Feed
Posts
Comentarios

No despegues en las noches de luna llena

Cae una hermosa luna llena sobre Madrid. Solo es un globo blanco, enorme, espectacular, picado por la viruela y los meteoritos colgado del techo de una ciudad a punto de dormir. Solo es eso, pero me gusta. La luna gobierna mis mareas interiores; cuando se hincha me arranca sonrisas, alegrías, optimismos. Si se oscurece, me surgen las melancolías, la lucidez.

Al ver la luna llena desde mi ventana inclinada me dan ganas de encaramarme a un sillón y acariciarla. De abrir un poco y soplarla para se mueva, que lleva demasiado sobre la Plaza Mayor deslumbrando a las parejas que se toquetean en medio del bullicio. Las parejas que juegan a quererse furtivamente están iluminadas a su manera, con 100 vatios, o más. Parecen farolas colocadas para que los turistas y los borrachos no se extravíen. Con tanta luz arriba y abajo, los mimos se vuelven cuerdos y dejan de ser mimos. En vez de estarse quietos, como mandan las leyes de las estatuas, se descaran y piropean.

Antes no se iniciaban guerras en las noches de luna llena, en las que el enemigo podía descubrir tus pasos por muy sigilosos que fueran. Ahora, poco importa el enemigo cuando la superioridad aérea es infinita. Puedes bombardear cuando te dé la gana siempre y cuando salga bien colocado en televisión.

Es tarde, trabajé hoy y trabajo toda la semana. Me pesa la luna con todos sus oleajes imaginarios. En mi casa suena un silencio que ya no me pertenece, que ya no quiero. Me pesan dos lunas luneras que me encienden por dentro. Cuando me observo ante el espejo me veo como un santo a punto de despegar. Si renuncio a despegar no es porque descrea en el cielo, que descreo, o por falta de fe en mis habilidades aéreas, si no lo hago es por que tengo miedo de que los F-18 de Zetapeta me derriben por incrédulo.

Feliz semana a todos.

Los hombres-pájaro no dejan de soñar

Robo la música y la idea a una amiga, y me dejo llevar, volar. Vuelo con los brazos extendidos repletos de plumas blancas, plumas de águila multiplicada. No es el aire de la noche de Madrid lo que me sostiene y acaricia, son las notas y la voz de la mujer que canta, voz-que-empuja y sonríe, que besa, voz que me convierte en un hombre-pájaro. Cada hombre-mujer-pájaro es un sueño que se escapó, un sueño renovado que tarde o temprano regresa disfrazado de otros sueños.

En Libia disparan contra los hombres-sueño; también en Bruselas, y en la sede de la ONU de Nueva York. Disparan en Bahréin y en Irán. Disparan en China y en África. Disparan más en Occidente, que presume de cuna de utopías y esperanzas. Son tiempos ralos de hienas y ladrones, de posibilistas y cobardes. Los cobardes nunca vuelan. Los cobardes reptan hasta los tejados y allí embutidos en un traje falso de pájaro falso imitan el sonido de las hembras para atraer a los cándidos.

En la Bolsa de las Pesadillas se paga a precio de oro la carne de hombre-pájaro-que-soñaba. Dicen que dentro de cada hombre-pájaro muerto hay otro sueño invisible que se esconde e incuba.

Soy un hombre-sueño que vuela por encima de los hombres-pesadilla, un sueño sin miedo, invencible. Me sueño pájaro japonés, libio y bahreiní. Me sueño en una bandada de hombres-mujeres-pájaro. Me sueño-jueves-cansado con ansias de viernes para pasear sin alas, caminante haciendo camino con música porque es la música la que nos salva del ruido, de las palabras vacías, de los silencios que nada dicen. La música es otro sueño que despega, que se rebela, que desafía. Hay música en cada árbol que se abraza, en cada piedra pintada, en cada palabra bien escrita. Buen fin de semana.

La energía tiene ideas políticas

Ya han salido a pasear los defensores de la energía nuclear, a retarse en duelos con el primer átomo sospechoso de ser ecologista en acción. Acusan de izquierdistas trasnochado a los preguntan y dudan de la veracidad de las informaciones recibidas. La bronca llega a las tertulias, ya bastante embroncadas de por si, y a las redes sociales, el nuevo Ágora. Debo reconocer que me gustaba más Atenas con Sócrates. Manías de la edad.

No sabía que los escapes radiactivos de Fukushima tuvieran color político. EEUU, que ahora es un país izquierdista con un negro peligroso en la Casa Blanca, ha pedido a los suyos, portaaviones y barcos incluidos, que se alejen de la central en un perímetro de 80 kilómetros. Japón, algo más conservador, se conforma con 30. La derecha y la izquierda se distinguen estos tiempos revueltos en el kilometraje de su alarma.

Los lobbystas de la energía nuclear son tan fanáticos y organizados como los del castrismo y el anticastrismo, otros dos asuntos en los que te ganas una buena retahíla de insultos digas lo que digas. Con Israel, también. Nadie lee lo que escribes, leen lo que creen leer desde sus prejuicios.

Prefiero las energías que no explotan y que no lanzan partículas de alta radiación a la atmósfera, porque luego hay que andar atentos a los hombres-mujeres del tiempo para saber qué diablos ponerse antes de salir de casa: escafandra de a NASA o uniforme de desactivador de explosivos de En Tierra Hostil.

El ministro Sebastián dice que no es el momento de discutir sobre la energía nuclear. El PP está de acuerdo, de hecho, el PP hace tiempo que no discute por nada, solo se opone a todo, incluso se opone a lo que decía el PP hace unos años. Se llama oposición total. Si el ministro Sebastián espera mucho a discutir es posible que le mate antes una nube radiactiva o las elecciones de 2012.

