En el PP se respira euforia
Monday, 24 de January de 2011 por Ramón
En el PP se respira euforia. No solo son las ansias de salvar España, que las deben tener; una victoria electoral, como la que anuncian las encuestas, permite colocar a mucha gente, devolver favores y paciencias e invertir en nuevos favores y paciencias, que todo lo que sube, baja. Unos, pocos, aspiran a ser ministros; otros se conforman con el segundo escalón: subsecretarios, directores generales, asesores, jefes de gabinete… O diputados, que no está nada mal. Mariano Rajoy se ha acordado de repente en Sevilla de las prebendas de los legisladores en asuntos menores como las pensiones. A mi ya me han quitado la máxima. Tendré que trabar 200 años para cobrar lo que un diputado cobra por ocho años en la Carrera de San Jerónimo. Lo curioso de Mariano es que su partido es co-inventor de estas prebendas y hace unas semanas rechazó modificarlas.
El PP sabe lo que es el poder. Uno de sus dirigentes gallegos me contó en los tiempos negros del Prestige: “Estos socialistas [supongo que se refería al PSOE] no entienden nada. No puedes ganar una elección en un pueblo y poner luz eléctrica en todas las calles. La gente pensará que es nuestra obligación. Lo que hay que hacer es esperar. Un día llega un vecino y te cuenta que la salida de su casa está mal iluminada y que a salir se tropieza. Le pones luz, pero solo a él y así te debe un favor. Luego esperas a que lleguen poco a pocos los demás”. Si esta anécdota la trasladamos a Andalucía podríamos barajar las siglas de otra manera y obtener un resultado similar.
El problema del sistema es que no llegan los mejores, llegan los obedientes, los miedosos, los mezquinos. Hay grandes excepciones en todos los partidos, pero son los menos. IU, por ejemplo, se ha cargado a Gaspar Llamazares y a Inés Sabanés. Deben andar sobrados de talento, pero su nuevo jefe lo tiene bien oculto detrás de las frases hechas. Esta crisis es una crisis de sistema, pero la izquierda está tan mal que ni siquiera es capaz de explicárselo a los votantes.
El problema es la rapiña. La ecuación de los beneficios son privados, las pérdidas colectivas. Pero aquí seguimos, mirando a Teruel, unos eufóricos porque pillan; otros, cabizbajos porque pierden el lustre del poder. Qué gusto debe de dar viajar en coche oficial rodeando de escoltas y pelotas y sin tener que contaminarse con la realidad de los presuntos representados. Se debe perder de todo: perspectiva, valores, ideales.
Y ahora llega Bono y se apunta a lo de las prebendas de las pensiones.
Debía existir carné de estupideces. Límite 12 puntos, como en el carné de conducir. Si pierdes todos: reeducación, a trabajar la fresa con los inmigrantes. No como castigo, sino como una oportunidad extraordinaria de recuperar la inteligencia.
