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Puertos invisibles

Empieza una semana que tiene nombre de puerto, pero a mí me suena a alta mar.

En los días que habla Zapajoy

En los días que hablan los Zapajoy sobre el estado de lo que desconocen pongo música, me ausento. Observo el lento pasar de las nubes con todos los tonos del gris y pienso en el sábado, en las mareas. Buen día.

Qué hacemos con la izquierda extraviada

Rubalcaba es como Benedicto XVI. Llegó como líder transitorio y acaba desahuciando al burro y al buey del portal de Ferraz o trastocando siglas centenarias, como si el problema esencial estuviera en las consonantes y en las vocales. Lo malo de Alfredo, como le llaman los suyos, es que se encuentra atrapado por el pasado, por el reciente que lo convierte en cómplice de los primeros recortes, de la política amable con los bancos, parte del Ejecutivo que negaba la crisis y anunciaba brotes verdes en cada erial. Y está salpicado, también, por el pasado lejano. No digo que tuviera algo que ver con los GAL, que no lo sé, pero fue portavoz de un Gobierno marcado por aquel terrorismo de Estado que supuso, como supone hoy Guantánamo, la pérdida del norte democrático, de los valores que aún defendemos.

Supongo que dentro del PSOE conviven varias corrientes, como en el Cónclave vaticano en el que la paloma del Espíritu Santo es puro marketing. No me gusta la de Bono, una corriente en sí mismo más allá de su presunta amistad eléctrica con el presunto emprendedor Paco el Pocero. Nunca me han gustado los populistas, los que llevan relojes presidenciales en el maletero del coche oficial para regalar a los ancianos. No me gusta Pepín Blanco, pese a ser más ideológico que Bono, ni los Solchaga y su beautiful people, ni muchos con ellos. Son el cartel del PPSOE. Tampoco me gusta Leire Pajín, un mitin andante, puro humo como tantos.

El PSOE necesita un líder fresco, sin las manos manchadas, abierto, que escuche, capaz de conectar con la calle, con los movimientos sociales que mantienen vivas las utopías con las que soñamos de jóvenes. No sé quién es ese líder. Algunos, como Fernando Garea, ex compañero de El País, apuntan a Patxi López. No tengo idea. No pertenezco al PSOE; no voto en sus primarias ni en sus congresos.

Pese a esa distancia, que también es electoral, me afecta su desinflamiento, su nadedad, porque sin un partido verdaderamente socialista, o socialdemócrata como los nórdicos, como los islandeses, sin un partido regenerado, capaz de regresar a la calle, al trabajo cotidiano y humilde en los barrios, en las agrupaciones, en las universidades, en los hospitales, no habrá posibilidad alguna de regenerar este país.

Necesitamos a muchos: a los movimientos sociales que no deberían encriptarse en un estalinismo absurdo, que se les impulsa a sentirse depositarios de la verdad absoluta, de quién puede manifestarse y quién no. Necesitamos a todas las siglas de la izquierda, nacionales y periféricas, a sus jóvenes, a los que tienen ideas, a los que sueñan. Necesitaremos a una parte importante de la derecha que votó al PP, una derecha democrática, europea, que se siente defraudada, estafada. No es esa derecha la que vitorea a Bárcenas.

Es una oportunidad única para impulsar una segunda transición. Con una línea clara: aquí los demócratas; allá los franquistas; allí los limpios; allá, los corruptos.

Creo más en la capacidad transformadora de los movimientos sociales que en la capacidad de regeneración del PSOE. Pero soy pragmático: sin políticos (otros políticos, claro), sin una izquierda organizada con siglos de experiencia y lucha y sin unos sindicatos, que deberían desapaniaguarse, no habrá regeneración.

Lo mejor de los movimientos sociales, además de éxitos concretos con los desahucios (aunque aún no tenemos ley, solo tramitación), es que son la semilla de un despertar colectivo. Todo lo que germina hoy en barrios y asociaciones existía al final del franquismo y fue muy activo en los albores de la democracia. El PSOE y el PCE se cargaron aquella vía ciudadana convirtiéndose en los controladores de la verdad desde la izquierda.

Llega, tal vez, una segunda oportunidad para todos. IU, heredera del PCE, lo tiene más fácil. El PSOE debe bajarse del todo del coche oficial en el que ha vivido; su cabeza, su memoria y sus hábitos cotidianos siguen viajando con los cristales tintados, lejos de la realidad, de la gente.

Buen día con Extremoduro suave.

Quién regenera al regenerador

Si pretendemos regenerar el país deberíamos, quizá, regenerarnos antes nosotros mismos. Regenerar esta izquierda descontenta con la misma izquierda que sale a la calle, se cabrea y clama, que trata de detener el atraco de los desahucios con deuda incorporada, que exige un cambio profundo en las estructuras del Estado, en la forma de ejercer la política, la que cree que otro mundo es posible. Siempre me gustaron las utopías; eso es política: el arte de hacer posible lo imposible.

