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La Liga para quien la trabaja

Saber ganar es muy difícil; perder, también. Son extremos emocionales en los que la costumbre no ayuda. La Liga la ha ganado el mejor equipo, el más regular, el que ha hecho (aún anda en ello) unos números estratosféricos en goles y puntos. El Real Madrid ha llegado a la altura del Barcelona después de cuatro años de ir a remolque. Este Barcelona, pese a que empieza ceder, es el más excelso que he visto en mi vida, un detalle que añade méritos.

El Real Madrid tiene mayor profundidad de banquillo, un equipo compacto en el que todos (menos Kaká) han dado la versión óptima. Destacaría la seguridad de Iker Casillas, sobre todo en sus declaraciones rivalizadoras con el despreciable discurso único del entrenador; la aparición imperial de Sergio Ramos, que hará época en esa posición; a Mesut Özil, el tipo con más talento de la plantilla; Karim Benzema, un killer que sabe jugar al fútbol en casi todas las circunstancias y Cristiano Cristiano, un atleta que le sobra prepotencia, bicicletas de adorno y castigo y gestos como el de ayer ante Javi Martínez, que tampoco estuvo bien.

Pep Guardiola ha interpretado un personaje estos cuatro años: él mismo. Como señala Eduardo Mendoza, no sé si logrará sobrevivirse de tanto éxito y ego. Tiene mérito, al menos desde el punto de vista teatral, mantener el Buda con Mourinho en la acera de enfrente haciendo pedorretas diarias.

Ayer, por fin, en el relajo de su despedida, emergió el otro Pep, el verdadero, el que le gustaría hablar abiertamente de los árbitros, cargarse en la madre que los parió, justificar la derrota de su equipo en los demás, no en sus errores en el diseño y gestión de la platilla, o aceptar el crecimiento del rival. Una pena; me gusta más Guardiola que Mourinho.

Estoy feliz por la victoria de mi equipo, pero es una felicidad enmouriñada. Me lo imagino el año próximo con la misma cantinela, crecidito.

Los árbitros yerran, y mucho. No cuentan con ayudas tecnológicas suficientes y algunos son malos, como Iturralde. Ayer, el de Bilbao no debió expulsar a Javi Martínez y quizá pintar penalty por mano de Khedira, que no me queda clara porque la Sexta no tenía toma buena, desde el otro lado. En Barcelona, Messi marcó dos goles de regalo en sendos penalties que eran faltas fuera del área. A Pep le gustaron, solo echó de menos otros muchos así en la Liga, que “llegan ahora, cuando ya no hacen falta”. Ni Real Madrid ni Barcelona se pueden quejar de los árbitros, son los más beneficiados. De los árbitros se pueden quejar los equipos que pelean por no descender: Zaragoza, Rayo, Villareal; para ellos dos puntos de menos puede ser una tragedia.

Aún queda la Copa del Rey; confío mucho en Marcelo Bielsa. Y la Eurocopa, en la que tengo malas vibraciones. Sin Xavi Hernández a tope no habrá trofeo.

San Pep

Pep lo ha conseguido. Además de ganar un montón de títulos, y formar un equipo de ensueño, va a ascender a los cielos. Cuando leo y escucho las loas acríticas hacia su figura pienso que además de gran entrenador es un hipnotizador de masas y periodistas. Guardiola llegará lejos. Si no pierde la estrella será político, o presidente del Barça, que mancha menos que recortador de Sanidad.

Me gusta porque es educado, el hombre que toda madre desearía para su hija. Pero hay algo en el personaje expuesto que me parece impostado, demasiado redondo, con una sencillez teatral tan excelsa que resulta irreal. Cuando le escucho veo al bueno de un cuento budista.

No tengo ni idea si Tito Vilanova triunfará. Solo sé que este Barça está en el final de un ciclo glorioso, el de Xavi Hernández. Quizá le suceda otro y otro, pero está por ver. Este Barça arrastra algunos déficits, como España. Varias estrellas de la Masía empiezan a comportarse como estrellas de rock. Sobre todo Piqué, que lo baila bien acompañado. Y Messi, que no soporta una suplencia de cinco minutos. Veremos cómo evoluciona el virus del éxito y el halago perpetuo. Dicen que Alves anda un desbocado y está claro que la platilla es corta. Quizá por eso se va Pep, para no ensuciarse y mantener la inmacubilidad de su santa figura.

