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Catalunya, ¿y ahora qué?

Si fuera catalán y no la mezcla rara que soy (gallego, madrileño, normando y sajón, nacido para colmo en Venezuela) sentiría la tentación de la independencia; estaría aún conmovido por la manifestación de ayer, entre liberado de un fantasma, de un tabú, y asustado, en tierra de nadie, sin mapas ni plan, sin líderes, solo una banda de oportunistas con corbata que siguen a la gente para no bajarse del carro, su profesión.

No es solo el número de manifestantes en Barcelona, que si dos millones, que si uno y medio, que si 600.000, sino el clamor que se extendió por los pueblos y en los bares de todo el país (¿se puede decir ya?) decorados con la bandera independentista. Eran generaciones de emoción acumulada.

La independencia de Catalunya ya no es un sueño loco, una forma de tocar las pelotas a Madrid o de sacar más dinero y competencias, ahora es una opción cabal, posible. Hablé anoche con mi amigo Bru Rovira, catalán de pata negra, pero poco dado a la exhibición de lo que es y siente, un tipo con la mente abierta, un africanista que ha vivido los Balcanes, como yo. Me dijo que el clic es la crisis económica, la misma hartura que nos embarga a todos, la misma sensación de estafa. “La diferencia es que en nuestro caso existe la posibilidad de pensar que solos nos iría mejor”.

Habrá que ver cómo leen la Diada los políticos y opinadores profesionales. Artur Mas es previsible, como buen convergente intentará apropiarse del éxito, enarbolarlo, bañarse en él. Mariano Rajoy también es previsible: no hará nada o dirá una sandez, meterá la pata. Aguirre galopeará sobre El Cid olvidándose de que era un mercenario al mejor postor, fuese moro o cristiano. Hablará la caterva del nacionalcatolicismo español con sus intereconomías, gacetas y telemadrid que a mí, personalmente, me pone de hígado, como cualquier caterva nacionalista. No me gustan los excluyentes, ni los visionarios, ni los salva nada.

Catalanya fue republicana hasta el último minuto y pagó el precio; eso dejó una impronta.

Es posible que la Diada sea, el tiempo dirá, como las manifestaciones contra la guerra de Irak, masivas en toda España, o como el 11-M, algo que se diluye porque nadie sabe cómo manejar un sentimiento, una emoción. Puede que la Diada de ayer sea la puesta en escena de una nueva generación que se ve reflejada en Croacia, Eslovenia y Escocia, convencida de que la independencia es un abracadabra: la economía funcionará mejor, tendrán más infraestructuras, menos peajes, menos deuda. Las bofetadas vienen después, pero parecen mejores porque son tus bofetadas.

Las independencias civilizadas se pactan, como los buenos divorcios. Deben existir unas condiciones para celebrar un referéndum, un calendario razonable. Ayer recordaba el precedente de Montenegro. Javier Solana, que era el Mister PESC de la UE, les impuso dos condiciones: un 60% de participación, que rebasaron con creces, y un 55% de síes. Ganaron por los pelos, pero ganaron. Este es el precedente para Catalunya y no Kosovo tan mal gestionado por el Gobierno Zapatero y por el de Rajoy.

En la UE actual en la que los Estados tienen que perder más soberanía, si queremos que sobreviva el sueño europeo, la independencia de las regiones tiene un efecto menor; en el fondo solo es otra silla en la mesa de un Consejo saturado más allá de la cuestión sentimental.

España no se rompe por Catalunya sino por la pérdida de derechos sociales, laborales, por las estafas bancarias, por una clase política mentirosa e incapaz, porque un tipo como Adelson es la salvación, el maná, por los empresarios sin visión, los del ladrillo (también los hay en Catalunya, que pregunten al hombre milagro de Port Aventura), por un Gallardón que mea agua bendita por cálculo de ascenso, por los coches oficiales sin control, por las dietas, por la señora Cospedal (vaya tela, la de los tres sueldos), por los Rouco y cia….

