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La realidad no está ni se la espera

Son los tiempos: fluye tanta información desordenada por el ordenador (puestos, sería mejor decir computador) que no me entero de nada; eso sí, estoy contentísimo porque tengo la sensación contraria: puedo saber al instante qué sucede en el último pueblo de Siria o tener información exacta sobre los malévolos planes de la no menos malévola troika, que esto es ya un sinvivir de tensión narrativa: ¿estrangulará uno a uno a los pérfidos griegos (qué huevos tienen)? ¿Irán después a por los portugueses?, otros derrochadores en mala vida.

Puedo conectarme con blogueros, tuiteros, youtuberos para que me narren en tiempo real si cagaron a gusto por la mañana o si las lentejas de mediodía les quedaron duras. Cada uno narra en multimedia, o algo parecido, su guerra, personal o nacional, que la imaginación vuela, y vuela para todos. Los periodistas nos hemos disparado en los pies, en la cabeza y más abajo. Nos hemos lanzado al mismo torrente con igual o más velocidad, convencidos de que el nuevo maná está en la cascada y no en el contexto, que era hasta hace un par de días la esencia de nuestro trabajo, del negocio. Para entender no necesito mil tuits, me basta un contexto.

No he podido acudir a la manifestación de Madrid por razones familiares, y aquí estoy, secuestrado y ansioso de saber, rastreando en la Red en busca de respuestas pero solo encuentro vaivenes.

EL PAíS. Antetítulo: Primera gran protesta contra el Gobierno de Rajoy. Título: Decenas de miles de personas rechazan en la calle la reforma.

EL MUNDO. Rajoy:  “La reforma laboral es justa, buena y necesaria para España“. De segundo tema: Miles de personas dice ‘no’ a la reforma.

PÚBLICOClamor contra el decretazo.

ABC. También elige unas palabras de Rajoy como noticia principal. “España quiere ponerse de pie y salir del atasco“. Como segundo tema: Miles de personas salen a las calles en 57 ciudades contra la reforma laboral.

LA RAZÓN. Arranca con el presidente del Gobierno. Rajoy defiende la reforma “porque evitará que se destruya empleo”. Segundo. Los sindicatos amenazan: “El Gobierno tiene en su mano lo que suceda”. Tercero: manifestaciones en 60 ciudades.

LA VANGUARDIA. Decenas de miles de personas se echan a la calle contra la reforma laboral.

EL PERIÓDICO DE CATALUNYAClamor contra la reforma laboral.

Pongo la televisión y la Primera, aún zetapetista, arranca con las manifestaciones; en segundo lugar, la clausura del congreso-tupperware del PP. Los van a modernizar en menos de tres telediarios. Sale Javier Arenas; es como Carmen Chacón, no sabe distinguir una cita alrededor del té a las cinco de un aquelarre de telepredicadores. Grita, agita, suelta spots por la boca, suda, destiñe moreno. No me gustan los políticos que mienten, los que prevarican con la realidad, los que se impostan. Están en todas las siglas, están en otra realidad, la que ha invadido a la mayoría de los medios de comunicación. No me gustan los que les siguen el juego, que los cortan y pegan, los que no explican el fondo de la corriente porque explicar es caro, cansado y trae problemas con quienes se sienten explicados.


Me interesan más este tipo de trabajos, como el experimento del diario The Washington Post con el violinista Joshua Bell: la gente que pasa de largo, que no escucha, no ve, viaja en la misma realidad cansina que nos invade, en el mismo ruido, en la misma nada.

Indemnizar a los que despiden, solo por el sofocón

El Congreso de los Diputados ha aprobado una ley del PP que parece de izquierda: limitar los sueldos de los ejecutivos de los bancos con ayudas estatales o intervenidos. ¿Es también retroactivo, como mi futura no-pensión, la pérdida de derechos y salario? Otra sencilla: ¿estaba tan ocupado el PSOE aplicando medidas de derecha que no se dio cuenta de que tenía campo por su banda? Mucho me temo que hay Marianorajoy para rato y Rubalcaba para poco.

