Pablo Iglesias y la regulación de los medios
Friday, 4 de July de 2014 por Ramón
La publicación del libro del periodista Jacobo Rivero Conversación con Pablo Iglesias (editorial Turpial) ha traído una polémica más sobre Podemos: el control de los medios. La bicha no es esta vez el chavismo, sino el presidente ecuatoriano Rafael Correa. Se trata de una larga conversación (mucho más que una entrevista en Jot Down) ocurrida hace cuatro semanas, después del éxito de Podemos en las elecciones europeas. Las versiones de varios medios no coinciden con las palabras del líder de Podemos.
En las páginas 113 y 114, Iglesias se declara partidario de una regulación de los medios de comunicación en respuesta a una pregunta sobre la ley ecuatoriana, conocida por los periodistas como ley mordaza. En la réplica no cita ni alaba la ley Correa de una manera clara, solo se declara partidario de la regulación de los medios. Un “absolutamente” al inicio de la respuesta es lo que provoca la interpretación posterior.
He estado esta mañana en el desayuno-presentación del libro de Rivero. Tenía curiosidad por ver en directo, sin intermediarios ni distorsiones, al fenómeno político de los últimos dos meses, el nuevo enemigo público número uno. Me gustó Iglesias; es ágil, rápido en las respuestas, parece hablar desde sus ideas y convicciones, no desde un libro colectivo. Admitió que no conoce a fondo la ley ecuatoriana de regulación de medios. Por si acaso sirve en los debates ofrezco al final de este post unos links de tres organizaciones de prestigio: Comité de Protección de Periodistas (CPJ), Reporteros Sin Fronteras y Human Rights Watch.
Iglesias asegura que su propuesta de regular los medios tiene como objetivo provocar que sean los propios periodistas, quejosos de sus condiciones de trabajo, los que formulen ideas, para que debatan. Iglesias se puede permitir aún ser poco concreto porque acaba de llegar al ruedo, perdón por la expresión. En los próximos meses, Podemos deberá concretar mucho más. Un ejemplo: en las elecciones municipales deberá explicar cuál es su modelo de ciudad.
Personalmente la palabra regulación me produce alergia. Creo en la necesidad de unos medios públicos del Estado, potentes y de calidad. Mis modelos son la BBC y la PBS estadounidense. Esta última se financia mediante donaciones. Toda regulación debe ir dirigida a garantizar su independencia, a proteger los medios estatales de la manipulación interesada del gobierno de turno, sea nacional, autonómico o local. Es como si un gobierno solo permitiese entrar en los hospitales públicos a sus votantes.
Con los medios privados debería bastar la ley, como en el caso de Twitter, sea el Código Penal, Civil o Mercantil. La única manera en que un gobierno puede influir en la pluralidad informativa es fomentar las fundaciones y las cooperativas para que surjan medios alternativos al mainstream.
Se puede imponer por ley la creación de comités de redacción, como el del diario El País. Se trata de órganos consultivos. No se puede imponer una línea editorial a quien se juega su dinero ni un enfoque informativo al director que dirige un medio. Se llama libertad de empresa y libertad de prensa. Los límites ya están definidos. El resto lo deciden los lectores. De hecho, si analizamos las cifras de venta en kiosko, se puede afirmar que ya lo están decidiendo. Si un director entra en los textos de sus redactores y los manipula sin consultar al afectado no es algo que deba perseguir el Gobierno. El regulador más eficaz se llama lector, oyente, televidente. El periodismo de bajura se estrellará contra la realidad. Es su destino.
Sobre la ley ecuatoriana, tres links del Comité de Protección de Periodistas: CPJ dismayed by approval of media law in Ecuador. Otro sobre los ataques a la prensa y un tercero: Ecuador’s year-old media law stifles in-depth reporting.
Dos textos de RSF: New media law: mix of good principles and bad provisions y Communications Law one year later: journalists still under pressure.
El informe anual de HRW incide también en los problemas de libertad de expresión en Ecuador.
(Más grave me parece que Pablo Iglesias no se declare fan de ningún equipo de fútbol por cálculo electoral. Es una ironía, claro, lo digo para los suceptibles. Ya en privado confesó ser un poco del Rayo Vallecano y mucho del Numancia. Eso del Numancia va a traer cola. Cómprense el libro y léanlo sin intemediarios).