Lo sentiría por el Barça, que quedaría preso en una Liga Catalana, y por el Real Madrid, que se quedaría huérfano de adrenalina. Lo sentiría por todos porque sería un fracaso colectivo, un no haber sabido estar, respetar la diferencia, convivir. En treinta y tantos años de democracia no hemos sabido crear una economía productiva, una democracia real, una casa en la que todos puedan sentirse a gusto, parte de ella, importantes, incluso los sin papeles.

Tampoco hemos sabido gestionar nuestra memoria historica, rescatar a los muertos-desaparecidos ni pedirnos perdón. España es hoy una habitación irrespirable. ¡Qué alguien abra la ventana, por favor! Sea lo que sea, mucha calma y una canción.

Aguas fecales revueltas en el PP

Bajan revueltas las aguas fecales en el PP. El asunto Bolinaga ha desatado una guerra nada soterrada entre dos sectores: los muy de derechas y los bastante de derechas. Hay que reconocerlo: este Gobierno es de Guinness, gobierna y se opone a sí mismo simultáneamente sin esperar a lo que diga Rubalcaba. Oponerse a lo que sea está entre los mejores y más demostradas virtudes, tanto cuando se sienta en la bancada azul como cuando tira piedras desde la otra.

La descalificación permanente de la política antiterrorista de Zapatero y de sus intentos por lograr el fin de la violencia, que les llevó a afirmar que él y su ministro de Interior eran lo mismo que ETA, les pasa factura. No es posible mentir siempre y en todo. Existen líneas rojas para un electorado.

Se puede proclamar y firmar a la luz del día pasquines contra la subida del IVA del PSOE, prometer bajar los impuestos y después subirlos todos, los del IVA y los del ‘BENÍA’; se puede afirmar que no se tocará la Educación y la Sanidad y asestarles un mazazo. En España se puede mucho, incluso manipular el lenguaje, cargarte tus propios pactos de una RTVE de todos, porque aquí tenemos las tragaderas anchas. Pero en el asunto vasco la cosa es diferente; es una bandera emocional, agitada durante años de forma irresponsable y oportunista. No se puede acusar a Zapatero de cómplice y diez minutos después seguir su misma política sin que medie alguna explicación.

Utilizaron a las víctimas del terrorismo en el desgaste del PSOE, en su venganza por la derrota del 14M con el tal Alcaraz al frente, convocaron manifestaciones millonarias (según Aguirre que cuenta de diez en diez, como Rouco) erigiéndose en defensores de los valores patrios, del castillo de las Españas, convirtieron a Pilar Manjón en su enemigo porque no les bailó el agua, manipularon los atentados del 11M, primero para que parecieran de ETA, después para no pedir perdón y admitir errores.

Mariano Rajoy mantuvo años la falacia del ha sido ETA, o ‘no está claro quien está detrás’, a sabiendas de la verdad, solo por rédito electoral. Toda esa mierda se vuelve ahora contra el Gobierno, ese que vivía en otra realidad, la del cuento de una derecha buenísima y liberal que todo lo arreglaba con sus manitas de mazapán.

Mayor Oreja es un tipo menor pese a su apellido exagerado, atrancado en un discurso tardofranquista, rancio. Parece un cardenal cínico: defiende cosas en las que no cree porque le dan de comer y una cuota de poder y de pantalla. Siempre respeté a María San Gil aunque comparto poco; no parecía tener cálculos, lo suyo le salía de las entrañas. Basagoiti era aire fresco, ahora nublado por una campaña en la que al parecer es necesario decir tonterías populistas.

Detrás del caso Bolinaga está la lucha por destronar a un tambaleante Rajoy. Esperanza Aguirre huele sangre, a muerto futuro, y prepara sus cartas, su ascensión. Gallardón, que nos la dio con queso, es un doble oportunista de la presidenta de Madrid y por eso se ha encaramado al carro, protegiéndose, como siempre, por si hay que bajarse a rendir cualquier pleitesía.

Y Rubalbaca contando enanitos.

