Acaba de arrancar el año en su primer día laboral y tras escuchar varias radios y leer la prensa debo admitir que estoy exhausto, deseoso de que empiece 2017. Es broma: los 12 meses que tenemos por delante van a ser ricos en promesas electorales y emociones. Entramos en un periodo desconocido y apasionante. Se avecinan cambios. Espero que esta vez barajemos mejor y que la clase política aprenda el arte de la negociación que se basa en el arte de la tolerancia.
Aún no sabemos si habrá elecciones en Catalunya. Parece que al partido de Artur Mas y a la ANC no les conviene regresar a las urnas en marzo, a tenor de sus ataques a la CUP. Ambos perderían poder y proyección. Carme Forcadell no quiere pasar a la historia como la presidenta más breve del Parlament.
Visto con un día de perspectiva, en el post de ayer dejé abierta una posibilidad que hoy parece muerta: JxS. Lo lógico es que ERC suelte amarras y vuele sola en un viaje que tiene mucho que ganar. Pero he aprendido una cosa: nada es imposible. El juego ahora es esquivar la culpa. Es lo que intenta Anna Gabriel (CUP) al proponer a Romeva o Junqueras como alternativas. Si hay elecciones, bueno para ERC y buenísimo para En Comú Podem. Si no las hay, mejor para Ada Colau que ganará tiempo.
En el lío español, Susana Díaz puede perder la baza catalana para reforzar su asalto a Ferraz. Sé que España no es el Reino Unido, pero allá se dice que quien desenvaina la espada primero no se ciñe la corona. No sé cómo un discurso españolista rancio va a conseguir sacar al PSOE de su laberinto.
No creo que la información de El País sobre los planes de Alberto Garzón fuera un error. El único fallo fue el tuit que daba por muerta a IU. Solo se abre un proceso de reflexión y debate en el que parece que el plan final es cambiar de siglas y dejar atrás estructuras y personas para confluir con Podemos, como ya se ha hecho en Catalunya y Galicia. El tiempo dirá.
Por lo demás arranca un nuevo año personal con un proyecto claro: terminar una novela que empecé en Roma en el verano de 2010 y hace un gran viaje. Los detalles tendrán que esperar. Feliz lunes y lo que queda.
La CUP ha sido fiel a su promesa fundacional, además de electoral, pese a sus titánicos esfuerzos en incumplirla. No han engañado a nadie: están donde se suponía que debían estar, eso sí solo por cuatro votos. Es de suponer que tantas dudas les pasarán factura.
La ANC se ha dado prisa en culpar a la CUP y en pedir perdón por haber confiado en ellos. En los próximos días caerán sobre la CUP todo tipo de improperios desde el sector norcoreano del soberanismo, ese que no admite disidencias ni que Ada Colau hable de que Madrid vuelva a ser su capital. Es parte del juego: acaba de empezar la campaña electoral y quieren pescar votos en las aguas de la CUP.
Si JxS no cambia de candidato, que no lo hará después haber llegado hasta aquí, se convocarán elecciones el 10 de enero, tal vez antes. Queda por decidir si están dispuestos a representar una investidura fallida en el Parlament.
Artur Mas es como Mariano Rajoy: un político duracel. Lo lógico sería darle por finiquitado, si no de manera inmediata, sí después de las nuevas elecciones. Pero una de las virtudes de Mas es sobrevivir al precio que sea. Esperaría antes de encargar funerales.
Si Catalunya no forma Gobierno ya no es tan urgente formarlo en España. Se puede ir también a una repetición electoral en mayo.
Para el PSOE es, en teoría, una buena noticia: aflojará la presión mediático-empresarial para la gran coalición. Escribo “en teoría” porque con este PSOE-Gran Hermano en guerra civil abierta toda buena noticia es susceptible empeorar.
El No de la CUP representa un revés para el soberanismo exprés. El proceso se va a ralentizar, pero no quiere decir que la posibilidad de la independencia haya desaparecido. Haría mal el sector españolista, en el que abundan también los norcoreano, en sacar conclusiones falsas. Fracasa la huida hacia adelante de Artur Mas, pero siguen ahí los sentimientos de millones de catalanes.
Se abre la posibilidad de hacer mejor las cosas por ambos lados. Pero no seamos optimistas. Somos españoles (los catalanes también, al menos legalmente; compartimos muchos defectos).