No me gusta el PSOE; le sobran dos letras de sus siglas, quizá tres. No me gusta el PP. No me gustan los excluyentes ni las tribus; tampoco los nacionalismos ni la Iglesia. No me gustan los cardenales ni los comisarios políticos; no me gustan las verdades absolutas ni la Inquisición. No me gusta la ortodoxia. No me gustan los repartidores de carnés de lo que debe ser ni los que deciden qué está bien, qué mal, quién puede manifestarse, quién no.

Este país está gravemente averiado. No es solo un efecto colateral de la dictadura franquista. Nos equivocamos de bando en 1808. El bueno era el de los franceses, el del progreso y la revolución; el malo, Fernando VII y las cadenas que aún llevamos. Es una tara que se renueva cada generación en una educación sectaria, acientífica, memorística, acrítica, bañada en una fe que es solo una forma más de control y sometimiento. Somos una sociedad contradictoria: transigente con los corruptos; intransigente con los que se salen del carril.

No conozco a Beatriz Talegón. No sé si tiene planes ocultos, retorcidos, que le han empujado a decir lo que dijo ante sus compañeros de la Internacional Socialista. No sé si se trata de un personaje de un reality show, una maniobra de Rubalcaba o un meteorito. Solo sé de ella lo que escuché en el vídeo de Estoril. Se salió de carril; le llovieron palos. Por la prensa y por las redes sociales han corrido todo tipo de bulos, libelos cobardes desde el anonimato de Internet. Qué fácil es insultar. Qué difícil, argumentar.

No me gusta que Talegón se pasee por los platós de televisión ni que se exponga tanto a una notoriedad súbita; aspiro a que gente como ella dure, cambie a sus partidos desde dentro, que abra las ventanas y permita aire fresco. Si es un bluf, se verá.

Que un grupo abucheara a esta mujer en la manifestación del sábado contra los desahucios, y le obligara a dejar la protesta escoltada por la policía, es una prueba de que algo de nosotros está mal. No somos mejores que aquellos a los que criticamos.

Ayer tuiteé mi decepción y surgieron talibanes debajo de los 140 caracteres que exigían a Talegón la renuncia de su militancia como paso previo a tener el derecho de manifestarse con nosotros. No sé si lo suyo es oportunista, pero echar a alguien de una manifestación es fascista. Nosotros pretendemos ser mejores. Debemos demostrarlo siempre. El próximo sábado hay mareas convocadas en toda España. Puede ser una oportunidad.

Si cercenamos el derecho de manifestación ¿qué somos? ¿norcoreanos? Exigir mejor democracia nos obliga a ser mejores demócratas. Si queremos cambiar algo debemos sumar; sumar y multiplicar. Es una cuestión estratégica y de aritmetica.

Es necesaria IU. Recuerdo los problemas de Cayo Lara en una manifestación en Barcelona; ¿también le prohibimos acudir?. Es necesario el PSOE y todos los votantes de la derecha que puedan estar cabreados, decepcionados, que se sientan traicionados. Si no sumamos esto será una algarada sin futuro, una perroflautada que se desmonta en un telediario.

Echo de menos aquellas manifestaciones multitudinarias contra la guerra de Irak. Echo de menos la del 19 de julio en Madrid cuando salió hasta la derecha para protestar contra el Gobierno de los recortes y las mentiras. Vi en la Puerta del Sol una camioneta del CSIF, sindicato de derecha que nunca había salido a la calle hasta que le tocaron la paga extra. Le dije al conductor: “Llegáis un poco tarde, pero sois bienvenidos”. Conviene leer más a Sun Tzu.

Buen domingo

Casi preparado para los Oscars

Ya lo puedo decir: siempre me gustaron los Oscars. Una película o una actuación premiada tiene un garantía de calidad más allá de la opinión de los críticos. Podemos discutir la lista, como en los Nobel de Literatura: presencias exageradas; ausencias clamorosas. Tengo la sensación de que la Academia ha evolucionado en los últimos años y es capaz de seleccionar y premiar un cine diferente, más amplio. Se ha abierto a la poesía, a la heterodoxia. Ganamos todos.

Hoy he disfrutado de Beasts of the Southern Wild, una película que exige una digestión pausada, de sentidos y sentimientos más que de cerebro. Mezcla realidad descarnada con poesía y magia. Tiene momentos extraordinarios. Toda la narración gira en torno al personaje interpretado por Quvenzhané Wallis, una niña de seis años que es candidata al Oscar a la mejor actriz. Esa mirada, su profundidad, no se entrena, nace de dentro, del talento innato.

También he visto Lincoln, Argo, Silver Linings Playbook, Zero Dark Thirty, Amour y Django Unchained. Quizá Amour sea la más sorprendente y Argo la mejor.

Quería encerrarme en el cine con Mamá, pero no encuentro acompañante. Confiaba en Guillermo Altares, que ejerce de hermano pequeño hace 22 años, pero me ha confesado que sufre en las películas de terror. Y eso que no le había dicho que todo el cine grita con las escenas. Puede ser divertido. El cine también es entretenimiento.

Puede que Mamá sea un exceso, pero me dejaría entrenado para los informativos de la próxima semana.

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