La educación prohibida es la educación necesaria

La única esperanza de cambio para lograr una democracia real y sostenible, más allá de los maquillajes, es educar de otra forma. Es necesario arrojar a la basura conceptos y métodos arcaicos y reiniciar esta sociedad construida en miedos, manipulaciones, dioses, competiciones, repeticiones cansinas y un machismo soterrado, que es el lenguaje del poder. Es necesario educar para la paz, para ser felices y libres, ciudadanos formados y críticos, no súbditos. Una educación en valores, en el respeto de la diferencia, la singularidad.

Este documental es un excelente ejercicio de reflexión sobre lo que debería ser la Educación. La sociedad cambia, y más en la era actual de revolución tecnológica permanente, pero los sistemas educativos no; permanecen arcaicos y aburridos: memorización frente a comprensión, siempre con un conocimiento parcializado, inconexo, insuficiente, como si el arte y la guerra pudieran separarse del pensamiento y la medicina, como si no existiera otro mundo que el nuestro.

(No es necesario que lo vea el ministro Wert; no lo entendería).

Hablan Soros, el jefe del Bundesbank y Guindos y tiemblan el euro y la prima de peligro en espera de que Montoro remate con alguna estocada de las suyas. Se acumulan las noticias preocupantes para la moneda única, que navega sin rumbo político. Se multiplican las elucubraciones sobre supuestas salidas del euro de Grecia (Grexit) y compañía. La compañía, para los despistados, somos nosotros junto a Portugal, Irlanda y tal vez Italia, aunque lo dudo: Italia es fundadora del chiringuito y experta en salir bien en la foto.

Los que tienen mucho dinero lo ponen a salvo de la quema (220.000 millones de euros en el primer semestre). Su dinero es invisible, carece de fronteras y controles. Los que tienen poco, es decir nosotros, tenemos leyes, vigilantes de la playa, preferentes voladoras. El Gobierno las trata como un problema financiero de unos bancos poco escrupulosos cuando en su mayoría son una estafa. Deberían estar en el juzgado, no en las juntas de arbitraje.

Tres consejos básicos para no volverse loco.

1) No invertir nunca en Bolsa. La Bolsa es para jugar al par o al negro el dinero sobrante, nunca para obtener el que falta. Para soñar una vida mejor resulta más barata la Lotería. La Bolsa es una casino que funciona para los que saben y la siguen al segundo, para los especuladores, los jefes del Libor y sus amigos. La Bolsa es una No-Go-Zone; territorio comanche.

2) Comprar una vivienda es una excelente idea porque están a la baja. La mejor vivienda es la que sirve para vivir. Es una pésima idea comprar nada que obligue a pedir un crédito. Los bancos son entidades financieras que basan su lucro en el lucro ausente de sus clientes; lo que es bueno para un banquero siempre es malo para la humanidad.

3)  Solución óptima: gastarlo. Come, viaja, folla, vive. Aún se puede hacer en euros. No deberías preocuparte demasiado por el futuro porque pase lo que pase eres parte del 99% de la población que pagará el pato, la cuenta del 1%. Perteneces al club de los jodidos por los fabrapollas, a los cojoni que despreciaba Berlusconi y aunó Beppe Grillo, a la mayoría silenciosa, muda, a los que ponemos una mejilla y la otra y lo de más abajo sin apenas levantar la voz ni para pedir un condón anal sin caducar.

También se puede decir ¡basta!, apagar el sistema y reiniciar el ordenador con un buen antivirus. El mejor se llama Democracia Real.

Harto de septiembre

Llevamos dos días de septiembre y ya estoy hasta los santísimos deseando que llegue un octubre salvador (que no rescatador), caliente, gallego y vasco. Me cae mal este mes + IVA que arranca con los brazos en jarra, amenazante. Sabe a colegio recortado, a sanidad de dos velocidades, a inmigración con hache, como un muro defensivo, intolerante: hinmigración. Aunque no existen alternativas a los mentirosos, a los inmorales, a los mentecatos porque la alternativa principal está contaminada merecen un castigo descomunal, una señal clara de que las ovejas saben aullar y morder. Mientras, aún de vacaciones pagadas, cultivo esperanzas y revueltas en una Galicia que si no fue natal es de la familia.

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