Hay personas que están convencidas de que el mundo se acaba en 2012. Además de los guionistas del bodrio que llevaba ese título y del calendario maya, está la hipersensibilidad religiosa de los hombres y las mujeres de fe. Y alguna virgen falsa que se aparece por el norte de España repite la cantinela. Los más católicos utilizan el asunto del calendario maya como la última prueba irrefutable de las pruebas irrefutables. Pero lo que se acabó fue el calendario, o las ganas del calendarista de seguir contando días sin que nadie le hiciera caso, o se murió sin relevo, o hubo un ERE brutal entre los calendaristas, que todo puede ser. Lo que casi se acaban son los mayas por los efectos colaterales de la conversión a la fuerza. De eso no se habla.
Cada terremoto, maremoto, accidente nuclear, revolución, ley de matrimonio gay o lo que sea se presenta como prueba empírica de que algo anda mal, de que el mundo se acaba. Pero esas mismas personas tan pesimistas piden créditos (sería pecado si saben que no podrán devolverlos) y están deseando que gane Mariano Rajoy las elecciones de 2012 para que todos tengamos un futuro mejor. Hay lógicas ilógicas que me confunden.
Si hay que elegir entre escribir un Gran Reportaje que no le interesa a nadie y los 140 caracteres de Twitter, me quedo con lo segundo. Es barato, descansado, ecológico, directo y, a veces, inteligente. Me gusta Twitter. Debería ser una herramienta obligatoria para los políticos tan dados al rodeo. Nada de discursos: solo 140 caracteres; la mitad para promesas. Hoy han estado unos cuantos en Huesca (#congresohuesca) y no han salido bien librados. La gente está hasta el gorro de monsergas. La España-política carece de discurso, es un disco rayado: personas que repiten un sermón del que olvidaron hasta la letra. Preguntas una cosa y responden con el corte 3 del cedé mental. Al menos los periodistas estamos en crisis profunda, y lo sabemos; eso nos obliga a estar alerta, a ser imaginativos.
En esta crisis suceden cosas tan divertidas como leer en ABC que a su periodista Areceli Acosta le han dado un premio. Me alegro por ella. Lo que no se dice en la información es que a Araceli la despidieron hace un mes por recortes de gastos. Sin duda, un despiste del redactor.
A los políticos los despiden en las elecciones, menos en el caso de IU que se despiden a sí mismos antes para estropear sus opciones. A los políticos despedidos no les dan premios, tampoco los apuntan al paro. Caen de pie. Para caer de pie hay que ser leal, sinónimo de cínico, mudo, vasallo, pelota. Hemos hablado en Huesca de la crisis del periodismo, que es de lo que hablamos los periodistas desde antes de la crisis. Me han preguntado si tengo soluciones al problema y he dicho que sí, pero que me las reservo en espera de una oferta. En realidad hay receta y es sencilla: talento, humildad, suerte y más suerte.
Huesca, fin del mundo norte, pero con AVE. En unas horas se inaugura el Congreso de Periodismo Digital, una referencia para todos. Hace noche de calor y vapor (etílico). Mañana hablaremos de periodismo y nos tuitearemos cada palabra y cada silencio. Impone hablar ante un auditorio que te repica. Me gusta que los periodistas hablen de periodismo y no de recorte de gastos y ahorro. Javier Pérez Albéniz (El Descodificador) me estropea los chistes porque se ríe más con sus comentaros, que son mucho mejores. Pienso en él y en Bru Rovira y me pregunto qué diablos de periodismo es este que se permite el lujo de tener a personas de este talento en paro. Es tarde. Hora de dormir, de roncar pensando en Gervasio Sánchez, el otro gran roncador. Mañana, es decir, en un rato, más.
El día de la mujer trabajadora me ha dejado exhausto: mujeres-todos-los-días-lucha. No es la primera vez que me sucede. Escribo un post en el periódico y me quedo seco, como si estuviera sentado en una bañara a la que se le evaporó el agua. Estoy sentado en el suelo de casa, seco, sin agua ni bañera, con el portátil sobre las piernas en busca y espera de palabras que no llegan.
Hay tardes-noche en las que las palabras que viven conmigo se esconden nada más oír la llave en la cerradura. Sé que están allí porque escucho sus carreras apresuradas, las risitas nerviosas y los cuchicheos. No sé dónde se esconden las palabras traviesas. Las más miedosas se meten dentro de los armarios, entre la ropa, como si fueran gatos. Tengo mis trucos de viejo: enciendo un palo de incienso, lo clavo en una piedra traída de la playa y dejo que ahume el salón. Me siento en la butaca y espero. No tardan en oírse las primeras toses minúsculas, toses de proposiciones, prefijos y artículos, que son los más débiles. Sé que son ellas, las palabras atosigadas por mis excesos orientalistas.
Luego les pongo música, Battiato, por ejemplo, para que no me cojan manía, que después me pongo a escribir la novela y me quedo sentado en la bañera, seco de talento.
Los más rebeldes son los adjetivos. Me tienen ojeriza porque como periodista debo escribirlos poco porque opinan mucho y condicionan al lector.
Ya es martes. Mañana duermo en Huesca porque el jueves comienza el Congreso de Periodismo Digital que allí se celebra. Es el más importante. Voy para participar en una mesa redonda. Me invitan para hablar pero a me gusta ir porque sé que es donde más puedo aprender.
Cuando pienso en mujeres-valiente, mujeres-ejemplo, mujeres-roca veo la figura inconmensurable de mi abuela Germaine: dignidad y respeto. La vida es aprender a caminar con la cabeza erguida, como los bueyes de Miguel Hernández. Caminar sin miedo con la vista levantada por si pasan las estrellas. Y pasan, pasan cada noche cuando comienza el sueño.
Hay mujeres-fuerza que luchan con las manos; otras, con la mirada. O con la voz. Hay mujeres que nunca se derrotan. Son mujeres-ancla, mujeres-muelle.
Hoy debería ser el día de los no-hombres, de los nada, de los cobardes que maltratan, de los acosadores, de los esclavistas, de los que nunca lloran.
No creo en los días de. Suenan a negocio y a letanía.
Cuando pienso en mujeres-valientes vivas se aparece Maud, mi madre; siempre remando haya o no haya agua. Y se aparecen mis tías, las de Inglaterra, que de España no me llegan mujeres ni hombres, solo me llegan ordenes, gritos y bofetadas.
Cuando pienso en mujeres huelo a hierba y a mar de algas, a país extranjero y a lluvia.