Vilanova parece ser el táctico, el que está detrás aconsejando, quien tiene el partido y los cambios en la cabeza. Le gusta pasar desapercibido. Mal asunto en un club de alto nivel: todos los días bajo el foco y la lupa. No sé cómo es su carácter. Solo que si le meten el dedo en el ojo responde con un cachete.

Todos los que alaban a Pep alaban a Tito, sin fisuras, pese a que nombre no estuvo en una sola quiniela nadie se sorprende. No es lo mismo aconsejar que mandar, dominar un vestuario de jóvenes bien pagados perseguidos por fans de todo tipo y sexo. Tener cabeza a los veintipocos es excepcional.

Enfrente, si no media un milagro, estará Mourinho, otro personaje, el Joker de Batman. Bauticé a Karanka como Mouranka en Twitter por su empeño constante de ser maleducado, como su jefe. También podríamos decir Flourinho, el gran culpable de la pérdida de valores, de norte, en el Real Madrid. Al menos nos queda Iker Casillas. Buena semana.

El Gobierno del seudónimo no tiene memoria

Sábado nubloso; llueve. Por la ventana, grisura, una casa fea de la España que regresa. Es un puente largo: persianas echadas, ventanas vacías, calles menos llenas. Es puente eterno para millones de personas que puentean obligados cada día sin encontrar trabajo, amenazados por nuevos recortes en la ‘paga’ por desempleo, subidas de impuestos, de ivas y venías camufladas en seudónimos.

Este es el Gobierno del seudónimo, del incumplimiento de promesas y frases redondas con las que se llenaban la boca en la oposición, y hace un par de días, que el tiempo vuela. Ahora, la oposición se llena la boca de frases cocinadas que no existían cuando eran Gobierno de presunta izquierda y faltaban a valores, al contrato de su programa. Gobernar debe ser una forma de amnesia, de caradurismo y estafa.

Existen las hemerotecas, aún quedan vivos periódicos sostenidos de un hilo que se rasga, redes sociales que multiplican el eco, no siempre el origen del ruido. Hay memoria suficiente para exponer a los farsantes, a los que decían A y repiten B sin mudar la mueca. Faltan ciudadanos valientes que protesten, demanden otras soluciones y dimisiones. Valencia es el modelo del silencio cómplice que se exporta a una España muda, miedosa, cutre como dice Eduardo Mendoza.

Este Gobierno y el anterior son productos de un mal mayor, extendido: nosotros. Creímos que endeudarse hasta más allá de las cejas era una manera de ser rico eterno. Tuvimos cómplices: los bancos, que se lucraron, lucran y lucrarán impunes siempre, incluso en el desastre que se adivina.

Pese a todo soy optimista; dependo de mi capacidad de serlo, de pelear cada día, de no dejarme doblar. La dignidad no da dinero, no cotiza en Bolsa. No entra en las cumbres del G20 ni en las reuniones de la UE ni en muchos consejos de administración. Una pena, porque es un valor seguro, genera confianza y la confianza es la esencia del crecimiento, del beneficio. Buen fin de semana.

Lo inteligente es felicitar al Bayern

Tan ciego es culpar a la pelota que no entra, al árbitro, como ser ventajista y no dejar títere con cabeza en la derrota. El Real Madrid ha caído; le faltó lo que le sobra: gol. Lo inteligente es felicitar al Bayern, pensar que aún faltan seis puntos para ganar la Liga y preparar la próxima temporada. Esta, si nada se tuerce, será mejor que la anterior.

Ni el Barça ni el Real Madrid han llegado en su mejor momento a las semifinales. Tanta es la superioridad que exhiben en casa que escasean los partidos grandes y exigentes para medirse y crecer. La culpa no es del Valencia, claro, ni de los demás equipos, pero sería una buena idea algún tipo de tope salarial o de fichajes por año para mejorar la igualdad, como la NBA.

La culpa no es de Mourinho. Tampoco de Coentrao, un jugador limitado. Me gustaría que el equipo jugase más al fútbol, que tuviera más el balón, que fuese menos defensivo. Con Granero en lugar de Di María sería más fácil. No me gusta el argentino. Es rápido y cuando se acuerda pasa bien, pero tiene un defecto grave: no piensa. Casi todas sus decisiones son equivocadas; corre sin cabeza, conduce demasiado. No me ha convencido nunca. Tampoco Kaká, el hombre blandengue de El Fary. Carece de la fortaleza mental para jugar en este equipo.

