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Expectación en el top manta de Mayor

Puerta del Sol, Madrid. De regreso del trabajo, de colgar el post sobre Mahoma y la libertad de expresión, caminé por Mayor, una de mis favoritas. Al otro lado, un barullo de personas apretujadas en la acera. Todas llevaban colgada a la espalda una bolsa blanca. Eran africanos, invisibles. Otros se movían con la mercancía asegurada, despreocupados: cruzaban, iban y venían, charlaban, reían.

Miré en busca de policías municipales, los hombres de Harrelson que les martirizan con persecuciones de película de buenos y malos cuando vivimos en un mundo de peores de cuello blanco y siempre de rositas. Qué brava se pone la autoridad uniformada con los humildes, los Nadie, y qué servil con los poderosos.

No había agentes ni gente ni coches. Madrid vaciado por el pan y circo y el paso de todo que ya está bien, que también practico cuando juegan los míos. Delante de los topmanteros, un bar con una enorme televisión LED, plasma o de pasta gansa, que me he perdido en los laberintos de la tecnología digital. La tele, en lo alto, en un altar, como un dios emitiendo verdades inapelables. Hice dos fotos con el móvil comprobé que el Barça empataba y seguí contento hasta casa. Abrí el ordenador y vi a Messi diableando, como siempre: 3-2. Dios no es ruso, quizá argentino, pero sin exagerar que también allá tiene miles de pobres olvidados.

(Para los que se toman todo al pie de la letra: no soy creyente)

Carrillo, la necesidad de un relato común

A este país le falta un relato común. Es uno de los grandes fracasos de la Transición. No supimos aprovechar la oportunidad para pedirnos perdón, buscar los desaparecidos, desenterrarlos de las fosas comunes y darles el nombre que les robaron los asesinos. Es el deber de los supervivientes: proteger su memoria; una forma superior de Justicia cuando falla la inmediata por imposibilidad histórica.

Las dictaduras imponen una narración única, sin matices. Lo consiguen con sangre, fuego, gulag y miedo. España tiene dos relatos únicos, el heredero del NODO y la propaganda de aquellos años grises y el procedente del exilio. Entre ambos existía, y existe, un abismo; es el que separa la reconciliación de la sumisión. Esas dos miradas antagónicas siguen vivas en muchas portadas de La Razón y ABC y en la calle con la Diada, el 15-M o lo que sea. Están en la política de cada día. Nada hemos aprendido, poco hemos avanzado.

Quizá no había otro camino frente a los Arias Navarro y el todo atado y bien atado y armado, y somos injustos con tantos héroes anónimos, y conocidos, que se bregaron por evitar una nueva dictadura, o una guerra incivil como la yugoslava. Se impuso la transacción a la Transición, la desmemoria y el mirar para otro lado.

Tras el fallido golpe de Estado de los Milans, Armada y Tejero, el 23-F de 1981, se abrió otra oportunidad. Esta vez el viento soplaba a favor. Debimos crear una Comisión de la Verdad y la Reconciliación, un espacio honesto en busca del relato común, con muchas voces, incluso discrepantes, pero de todos. Tarancón era la figura, nuestro Desmon Tutu, salvadas las diferencias. Era cardenal y demócrata. Aún recuerdo su homilía ante el rey.

Alemania ha conseguido ese relato común. Hubo una desnazificación; era y es delito negar el Holocausto. Aquí no tuvimos una desfranquisficación, como es evidente en algunos actores de la política nacional. Al PP le cuesta pronunciar la palabra dictadura; se ampara en los sinónimos a los que es tan aficionado. Le cuesta condenarla, considerar sus crímenes tan graves como los de Sadam Husein, por ejemplo.

En Alemania es imposible que una Academia de la Nada reescriba la historia de la presunta mitad con el dinero de todos. La estupidez tiene límites.

Supongo que en una guerra civil es difícil que alguien con mando conserve un historial inmaculado, pero estoy convencido de que Santiago Carrillo hizo mucho por ese relato común, en el exilio y tras su regreso. Metió al PCE en el juego, aceptó la Monarquía. A cambio nos quedamos con un himno que se nananea en las Eurocopas y Mundiales y con el banderón de Colón que no nos deja ver el sol. Prefiero la tricolor y Suspiros de España, cuestión de estética y sentimiento.