En la venta de la reforma laboral, que es el mayor ataque a los derechos laborales en la democracia, han logrado desviar la atención de los sindicatos, que andan por ahí alma en pena murmureando que el Gobierno ha aprobado el despido gratuito. No es cierto; algo pagan, poco, muy poco, pero pagan. Lo que ha hecho este Gobierno en estado de gracia es cargarse de un golpe la negociación colectiva, la representatividad de los comités de empresa y la seguridad jurídica y salarial de millones de empleados. La nueva ley laboral deja al trabajador al albur del empresario o de sus representes la decisión de quién vive y quién muere, como en las guerras sin normas. La ley fomenta la impunidad, el abuso.

Si esta reforma no funcionara, vendría otra. En la futura reforma laboral-4, los despedidos no solo dejarán de percibir cualquier tipo de compensación y finiquito, sino que deberán abonar a sus empresas una indemnización por el sofocón de tener que echarles a la calle y haberles aguantado tantos años en plantilla, sea su contrato fijo, eventual o basura.

El no-crecimiento de Portugal, que ha hecho los deberes exigidos por Merkozy para salir en la foto, y alguno más por subir nota y pelotear al profesor de alemán, demuestra que esto del ajuste es poco efectivo, pues su economía no deja de hundirse, como la griega.

Dicen que debemos dar tiempo a Marianorajoy; se lo merece: ganó las elecciones por mayoría absoluta. Es cierto que prometieron no subir los impuestos ni ayudar a despedir a saldo, pero ya se sabe, la herencia, la desmemoria, las calenturas de la oposición. Sé que hay crisis, lo veo, lo escucho, lo padezco, pero estoy convencido de que la crisis misma y sus remedios son parte de la mayor estafa de la historia. No solo nos birlan dinero, es que se llevan todo, hasta lo bailao.

No sé a qué espera el Gobierno a meter mano a la sanidad y a las escuelas públicas, a retransmitir la Cuaresma por TVE e imponer el ayuno obligatorio y el potaje de garbanzos (¡qué rico!) de los viernes, a prohibir el divorcio y las bodas civiles. Todo vale frente a esta sociedad amansada, temerosa y superficial que, como a los sindicatos alma en pena, anda sin norte ni sur, aplastada por las deudas y el hombre del saco. Mientras esperamos a un 15M 2.0, tenemos el Carnaval para disfrazarnos de lo que nos gustaría ser. Para mimetizarme con el ambiente, me pido pirata-mala-leche. Buen fin de semana.

Disparad contra Jonathan Littell

Empiezo por lo importante: me gusta Jonathan Littell, como periodista, escritor y persona. No me siento ofendido porque mi periódico publique reportajes suyos sobre el conflicto armado que padece Siria. Tampoco lo estaría si el autor fuese Jon Lee Anderson o tantos otros. Nunca miro la nacionalidad del periodista, solo leo su resultado. No he escrito Las benévolas ni me han dado el Gouncourt ni he demostrado tener un talento similar a estos dos ejemplos. Me siento muy feliz de que mi periódico apueste por las grandes historias, las prefiero a las declaraciones, a las reuniones de la UE y a los Congresos de la nada.

He leído en Faisbuk que compañeros de profesión, a los que estimo y sigo, están ofendidos porque consideran que el diario menosprecia a los freelance españoles. Es un argumento nacionalista que no comparto. Yo sé que Enric González es el mejor periodista de El País y que a su altura está Jacinto Antón, otro tipo con mucho talento. No me siento en cabeza de nada. Siempre he tratado de competir con la historia que tenía delante, nunca con los demás. Pensarse mejor que Little por el hecho de ser estadounidense (es también francés, es decir europeo) es una falta de humildad que de mantenerse en el terreno nos empediría sosprendernos con nada más allá de nuestro propio ego.

Sé que ser freelance, y más en este país, es un acto valiente, que se paga mal y tarde y se recortan las tarifas en todos los medios. También sé que los buenos no tendrían que preocuparse.

La defensa de este oficio no debería ser chauvinista, ni sumarnos al casposo nacionalismo español que ha reaccionado al humor de los guiñoles franceses con tics censores, franquistas. Una empresa privada publica lo que quiere y de quien quiere. Basta que medie un acuerdo económico. Deberíamos preocuparnos más de los que piratean el trabajo sin pagar un euro. El enemigo no son los buenos, son los impostores.

