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Camino por el paseo marítimo

Camino por el paseo marítimo; del puerto a la plaza de Pontevedra, sin atajos, pisando todo el perímetro marítimo de una ciudad-barco. Cruzo María Pita, tan hermosa, tan inabarcable. Llueve, me empapo. No llevo paraguas ni gorra. El agua cae despacio sobre mi cabeza como si fuera de primavera.

El mar ruge o canta; depende de quién lo escucha. Paso delante de la Casa de los Peces llena de caballitos de mar. Me gustan porque bailan, parecen frágiles, de otro tiempo, extraterrestres. Me adelantan personas que corren vestidas de personas que corren. Todos son jóvenes: hablan, ríen; parecen eternos.

Me gusta A Coruña, una de las ciudades en las que viviría feliz. Me gustan los espacios abiertos, manejables, cruzarme con personas conocidas, pertenecer a un sueño colectivo. Me gusta Galicia porque nadie pregunta, nadie incomoda, nadie sobreactúa; solo los políticos, siempre tan histrónicos, tan faltos de personaje.

Me gusta Galicia porque suena la música en el habla, en el mover de las manos y porque hay meigas en casa esquina.

El hombre es un animal de rutinas

Somos animales de costumbres, de rutinas. En la reiteración reside la seguridad, un cierto confort, el piloto automático. Cualquier cambio nos altera, preocupa. Sucede en los viajes: la incomodidad del movimiento y el temor al vacío frente a la pasión por la aventura, lo desconocido. Soy un animal entrenado en el cambio que ansía un poco de rutina, de hamaca playera. He perdido el mapa del vivir rutinario sin la obligación del periódico.

En la nueva situación busco tareas aunque de momento todo es excepcionalidad y caos, trajín. Cuando termine de entregar los papeles, tenga el alta ante Hacienda y sea un autónomo (¿un emprendedor de Mariano?), cuando finalice la mudanza física de una casa a otra, podré ver el mundo tras la polvareda de la explosión y dibujar la nueva geografía.

Llega la Navidad, se multiplican los puestos de venta de inutilidades. Crecen con la crisis las colas en doña Manolita; rostros de frío, unos ilusionados con la cuenta de la vieja; otros caídos, aplastados. Nada puede un décimo anual ante la jodiente vida de cada día.

No compro en doña Manolita; compro donde me llama la suerte. Como estoy muy sordo del izquierdo creo que es llamada cualquier murmullo y así ando de pedrea en pedrea. El otro día, de regreso de la SER, me pareció ver a Guindos disfrazado en la cola de la lotera más célebre; iba con Montoro de la mano, vestían de lagarteranas. ¡País!

Es miércoles, el día que partía la semana. Ahora da igual; todo es lunes para los pesimistas; todo es sábado para los optimistas.

Echo de menos al Notario

Lunes. Hace 15 días del deceso. Echo de menos al Notario; al menos daba cheques. Me conformaría con uno al año. Otra semana intensa: preparativos para transformar la casa de siempre en una oficina-vivienda, pintura, mudanza. Aún no he tenido ni un minuto para mi, para detenerme y decir: “Bien, se acabó lo bueno”.  Miki sigue con el diseño de la web. No hay prisa, mejor acertar a la primera. Tengo escrito el segundo artículo para Jot Down; lo enviaré el miércoles tras un pequeño reposo de maduración. No es lo que quiero hacer en el futuro con ellos, pero me ayuda a situarme.

Anoche seguí las elecciones catalanas desde casa; eché de menos el barullo, la redacción.

Hoy Valencia; me espera una paella, sea tópico o no. Viajo con la boca aguada. Tengo que centrarme para escribir para mí. Buscar una nueva rutina.

Tras la explosión

El polvo y el humo se depositan lentamente tras la explosión. Huele a pólvora. Se ven claros, luces, rayos, personas, vida. Camino inseguro por una ruta bacheada, pero camino. Dejé de mirar atrás. Ha terminado la primera parte del papeleo; queda la segunda, la importante. Escribo un texto para la revista griega HOT DOC. Pocas palabras, solo unas pinceladas; siempre es más difícil. No pregunté nada sobre pagos ni Musakas en Atenas. Me gusta Grecia. Me gustan los jodidos.

Cada poco llamo por teléfono o mensajeo a Miki, un amigo que diseña la web con la que pretendo seguir a flote. Debe estar harto, mareado. Tengo más ideas que conocimientos. Al final, lo mejor: haz lo que quieras. Tengo ganas de arrancar.

20N, cita en el INEM

La cita era las 09.48 del 20N. Una fecha con memoria histórica. Seguro que trae suerte, libertad. Las dos funcionarias del INEM fueron diligentes, amables; incluso cálidas, mejores que cualquier notario Up in the Air. La eficacia y puntualidad de la cita previa debería trasladarse al Gobierno; a este y al anterior, a Zapajoy. También a muchas empresas.

Ya soy un parado más, una estadística.

Me he sentido acompañado por los 128 compañeros de El País y por muchos de los que se quedaron dentro. Me he sentido acompañado por los 8.400 periodistas masacrados por la crisis, una palabra cansada de tanto uso y que ahorra párrafos, conferencias enteras que deberían describir la rapiña de miles de ejecutivos globales que primaron sus intereses al bien común. Pienso en Lehman Brothers, en sus imitadores y siento asco.

Me he sentido acompañado por los seis millones de parados, muchos españoles, otros inmigrantes que llegaron a estas tierras persiguiendo un sueño, o un sueldo sin red para sostener a las familias que dejaron atrás atrapadas en una pobreza constante.

No me puedo quejar. Soy un privilegiado.

Acabo de publicar mi primera colaboración en Jot Down y se avecinan otras. De momento quiero centrarme en finalizar el papeleo necesario, mudarme a mi casa bien acompañado y asentar objetos y sentimientos.

Unos buenos amigos preparan una web que nacerá pronto, quizá esta semana, o la otra; no hay prisa. No voy a dejar de escribir. No voy a dejar el Periodismo. Necesito organizarme, permitirme un espacio para la novela atrancada, para aprender. Preparo proyectos para 2013 y 1014. Son ambiciosos. No me he rendido. No me rendiré.

No tengo deudas, no tengo hijos. No aspiro a nada, no temo a nada; soy libre como escribió Nikos Kazantzakis. Siempre me pusieron la etiqueta de incómodo, de ácrata, de tocahuevos. Pensé y pienso que mi trabajo es ése: tocar los huevos, no callar. Tengo un enorme aprecio a la etapa que se acaba de cerrar. No puedo atacar esa parte de mi vida. Sería injusto, ruin. Tampoco puedo hacerlo por todos los amigos y compañeros que siguen allí. Les deseo lo mejor. La vida es larga; los reencuentros, seguros.

Buena semana.

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