Catalunya, ¿y ahora qué?
Wednesday, 12 de September de 2012 por Ramón
Si fuera catalán y no la mezcla rara que soy (gallego, madrileño, normando y sajón, nacido para colmo en Venezuela) sentiría la tentación de la independencia; estaría aún conmovido por la manifestación de ayer, entre liberado de un fantasma, de un tabú, y asustado, en tierra de nadie, sin mapas ni plan, sin líderes, solo una banda de oportunistas con corbata que siguen a la gente para no bajarse del carro, su profesión.
No es solo el número de manifestantes en Barcelona, que si dos millones, que si uno y medio, que si 600.000, sino el clamor que se extendió por los pueblos y en los bares de todo el país (¿se puede decir ya?) decorados con la bandera independentista. Eran generaciones de emoción acumulada.
La independencia de Catalunya ya no es un sueño loco, una forma de tocar las pelotas a Madrid o de sacar más dinero y competencias, ahora es una opción cabal, posible. Hablé anoche con mi amigo Bru Rovira, catalán de pata negra, pero poco dado a la exhibición de lo que es y siente, un tipo con la mente abierta, un africanista que ha vivido los Balcanes, como yo. Me dijo que el clic es la crisis económica, la misma hartura que nos embarga a todos, la misma sensación de estafa. “La diferencia es que en nuestro caso existe la posibilidad de pensar que solos nos iría mejor”.
Habrá que ver cómo leen la Diada los políticos y opinadores profesionales. Artur Mas es previsible, como buen convergente intentará apropiarse del éxito, enarbolarlo, bañarse en él. Mariano Rajoy también es previsible: no hará nada o dirá una sandez, meterá la pata. Aguirre galopeará sobre El Cid olvidándose de que era un mercenario al mejor postor, fuese moro o cristiano. Hablará la caterva del nacionalcatolicismo español con sus intereconomías, gacetas y telemadrid que a mí, personalmente, me pone de hígado, como cualquier caterva nacionalista. No me gustan los excluyentes, ni los visionarios, ni los salva nada.
Catalanya fue republicana hasta el último minuto y pagó el precio; eso dejó una impronta.
Es posible que la Diada sea, el tiempo dirá, como las manifestaciones contra la guerra de Irak, masivas en toda España, o como el 11-M, algo que se diluye porque nadie sabe cómo manejar un sentimiento, una emoción. Puede que la Diada de ayer sea la puesta en escena de una nueva generación que se ve reflejada en Croacia, Eslovenia y Escocia, convencida de que la independencia es un abracadabra: la economía funcionará mejor, tendrán más infraestructuras, menos peajes, menos deuda. Las bofetadas vienen después, pero parecen mejores porque son tus bofetadas.
Las independencias civilizadas se pactan, como los buenos divorcios. Deben existir unas condiciones para celebrar un referéndum, un calendario razonable. Ayer recordaba el precedente de Montenegro. Javier Solana, que era el Mister PESC de la UE, les impuso dos condiciones: un 60% de participación, que rebasaron con creces, y un 55% de síes. Ganaron por los pelos, pero ganaron. Este es el precedente para Catalunya y no Kosovo tan mal gestionado por el Gobierno Zapatero y por el de Rajoy.
En la UE actual en la que los Estados tienen que perder más soberanía, si queremos que sobreviva el sueño europeo, la independencia de las regiones tiene un efecto menor; en el fondo solo es otra silla en la mesa de un Consejo saturado más allá de la cuestión sentimental.
España no se rompe por Catalunya sino por la pérdida de derechos sociales, laborales, por las estafas bancarias, por una clase política mentirosa e incapaz, porque un tipo como Adelson es la salvación, el maná, por los empresarios sin visión, los del ladrillo (también los hay en Catalunya, que pregunten al hombre milagro de Port Aventura), por un Gallardón que mea agua bendita por cálculo de ascenso, por los coches oficiales sin control, por las dietas, por la señora Cospedal (vaya tela, la de los tres sueldos), por los Rouco y cia….
Lo sentiría por el Barça, que quedaría preso en una Liga Catalana, y por el Real Madrid, que se quedaría huérfano de adrenalina. Lo sentiría por todos porque sería un fracaso colectivo, un no haber sabido estar, respetar la diferencia, convivir. En treinta y tantos años de democracia no hemos sabido crear una economía productiva, una democracia real, una casa en la que todos puedan sentirse a gusto, parte de ella, importantes, incluso los sin papeles.
Tampoco hemos sabido gestionar nuestra memoria historica, rescatar a los muertos-desaparecidos ni pedirnos perdón. España es hoy una habitación irrespirable. ¡Qué alguien abra la ventana, por favor! Sea lo que sea, mucha calma y una canción.
