No despegues en las noches de luna llena
Monday, 21 de March de 2011 por Ramón
Cae una hermosa luna llena sobre Madrid. Solo es un globo blanco, enorme, espectacular, picado por la viruela y los meteoritos colgado del techo de una ciudad a punto de dormir. Solo es eso, pero me gusta. La luna gobierna mis mareas interiores; cuando se hincha me arranca sonrisas, alegrías, optimismos. Si se oscurece, me surgen las melancolías, la lucidez.
Al ver la luna llena desde mi ventana inclinada me dan ganas de encaramarme a un sillón y acariciarla. De abrir un poco y soplarla para se mueva, que lleva demasiado sobre la Plaza Mayor deslumbrando a las parejas que se toquetean en medio del bullicio. Las parejas que juegan a quererse furtivamente están iluminadas a su manera, con 100 vatios, o más. Parecen farolas colocadas para que los turistas y los borrachos no se extravíen. Con tanta luz arriba y abajo, los mimos se vuelven cuerdos y dejan de ser mimos. En vez de estarse quietos, como mandan las leyes de las estatuas, se descaran y piropean.
Antes no se iniciaban guerras en las noches de luna llena, en las que el enemigo podía descubrir tus pasos por muy sigilosos que fueran. Ahora, poco importa el enemigo cuando la superioridad aérea es infinita. Puedes bombardear cuando te dé la gana siempre y cuando salga bien colocado en televisión.
Es tarde, trabajé hoy y trabajo toda la semana. Me pesa la luna con todos sus oleajes imaginarios. En mi casa suena un silencio que ya no me pertenece, que ya no quiero. Me pesan dos lunas luneras que me encienden por dentro. Cuando me observo ante el espejo me veo como un santo a punto de despegar. Si renuncio a despegar no es porque descrea en el cielo, que descreo, o por falta de fe en mis habilidades aéreas, si no lo hago es por que tengo miedo de que los F-18 de Zetapeta me derriben por incrédulo.
Feliz semana a todos.