Mourinho, de quien no me gustan sus formas de Latin King ni su concepción del juego, ha sacado de Benzamá el jugadorazo que tenía dentro. Ha mejorado a Macelo, fantástico en defensa. Sergio Ramos camina por la senda de Puyol. Me gustaría ver en Sahin el conductor que intuyo. No creo que sean necesarios grandes cambios para la próxima temporada. Quizá alguien más en el centro de campo, quizá un defensa lateral derecho que sepa centrar. Me ha sorprendido que Pepe, otro sin cabeza, saque tan mal balón; todos sus pases largos han sido defectuosos.

El Barça necesita más retoques que el Real Madrid: le falta profundidad de banquillo. La próxima temporada estará de nuevo en todas las pomadas porque pese a un cierto agotamiento mental son muy buenos. Dependen de Xavi, ese gran entrenador con pies de enorme futbolista, irrepetible, el mejor mediocentro que he visto en mi vida. No hay sustituto para un genio así. Ni Fábregas.

El Real Madrid tiene un equipo joven. Puede y debe crecer. Me siento triste, pero no abatido. Es una pena porque el Chelsea es bastante peor y tiene cuatro bajas de peso. Ahora confío en el Atlético de Madrid y en el Athletic. Suerte.

Los vendedores de ilusión no explican las derrotas

El día en el que El Roto retrata con lucidez las causas de la crisis (del Periodismo) rastreo la prensa deportiva en busca de luz, información, análisis. La de Barcelona recurre a la mala suerte para explicar la clasificación del Chelsea, “la pelotita que no quiso entrar”, que dice Rossell, “ganó el antifútbol”, los postes. Nadie cuestiona a un grandísimo entrenador que lleva meses sin decir si se queda o se va, que genera incertidumbre, que parece necesitar que todos hablen bien de él y sin dudas sobre su superior entender, como en las sectas. Guardiola se ha creído el personaje, ha perdido parte de la humildad que generó el éxito, el mejor equipo que he visto junto al Milan de Arrigo Sachi.

El problema estructural es una plantilla corta que no ha tenido recambios para Villa y Abidal. ¿Por qué un plantel tan ajustado? Parece que Guardiola se siente incómodo con las estrellas (Ibrahimovic, Eto’ó), que prefiere rodearse de jugadores made in La Masía (Messi es uno de ellos). El Barça es un equipo que juega de maravilla, que toca y retoca, y que ha perdido el compás en el momento clave de la temporada. Los creadores de espacios han dejado de verlos con tanta facilidad . Este es un juego apasionante en el que no puntúa tener el balón; siempre gana el equipo que mete más goles.

Si leo la prensa deportiva de Madrid no encuentro mucho más, ni sobre el Chelsea ni sobre el Bayern. Hay demasiado hooliganismo, demasida ilusión vendida.

En estos casos me gusta la prensa británica. Tras la victoria del Real Madrid en el Nou Camp me enteré, por ejemplo, que Özil es el mejor pasador que ha tenido Cristiano (17 pases de gol), uno por encima de Giggs. Un récord logrado en dos años. Los periodistas deportivos británicos suelen destripar el juego desde ángulos que se escapan al lector normal, que ayudan a entender los porqués, qué falló, qué es lo que está fallando. En España lo hace Santiago Segurola.

No sé si el Barça ha cerrado un ciclo, pero si sé que ya no está tan excelso. ¿Crisis temporal? Para mí el número uno es Xavi Hernández, el gran genio, la esencia de los éxitos del equipo, de Messi y de la selección. Cumplió 32 años, un problema que empeora. El Barça tiene La Massía, un estilo, un camino. No se perderá. El Real Madrid tiene también su estilo, un juego más físico y directo, de gran pegada. Solo falla un detalle: Mourinho. Detesto cuando se pone barriobajero, cuando culpa a los árbitros, cuando mete el dedo en el ojo, cuando demuestra que el orden universal en su cerebro es yo y los demás. Un mal ejemplo.

Cuelgo links de prensa inglesa de hoy, por si ayuda.

-Ben Smith, de BBC, destaca el trabajo de la vieja guardia del Chelsea.

-Daniel Taylor, del Guardian, proclama a Torres como héroe de la noche.

-Henry Winter, Telegraph, arremete contra Terry, que perdió una oportunidad para redimirse del escándalo racista.

-Sam Wallace, Independent, no duda en escribir la palabra milagro para explicar lo ocurrido.

Antes de la eliminatoria leí, no recuerdo dónde, quizá en el Guardian, un titular que explicaba todo: “Para pasar el Chelsea necesita hacer el partido de su vida… Dos veces”.

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