(Siento el sermón, pero me ha salido de corrido).

Me he despedido a mí mismo dos veces

Esta tarde me he despertado de la siesta con el dedo tonto y me he despedido a mí mismo de la empresa que no tengo. Mi yo de repuesto se ha quedado atónito al otro lado del espejo. ¿Por qué?, preguntó. Torcí el gesto a la derecha, que es por donde sopla el viento. Podía haber sido soez y responder: porque me da la gana, pero queda feo, poco liberal. O porque la ley me lo permite, un lenguaje más ajustado a la realidad. Cuando llevaba con el gesto torcido demasiado tiempo y me empezaban a doler los labios, he encontrado la réplica adecuada: te despido por baja productividad, por dormir la siesta. Mi otro yo ha protestado con un ¿cómo? largo, armonioso, seguido de una perorata exclamativa: si hacemos lo mismo, somos parte de la misma persona, tendrías que despedirte a ti también.

Me ha convencido y me he despedido dos veces. Montoro debería estar orgulloso de mi; ya me veo en los telediarios y en las tertulias.

Si esta situación se extendiera, dios todo poderoso no lo quiera, el INEM estallaría y pasaríamos de cinco millones de parados a cuarenta en un santiamén. Si esto sucediera estoy convencido de que el Gobierno quedaría también despedido.

Si España fuese EEUU o Alemania, donde los empresarios son mejores, visto el resultado, donde arriesgan, ganan o pierden, despiden y contratan… Si España fuese un país nórdico (mejor que EEUU y Alemania) estaría tranquilo con el decreto ley penal del viernes pasado. El problema es que España es España. Aquí no existen emprendedores, sino depredadores; no hay aventureros, sino especuladores. No hay inversores, sino personas que vacían la caja del día por la tarde-noche y se llevan los euros a casa, que pagan las nóminas si pueden y no se atreven jamás. El problema para muchos empresarios valientes, que los hay, es que España es España también para ellos y que su negocio depende de quién esté en el poder, en la comunidad, en el ayuntamiento o del listo con contactos que pasa por encima de los honestos, que campea con sus trajes no pagados limpio de justicia. El PP debería aprobar otra ley que nos permita despedir a los malos empresarios. Sería un buen comienzo, todos despedidos y a barajar de nuevo.

Del blog Y si nos quitan lo bailao?

Solo dos viejos testarudos pueden salvar Grecia

Los países sin memoria tienen algo más que deudas económicas con bancos insaciables y troikas y angelasmerkeles encaramados a la espalda devorándoles el futuro a varias generaciones. Los países sin memoria están perdidos, reducidos a un decorado: aquí, la impostura; detrás, la tramoya. Este domingo zaranderaron en las calles ardientes de Atenas a dos conciencias políticas y éticas de Grecia, de nuestra Europa, de la que debe millones y de la que exige pagos e intereses desde la soberbia, desde una religión que predica infiernos en la tierra a cambio de paraísos todo a cien en el cielo, una cultura que sostiene que el trabajo nos hará libres cuando el trabajo mal pagado y sin derechos nos hace esclavos, nadies.

El domingo violentaron en las calles incendiadas de Atenas a Manolis Glezos, 91 años, quien a los 16 se subió a lo alto del Partenón y retiró la bandera nazi izada por los ocupantes. Ese gesto de rabia, de rebelión, de libertad, le costó tres penas de muerte y fue el inicio de la resistencia. También atacaron a Mikes Theodorakis, el compositor de la voz de la nueva Grecia, de la Grecia democrática y esperanzada. No me gustan los antidistutbios que aporrean sin saber lo que aporrean, sin reparar en edades, condiciones ni leyendas, sin saber siquiera la historia del país que dicen defender en beneficio de otros.

Esos dos hombres testarudos, contestatarios, no quisieron quedarse en casa y esperar a que otros protestaran en su nombre. Salieron a dar la cara porque esa es su biografía personal de lucha y resistencia, una historia de valor y dignidad. Gracias, viejos, por tanto ejemplo. Nos vemos el domingo en Madrid.

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