Personas que vuelan sobre una vida terrestre
Friday, 30 de December de 2016 por Ramón
Me he pasado la vida buscando personas que vuelan. Me gusta la música que mueve montañas, la pintura y escritura que elevan. Me fascina sentir la ligereza del aire en el rostro y en el cuerpo, ser Juan Salvador Gaviota, jugar con olas de viento, o ser Cosimo, el personaje mágico de El barón rampante de Italo Calvino, un chico que decide vivir en los árboles empeñado en tener una vida aérea.
Nací sabiendo volar. Nadie se dio cuenta. Me metieron como a los demás en una jaula y ahí quedé preso durante años aprendiendo obediencia terrestre. Me rebelé contra la prisión de las ideas y las órdenes. Cuando escapé tenía 14 años y era incapaz de levantar el vuelo. Mis alas estaban entumecidas, casi arruinadas.
La educación consiste en la amputación de la capacidad de volar. Educar sirve para cercenar la imaginación, la creatividad, la singularidad, la locura de cada uno. Educar es igualar: dos por dos son cuatro; esto es bueno, esto es malo. Lo diferente molesta, da miedo, se percibe como una amenaza a la grisura, una provocación en un mundo obediente y terrestre.
Nunca acepté una vida sin sueños aéreos. Si no podía volar, soñaba con el vuelo.
Me gustó El lado oscuro del corazón, la película de Eliseo Subiela, porque trabaja sobre un hecho: las mujeres son las únicas que nos pueden enseñar a volar.
Tuve el privilegio de tener lo esencial y poder gastar mi tiempo en alucinaciones más o menos poéticas. Hay gente aplastada por el hambre y la injusticia que sobrevive en una doble cárcel: la que impide volar y la que impide saber que podrías llegar a volar.
Tuve rescatadores: Bernardo Arrizabalaga me enseñó a los 14 años dos cosas capitales: tenía alas de nacimiento y el aprendizaje del vuelo está en los libros importantes. Me enseñó también a leerlos por dentro, más allá de las palabras escritas, ahí donde se halla el mecanismo que decide su ubicación exacta, su significado en relación con las demás. Es lo que decía Paul Eluard: solo yo conozco las 99 palabras que deseché para que se pueda leer la que está escrita.
Y tuve rescatadoras. Algunas ni siquiera se dieron cuenta de que me rescataban de la vida terrestre. A veces fueron encuentros fugaces, o de meses. Con Celina volé un año entero, en 1981 y, de alguna manera, no dejé jamás de volar.
Volar genera inseguridad en los demás. Dicen que la madurez consiste en dejar de pensar que uno es capaz de elevarse, levitar, viajar entre las nubes. Existen mujeres voladoras que se siente amenazadas por el vuelo de sus amantes, y las que por alguna razón se dejaron atar por una cuerda de miedos que ellas mismas alimentan y miman para que no se rompa.
Ya nunca tendré una vida terrestre ni entraré en una jaula de oro, y cuando muera seré ceniza con alas. Es mi destino. Feliz Nochevieja.
LA MUJER QUE VUELA
Me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
pero eso sí -y en esto soy irreductible- no les perdono
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
(Oliverio Girondo, poeta).
Siempre quise volar y ahora estoy aprendiendo a hacerlo. ¡Nunca es tarde!
No sé cómo expresarte lo que he sentido, lo que me han ayudado estas palabras, estuve a punto de perder las alas , ¡gracias!
No sé vivir sin volar
Yo pienso que si es cierto como dices que solo las mujeres enseñan a volar, también es cierto que son ellas las que en muchos casos cortan las alas a sus parejas, por miedo a que vuelen, y luego cuando les exigen tal cosa (imaginación, creatividad, autonomía, personalidad, resolución) a sus castrados hombres éstos ya no saben hacerlo. Conozco a bastantes hombres y mujeres que cumplen este patrón.
Posiblemente en esto de cortar las alas sean igual de expertos las mujeres, los hombres, los padres/madres, los jefes……….
Creo que en el pasado encontramos los referentes que ahora casi no nos quedan, es como si nuestra época estuviera finiquitada.
Señor lobo, deje de escribir tan bien y sobre cosas tan importantes (y desgraciadamente tan olvidadas) como nuestra capacidad de ser libres, voladores, auténticos. Leyéndole desde Inglaterra, con una San Miguel y un ‘fish and chips’ en la mano, me ha recordado que mis alas también han sido cortadas por mi, y por otros… Y eso no me ha gustado tener que reconocerlo!
Hoy día volar está al alcance de casi todo el mundo gracias a los saldos de las compañías de aviación; siempre que estemos dispuestos, y dispuestas, a hacerlo sin papel, sin equipaje, sin horario, sin acompañante, sin espacio vital, sin destino cierto, sin alimento, sin bebida, sin educación…
El mercado se encarga de hacer cumplir nuestros deseos.
No olvide que el protagonista de la película comercia con sus versos.
Lo expresa esencialmente uno de los dos rotundos boleros que interpretan María Marta Serra Lima y el trío Los Panchos: https://youtu.be/4wSekY0RIzk