noches de temporal interior y noches de sol. Vuelve a pasar Labordeta en dirección a Aragón. Dice que se le olvidaron las banderas. Pienso en los colores. Elijo el rojo; es sangre, lucha. Elijo el azul; es mar, cielo. Elijo el verde; es esperanza. Elijo el blanco; es lo que está por escribir. Ahora tengo ganas pero ya no puedo porque se me perdieron las manos entre las sabanas de una cama lejana.

Pasaron los Pirineos, quedan los Alpes

Pasaron los Pirineos, quedan los Alpes. Mi barrio sigue invadido. Las bocas de metro escupen cientos de personas por minuto. Desconocía que esta ciudad tuviera tantos niños escondidos. Todos sonrientes y con la ilusión impresa en los ojos. Caminan exigentes: quiero esto, quiero aquello. Regalos de Reyes que pagan los padres. En Madrid no sabemos caminar en bulla. Aquí los que van se empeñan en volver y al contrario. Una madeja que se idiotiza. He comprado regalos. Entre ellos una edición especial del Principito que ya me anuncian como fracaso sonoro. He recogido el dorsal de una persona que no va a correr la San Silvestre por razones de peso. Pidió un M en la preinscripcion y no pude cambiársela a L como ella quería. Son camisetas contadas, como las habas. La señorita que me entregó el material me miró la tripa y pensó. Sé qué pensó por su mueca maliciosa, divertida. Expliqué rápido que aun no estoy para grandes carreras, que lo mío es el maratón, pero pasito a pasito.

Almorcé con una amiga que dice que hablo en clave. Puede ser. También puede que ella escuche en clave. Las claves son insondables, como los renglones de Dios que nunca sé si son torcidos. De regreso a casa abracé a un barrendero de edad de prejubilar. Parecía norteafricano, quizá marroquí­. Le dije: “¿Puedo abrazarle por Navidad?”. Asintió y se dejó abrazar. Le dije que su trabajo era muy importante y le di las gracias. Él me dio un beso.

Después subí a casa, siesteé un rato excesivo y trabajé largo en un post enorme para el periódico que saldrá el martes. Me llevó  horas y aún no está terminado. Será el último del año en Aguas Internacionales. En este personal de la boca del lobo también habrá silencio desde el miércoles hasta el día 3. Serán días de abrazar mucho, pasear por una ciudad extranjera y ser feliz. Una forma de rebeldía, como sonreír. Un deseo para 2011: que se mueran los muermos. Y los cobardes, también. Si sigo incluyo a los feos y me saldrá una canción.

Opciones para cantar bien alto

No son buenas fechas para la lírica ni para los compañeros de CNN+ y de tantos otros sitios, sean periodistas o bomberos, que también se llevan lo suyo. Me ha emocionado la despedida de Antonio San José y de su equipo. Peores tiempos vienen, rodeados de humo, polvo y metralla. Esta podría ser una buena letra para cantar en lo alto del fuerte:

Y para los muy navideños, un poco de heterodoxia, que ya está bien.

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