La UE, en un gesto valiente, como los que ya tuvo con Gadafi, ha ordenado pruebas de estrés a todas las centrales europeas. Las pruebas son voluntarias y no sabemos qué puebas les van a hacer. Es posible que cada compañía eléctrica se las pueda hacer a sí mismas y sacar sobresaliente. Hoy cuenta mi compañero Paco Peregil que el Gobierno japonés ya tiene experiencia en esto de hacer la vista gorda. Hacer la vista gorda era de derechas, siempre lo ha sido.

Pero la izquierda, tan renovada en sus ideas y valores, se ha apuntado con entusiasmo. Zetapeta hizo la vista gorda ante la crisis económica que caída y le salió mal el asunto porque la crisis económica era más gorda que la propia vista gorda. La derecha, que entiende de compás, se prepara para volver a su poder justo cuando la crisis remite y mejoran los indicadores. No es suerte, es saber. Tengo ganas de estar harto del presidente Rajoy, Ya tengo días y semanas en los que me anticipo.

Nubes y comunicados tóxicos

Me he pasado un buen rato esta noche rastreando el cielo de Madrid. Buscaba nubes radiactivas. Sé que mi inquietud es prematura y que lo inteligente es pensar que no llegará hasta aquí lo que escupe el vientre de Fukushima. Sé todo eso; también sé que los Gobiernos mienten. Primero te dicen que no pasa nada, que los sistemas de seguridad han funcionado de maravilla, como afirmó la presidenta del Foro Nuclear español; después, que sí, que es verdad: algo ha explotado, un nada, un extintor esquinado. Cuando el reactor numero 2 o la carcasa que lo protege salta por los aires delante de las cámaras de la televisión japonesa, las autoridades admiten que la cosa no va demasiado bien.

Con este ritmo de medias verdades, el cuerpo me pide estar alerta. Como tengo los techos inclinados y unas ventanas velux, abro una de ellas, me subo a una banqueta y oteo el cielo como lo oteaban los marinos encaramados en el palo mayor. Pasó una bandada de pájaros halógenos, los últimos volaban tosiendo bilis. Alarmado apunté los síntomas para incluidos en una futura denuncia nuclear al Consejo Superior de No Sé Qué de la Unión Europea Paralizada (¿pruebas de estrés voluntarias?; me tranquiliza). Después pasaron 200 bombillas de 100 vatios parpadeantes sin cable ni lámpara. Sospeché de gato atómico encerrado.

Una hora después aterrizó sobre mi tejado un elefante enano con un paraguas en la mano. Parecía un helicóptero del Circo del Sol. Esperé paciente a que me hablara de su vida, pero el elefante no dijo ni mu. Volvieron a pasar las bombillas de 100 vatios en dirección sur. Para ser martes por la noche y mediados de mes había demasiado trajín celeste. Tuve miedo de que me pidieran un control antidoping sorpresa, que con la Nespresso nunca se sabe. Sé que Fukushima no ha explotado del todo, que Japón está lejísimos, que nos separan océanos y continentes y una presidenta del Foro Nuclear capacitada que me protege.

Creo que estamos preparados para sobrevivir a un accidente mayor que el de Chernóbyl, tengo más dudas de que estemos preparados para sobrevivir a tanto mediocre.

Lluvia que canta

Llueve agua del sur. La que sobró allá abajo esta mañana cae de noche sobre Madrid. Las gotas golpean mi tejado. Podrían ser notas musicales desenfocadas. Notas que suenan, vibran y se olvidan enseguida de quienes son. Notas efímeras y despistadas. A veces parecen piano; otras, djembe. Hay ritmo, pausa; también compás. Me gusta el compás desde que escuché a Félix Grande hablar de su importancia; el compás es brújula, norte.

Existe un compás general que se inocula en la escuela y en la familia; también en el trabajo; y en la cultura repetitiva que descompasea por las televisiones. Cuando el compás es general suena a desfile, a obediencia debida, a espada. No me gustan los desfiles. No me gusta la gente sincronizada que se mueve como un reloj. No me gustan los relojes. Sobran en mi muñeca y los que viven en mi casa no dan la hora ni el recuerdo de la hora. Dormitan eternos. Malconsiento por necesidad legal un despertador, un ser diabólico de ojos fluorescentes, como las estatuillas de la Virgen de Fátima. Mi cuerpo ha desarrollado una alarma temprana muda que me desvela un minuto antes de que el monstruo me sobresalte. Cada vez que sucede, le grito: victoria.

Caen lluvias sobre mi casa y la sueño barco de madera. Me sueño navegante, Marco Polo, una persona que se descubre descubriendo. Un navegante navega siempre aunque no tenga barco y esté en dique seco. Esa es la mejor defensa, que el movimiento nunca dependa de otros. Ellos mandan quieto, firmes; yo, vuelo acróbata sin moverme, sin pestañear, solo con la sonrisa.

Darwin dijo: “No sobreviven los más fuertes ni los más inteligentes, sobreviven las especies que se adaptan mejor”.

La evolución es tan perfecta que los que se mueven en exceso hoy, los que disimulan, se agitan y se agotan en lo instantáneo, desaparecen. Cuando llega el momento del largo plazo están sin fuerza, inertes, muertos a su manera de vivos insustanciales. Pero a veces el largo plazo es demasiado largo.

Escribo y llueve. Gotas-palabras; palabras-gota. Llueve y navego entre tiburones.

« Newer Posts - Older Posts »