Ha muerto Carrillo a los 97 años. La prueba de que el tabaco tiene sus santos, a los que respeta y conserva más allá de la enfermedad. Se va una voz inteligente en un momento en el estamos huérfanos de líderes inteligentes, pero no de voces: son muchas y están creciendo.

Feliz viaje a donde sea y, como decía mi bisabuelo, que allí nos espere muchos años. Salud.

Más allá del maldito libro de Petete

Escuché anoche a Julio Anguita en la Sexta. Me gustó mucho Jordi Évole, como siempre. Anguita habla bien y piensa mejor, pero hay algo en él, en su discurso, que me resulta raro. Quizá sea su pasado al frente de Izquierda Unida cuando entregó cientos de ayuntamientos al PP por una pataleta antifelipista, la famosa pinza que tanto benefició a Aznar. De aquellos años, en los que Anguita tendría sus razones, nadie aprendió, ni IU ni PSOE.

De allí viene una de las muchas derivas que padecemos: la ausencia de una izquierda amplia capaz de superar el discurso poscomunista, como si no hubiera ideas por las que pelear desde un lenguaje fresco, ecologista, sin clichés ni estereotipos, lejos del maldito libro de Petete.

El problema de fondo es que nadie discute la esencia, la Educación, la estructura, este sistema de explotación y generador de infelicidad.

La izquierda no tiene discurso, al menos en España. Me temo que más allá, tampoco. Cuando Rubalcaba habla de la Diada, de una eventual independencia de Catalunya, me doy cuenta de lo lejos que está de la la calle, de la gente normal, de mí. Esta izquierda tiene poco que hacer en las urnas frente a una derecha que sabe bien lo que hace y quiere. Su problema es que no sabe lo que dice, por eso miente y tiene cabreado a medio país, o más.

Rubalcaba ha contratado o quiere contratar a 400 expertos menores de 40 años para que suministren ideas al partido. Las necesita urgentemente. Al parecer no le sirven los cincuentones, los viejos, la gente de su generación; tampoco los militantes que pagan las cuotas.

En medio de este vacío, de esta ausencia clamorosa de sensibilidad, Anguita parece un faro, o una bombilla, está por ver. Quizá sea de esas personas inteligentes que piensan mejor cuando están lejos del poder y se olvidan de pensar estratégicamente cuando están en él, o en sus aledaños. Tiene razón cuando dice que la solución está más allá de los partidos; está en la gente, en los jodidos, en los que “se jodan” (fabrismo) frente a los jodedores.

Uno de los problema del 15-M es la ausencia de jerarquía, de vanguardias que señalen un camino. Sin vanguardias no hay hoja de ruta, solo confusión y rebaño. La ausencia de líderes beneficia al estatus quo. Sin gente capaz de interpretar, de intuir, de ver más allá de hoy y mañana, el impulso se diluye, se pierde.

Si los partidos están noqueados por ellos mismos, por las élites que los secuestran, si los sindicatos no saben cómo enfrentarse a este plan de acoso y derribo del Estado-Bienestar, si los movimientos ciudadanos se dividen en decenas de corrientes y contracorrientes confundiendo el objetivo con la pose, ¿qué queda? ¿La nueva TVE de telediarios con la Diada de sexta noticia? ¿La Liga de fútbol como distracción nacional? ¿Los toros de José Tomás? ¿Adelson y su hagan juego? Lo que queda es un inmenso vacío. Y quedamos nosotros, los dormidos, y personas como Humberto Maturana. Feliz semana.

Quince razones para el 15S

1) Porque un Gobierno que miente no debe pensar que se ha salido con la suya.

2) Para que sepan que los ‘que se jodan’ están bien jodidos pero con ganas de pelea, de defenderse.

3) Para que se den cuenta de que nada es gratis, tampoco en política. El trilerismo se paga.

4) Por una democracia real en la que los representantes sean representantes de sus votantes, no delegados de un cacique del partido.