Unas nuevas elecciones en Catalunya sin la carga plebiscitaria, aunque se la quieran dar de nuevo, permitirán saber mejor donde está cada uno. Un número de votantes de JxS (veremos cuántos si siguen juntos) no desean una independencia unilateral e ir al choque. Si votaron a JxS fue para reforzar su papel ante una eventual negociación para un referéndum a la escocesa. No creo que este tipo de votante esté satisfecho del uso que se ha hecho de su voto. Ahora ya saben cuál es el juego. Se acabaron los eufemismos.
Es imposible que Podemos lo haga tan mal por otra vez. Una de las virtudes de Podemos es la de aprender rápido. Superados los graves errores del 27-N, como se demostró el 20-D, el camino parece claro: nombre reconocible (En Comú Podem), un líder atractivo, apoyo activo de Ada Colau y un discurso centrado en la realidad catalana. El referéndum vuelve a ser la gran baza, además de que otra política es posible y cero tolerancia a la corrupción.
Cualquier catalán inteligente, y son legión, sabe que el referéndum no depende de Podemos ni de Colau, que se trata de una gota malaya que acabará imponiéndose porque realizar una consulta con una pregunta clara es la única opción sensata para desembarrancar el asunto. Harían mal en hablar de fechas concretas, de prometerlo para este año o 2017. Antes hay que crear las condiciones. Se podría lograr en la próxima legislatura. Esa vía lenta gusta más al catalán que no desea aventuras y acabará gustando al empresariado que detesta la incertidumbre.
En Comú Podem puede recibir votos de JxS y de la CUP y convertirse en la clave en un Parlament dividido en tres sectores de fuerza similar: soberanistas exprés, podemistas y el frente del no. Obligaría a negociar.
También puede ocurrir que JxS solo pierda un par de escaños y que la CUP se mantenga, y que el aumento de En Comú Podem sea modesto y a costa del PSC. El lío de Ferraz no les beneficia.
Haría mal el sector españolista -PP, C´s y PSOE- en copiar la fórmula de JxS e ir juntos; también en crear un frente ideológico. Los tuis de la Brunete tuitera celebran la decisión de la CUP ¡Quién lo iba a decir! Pero yerran en la interpretación: solo se ha ganado un poco de tiempo.
Si hay después elecciones en España, las catalanas serán decisivas para crear sensaciones, o como dicen los politólogos olas. Las que salgan fuertes de Catalunya podrán ser decisivas en Madrid.
El escenario beneficia, en toería, a Podemos y al PP que en España recuperará votos cedidos a C’s. Otro factor psicológico importante: aquellos peperos que han castigado a Rajoy el 20-D sentirán que ya han saldado la cuenta y pueden volver a votar por Mariano.
¿Y Susana? Pues con la colección de cuchillos japoneses afilada.
Esto les pasa por anticapitalistas y antisistema; seguro que encima son de letras. Cualquier capitalista de medio pelo con calculadora en mano hubiera sabido que 3.030 asambleístas divididos en dos partes iguales generarían un empate a 1.515 votos. Se evita con el no siempre ponderado número impar.
La probabilidad de ocurriera era del 0,033%, según Lluis Anaya (@lluisanaya), Director de l’Area TIC del Departament de Governació de la Generalitat; es decir, no sospechoso. O 1,45% como sostiene Antoni-Ítalo de Moragas en elDiario.es.
Aunque a algunos les suena a tongo este final, la ley de Murphy es así de caprichosa. Con todos sus defectos prefiero este sistema de votación, por muy dirigido que esté desde la cúpula, al de Mariano dictando leyes delante del Marca.
Los que esperaban una solución definitiva al drama en no sé cuántos actos, Pedro Sánchez sobre todo, deberán aguardar hasta el 2 de enero. Se supone que si JxS mueve ficha (simbólica) permitirá a la dirección de la CUP aprobar una decisión que permita investir a Mas o convocar otra asamblea. Hay plazo hasta el 10 de enero; si para entonces no emerge un president, habrá comicios en marzo.
Todos los escenarios son malos para casi todos
A JxS, y sobre todo a Artur Mas dada su tendencia a la extinción en las últimas convocatorias, no les interesa el revoto. Temen perder apoyos en favor de En Comú Podem. Muchos de los que votaron el 27-N de manera táctica, para reforzar el referédum, ya saben que el plan de JxS es la independencia unilateral sin pasar por un plebiscito a la escocesa.
Para la CUP es complicado. Que la mitad de una asamblea anticapitalista vote a favor de un capitalista recortador de derechos sociales, jefe de un partido, lo llame como lo llame, con serios problemas de corrupción puede tener un precio. Hemos asistido a la representación de las dos almas de la CUP: la que prima la independencia y la que apuesta por los temas sociales. La segunda está cada vez más cerca de Ada Colau.