5) Para defender lo que queda del fuerte con la esperanza de que pronto recuperaremos el resto de los derechos perdidos, robados.

6) Por una televisión pública que sepa que una Diada de más de un millón de personas es noticia de apertura.

7) Para que los catalanes se convenzan de que no están solos.

8) Para independizarnos de esta insoportable levedad gubernamental y opositora.

9) Para exigir empresarios que inviertan, que arriesguen y no empresarios que solo piensan en despedir y ganar a corto plazo.

10) Porque otra banca es posible. ¡Viva Islandia!

11) Para defender la Educación de un depredador incompetente llamado Wert y en homenaje al tupperware.

12) Para defender la Sanidad de una ministra que para colmo se llama Mato; Mato mata.

13) Porque el despilfarro está en sus coches oficiales, sus dietas y prebendas que les permite vivir fuera de la realidad.

14) Para que la pareja de hecho Gallardón-Rouco sepa que acabarán en el infierno, por desgracia para los que iremos al infierno.

15) Porque el ejercicio es sano, adelgaza y permite airear la cabeza.

Feliz 15S

No tuitees sobre el Barça sin casco

Cuando escribo un tuit como el que encabeza este post y llueven criticas solo existen dos posibilidades: me equivoqué o todos son del Barça.

Es verdad: el Betis viste con rayas verdes y blancas y la segunda equipación del Valencia emplea los colores de la bandera de su Comunidad Autónoma sin que el Levante ni el Villarreal se lo hayan tomado a la tremenda. Lo mismo sucede con el Athlétic de Bilbao y su ikurriña. No conocía la uniformidad del Sant Andreu (y del Girona). Celebro su buen gusto y, sobre todo, su anticipación histórica: tomaron la decisión cuando no era moda, trending topic.

También es cierto, aunque nadie me lo ha restregado, afortunadamente, que el Real Madrid se ha enfundado alguna vez el morado del pendón de Castilla, un color tristón que relaciono más con la Semana Santa y el olor a incienso y cera derramada que el heroísmo de los comuneros.

El Sevilla y su ribete con la bandera nacional-nacional es la consecuencia de tener un presidente con un pasado tan marcado por sus tiempos de la Universidad. Del Nido lo adoptó como provocación, algo consustancial a su ser.

Me da igual cómo vistan los equipos mientras se distingan en televisión.

Lo que quería expresar, y sin duda no he conseguido por los malditos 140 caracteres, era denunciar el oportunismo de Sandro Rosell. Su inciativa de la senyera, no sé si confirmada, se filtra a un diario deportivo amigo en medio de la ola de entusiasmo independentista que vive Catalunya estos días, y de la que ya escribí ayer. Me molesta el cálculo en busca del beneficio personal, no el hecho en sí. Rosell, acusado de tibio, trata de reinvetarse al compás de la Diada, como buen convergente. No es honesto.

Este juego malabar tiene un maestro de ceremonias: Artur Mas, un tipo que no da puntada sin hilo. Es un ilusionista sobrepasado por la calle. Confío más en la inteligencia y sinceridad de los cientos de miles, o millones, de catalanes que desbordaron Barcelona. Ellos son como yo, están tan hartos como yo aunque lo griten en otro idioma. Su grito es el mío.

Rosell ha resultado ser una enorme decepción. Prefiero a Laporta; es directo, se le ve venir. Me gusta Guardiola, una víctima del sibilino Sandro. Me parece estupendo que vote desde Nueva York o desde donde quiera y a quien quira. Me gusta Lluís Llach y lo que representa. Ellos son catalanes sin impostar, sin artificio ni disfraz, con naturalidad, como Xavi Hernández. Me gusta la gente normal.

Os recomiendo, para provocar otro poco, el libro de Enric González Una cuestion de fe, sobre el Espanyol, publicada en Libros del KO. Explica la invención de Barça por Manuel Vázquez Montalbán y otros intelectuales; de cómo se creó un pasado antifranquista de un franquismo bastante provechoso.

Música compensatoria: Ítaca, el destino común te llames como te llames, nazcas donde nazcas, seas quien seas.

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