La alcaldesa de Barcelona y sus aliados serían los grandes beneficiados si se vuelve a las urnas catalanas en tres meses. Es posible que también lo sean si el salvamento de la investidura de Mas se salda con un Gobierno débil y una legislatura corta. A Colau le interesa más el medio plazo que el corto. Para En Comú Podem es una win-win situation.
Al PSOE le resucitaría (un poco) una repeteción de las elecciones en Catalunya; así disminuiría la presión para alcanzar un acuerdo a cualquier precio con C’s y PP. Si Catalunya queda sumida en la provisionalidad hasta marzo, no sería tan grave que suceda lo mismo en España hasta la primavera. Si la dirección de la CUP bendice a Mas habrá enormes presiones sobre el PSOE. Es un escenario que juega a favor de Susana Díaz y de su españolismo rancio. ¡Qué lejos todos de Suresnes!
A Podemos les conviene volver a las urnas en España si el PSOE quedara muy desgastado en esta fase. Los periodistas pro PP, que son legión, se han lanzado a la yugular de Sánchez por no pactar la semana pasada. Lo que exigen es ceder, rendirse. Pactar es otra cosa; consiste en jugar con el tiempo, explorar alternativas, esperar que el contrario se ponga nervioso. Vean la serie Borgen. Lo inesperado aún puede ocurrir.
Al PP le puede convenir la repetición en España si deja claro que la culpa es del PSOE. Se supone que podría quitarle un buen número de escaños a C´s y mejorar sus 123 diputados actuales. Pero es jugar con fuego con la ringlera de casos de corrupción que van a desfilr por los juzgados en los próximos meses.
Esto está más interesante que nunca. El alto seguimiento en las redes sociales de la Asamblea Nacional Extraordinaria de la CUP, celebrada en Sabadell, es una prueba: estamos despiertos y con ganas de pariticipar. Ya era hora.
Mañana es 28 de diciembre: no os creaís ninguna noticia. Bueno, el 29 tampoco. Feliz final de 2015.
Somos un país de rotundidades; nos perdemos los detalles, la extraordinaria riqueza de lo pequeño. Cuando tengo dudas sobre alguna rotundidad, por ejemplo si es una buena idea sustituir a los tres reyes magos por tres reinas magas en las cabalgatas de dos distritos, acuden Esperanza Aguirre (mejor Esperanzo Aguirre) y su coro de la Brunete tuitera a mi socorro intelectual y ético. Sé que para acertar solo tengo que situarme en el lado contrario de lo que ella piensa y dice (no siempre relacionado).
Esperanzo y yo pertenecemos a universos paralelos unidos, para mi desgracia, por un agujero negro que bien podría ser el PP de Madrid que ella preside con tanto tino en los nombramientos y éxito en su gestión. Es posible que Fontdevila y Nacho Escolar me denuncien por usar una vez más esta viñeta magistral, pero el guión lo exige: es para saber de qué hablamos.
Carmena y Maestre apoyan la iniciativa. La alcaldesa puntualiza que no son reinas magas sino mujeres haciendo de reyes magos porque en el fondo da igual quién esté debajo del disfraz. Pues yo las prefiero magas de verdad, sin medias tintas.
Frente a la idea de las mujeres magas, lo son casi todos los días en millones de hogares, brota un machismo rancio. Quizá sea hora de empezar a contar la historia desde otro punto de vista, por complementar un poco.
María me recuerda un libro de Gloria Fuertes, gran poeta, como a ella le gustaba decir, mujer adelantadísima a su época. Se llama “Tres reinas magas: Melchora, Gaspara y Baltasara“. Qué alguien se lo regale a “madame ¿Loque?”.
Esperanzo odia tanto a la alcaldesa y al ayuntamiento de Ahora Madrid que se opone a todo, también a la manifestación contra la violencia machista y a la aplicación de la ley de la memoria histórica sobre el callejero de Madrid.
Lo que debería hacer tan empalagosa señora es declarar de una vez ante la comisión de investigación de la Asamblea de Madrid, dedicada a la corrupción en la Comunidad que ella presidió, y dejar de dar lecciones morales para las que está inhabilitada moralmente. En esto estoy de acuerdo con Mariano Rajoy: ¡Váyase, señora Esperanzo!
El PSOE está encerrado en el fuerte. Se siente rodeado por comanches, apaches, arapahoes, cheyenes, sioux (todos con coleta, eso sí) y el Séptimo de Caballería. Parece una coalición un tanto extraña, pero así son las alucinaciones. ¿Para qué mirar tanto fuera si el enemigo más evidente está dentro?
Los socialistas han sido esenciales en la modernización de España; es verdad que el primer Felipe González, incluso el siguiente, el de 1986-1990, con sus defectos ya visibles, supuso un impulso decisivo para este país. Uno de los dirigentes de aquella época me confesó hace unos meses que Podemos representa lo mismo: “Nosotros tomamos posesión en pantalón de pana, que sería el equivalente a la coleta de Pablo Iglesias [no confundir (todavía) con el fundador]”.
En el PSOE conviven dos almas ahora muy visibles: la derecha con discurso de izquierdas y la socialdemocracia de antes de la crisis de 2008.
Partido ómnibus
Poco queda de aquel partido vertebrador, federalista y alegre (¡qué carteles electorales!), impulsor de la movida y del ayuntamiento de Enrique Tierno Galván. Ya no es aquella formación capaz de movilizar a una parte de la derecha liberal, el centro y la izquierda hasta las orillas del PCE, y a veces más allá. Era un partido ómnibus que si sigue así acabará como el PASOK: un partido en microbús.
Aquel PSOE (y muchos de sus dirigentes) se fue enfangando en las tentaciones del poder; no supo dar respuesta a los primeros casos de corrupción y así, entre borrón de mierda y borrón de mierda, se dejó en el camino la auctoritas, el prestigio. Ese es su principal déficit en 2015: carece de la credibilidad necesaria para impulsar una segunda modernización de España, la gran regeneración. Pedro Sánchez no es creíble; Susana Díaz, menos. Quizá Madina, pero se lo cargaron dentro del fuerte.
En el fondo de los pésimos resultados del 20 de diciembre flota una botella medio llena: aún tiene votos para intentar una resurrección. Otro asunto es sabe si dispone de dirigentes para impulsarla. Si no saben a qué me refiero prueben a escuchar a Susana Díaz o Carmen Chacón y después a Ada Colau. El agujero es de ideas y de conexión con la calle.
Díaz trata de hacerse con el poder el PSOE antes de que Sánchez se haga con el Gobierno. Parece la Roma de Tiberio o un duelo al sol (o a la sombra). La dirigente andaluza me recuerda al dirigente del PASOK Evánguelos Venizelos, que después de traicionar a Iorgos Papapandreu hundió su partido.
El mismo saco del PP
La ciudadanía les ha colocado en el mismo saco del PP: corrupción, componendas, recortes, mentiras. Tiene difícil solución a corto plazo si en asuntos claves como la plurinacionalidad hablan como Esperanza Aguirre. Pese a todos lo males y errores. esa ciudadanía desilusionada y cabreada les ha colocado como primer partido de la oposición. Es algo que también debería analizar Podemos: el muerto está vivo.
En un momento en el que se necesita una voz clara, el PSOE ofrece guirigay: sillas que se mueven por aquí, sillas que vuelan por allá.
Los discursos de Díaz, Felipe Gonzáles (no confundir con el de 1982) y algunos barones es rotundo: nada de Podemos ni referendos. Además de populistas, antisistema, bolivarianos, estalinistas, norcoreanos, separatistas, yihadistas y perroflautas son el gran rival, el que les ha lanzado una OPA hostil. Temen que Podemos termine por merendarse el PSOE como se han merendado a IU.
Obispos que hablan de responsabilidad
Díaz, González y toda esa pléyade de ex ministros y ex altos cargos que han salido y salen en tromba para defender un pacto de Estado, es decir con el PP, quieren una solución a la alemana: un Gobierno de coalición, porque abstenerse, quemarse y seguir en la oposición sería de idiotas.
Quien gobierne en 2016 tendrá que enmendar los presupuestos electoralistas de Montoro y aplicar nuevos recortes. No veo al PP y al PSOE con el tono vital necesario para acometer las reformas urgentes que necesita este país: regenerar la política, devolver la vida a las instituciones copadas por la obediencia y la mediocridad, abrir el melón de la Constitución, leer la realidad territorial.
Es difícil distinguir el discurso nacionalista del PP del discurso españolista del PSOE, menos en el caso de Iceta y otros dirigentes de lo que queda del PSC que resisten con dignidad y cordura. Una gran coalición sería una gran noticia para los independentistas.