El PNV ataca al Ministerio de Defensa porque su titular, Carme Chacón, rechazó días antes del secuestro del Alakrana que cada pesquero que faena en el Índico dispusiera de una protección militar a bordo. Y repite la cantinela de foro en foro como si la mera aprobación de la medida hubiera evitado la captura: yo voto y el guardia civil del mar se aparece súbitamente a bordo del pesquero sin que medien preparativos, envío de la fuerza, despliegue, etc. Lo llaman demagogia.
Esgrime el PNV, con razón, que pesqueros de otros países disponen de esa protección extra, pero callan que en la mayoría de los casos es privada. Lo que quiere el PNV es agentes de la Guardia Civil o los infantes de Marina a bordo de los barcos, no soldados de la fortuna o como se les quiera llamar. Suena raro en un partido que parecía habitar en el planeta Venus, o más lejos, con mister Spock al frente de una cruzada contra de las instituciones del Estado Tierra ¡Manda huevos! que diría Federico Trilero, el del Yak.
Además de las cuestiones políticas, esto del liberalismo tiene sus rarezas: dinero de los impuestos de todos para proteger los beneficios de unos pocos (¿cuánto le paga el armador al pescador que se juega a vida cerca de Somalia?) Después de los atuneros podría exigir Repsol defensa pública de sus pozos privados, como advertía Nacho Escolar, y Telefónica, un guardia civil por kilómetro para impedir el robo del hilo de cobre. La gente conservadora llama este tinglado libre mercado; la de izquierda, casino. Poco importan las palabras porque a la postre es la banca la que siempre gana. Menos mal que queda El Roto para centrar el debate:
La riqueza está donde brilla la luz eléctrica; la oscuridad, donde se esconde el petróleo, el gas y los minerales estratégicos. Mundo rico, mundo pobre.
El PP abandona la tesis del Estado policial, la persecución socialista, el rubalcabismo manipualador de jueces y conciencias, y todas esas cosas, para admitir que es posible que tengan un par de chorizos infiltrados. Hay que reconocerlo: son lentos y no saben contar. Este dibujo de Peridis, publicado el viernes en El País es soberbio por el retrato de Mariano Rajoy (al pinchar encima se ve más grande).
Bueno, después de todo, ¿qué esperaban de un tipo que se pasó cuatro años diciendo lo contrario de lo que sabía? Que si Ahmed Echebarría, que si ETA y el 11-M. ¿Esperaban que iba a reaccionar cuando le pillan con una Filesa sumergida de la que sólo sabemos un tercio? Las encuestas pueden decir misa, sobre todo cuando dicen misa en horas en las que la iglesia está cerrada (es decir, a mitad de Legislatura). Gobernar no es trabajo para indecisos, para cagaletrinos (¡bonita palabra! que me acabo de inventar, que me la apunten), para ese tipo de personas que prefieren no mojarse, subir la escalera como si la bajaran y bajarla como si la subieran. Hasta Aguirre, que calcula la rentabilidad en las encuestas de cada respiración, le ha ganado por la mano.
La mayor esperanza de este PSOE desorientado es una oposición que sólo sabe decir caca, pedo, culo y pis, incapaz de producir alternativas más allá de las recetas neandertales del hombrecillo insufrible (Manolo Saco dixit). Ni una sola idea de utilidad en medio de una crisis que no sea propaganda, humo que se disipa en cuanto pasan los titulares para los que fue concebida. Winston Churchill dijo en una ocasión: “En política, un día es un año y un año una eternidad”. Quedan pues dos eternidades y algo más para las elecciones.
Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.
(Bertolt Brecht)
El Nobel de la Paz debería ser para los imprescindibles no para los que están en el descanso de matar. Barack Obama va de camino de ser un imprescindible, tal vez lo sea ya por lo que representa, pero es la primera vez que se otorga un premio tan importante a cuenta de logros futuros.
Me gusta más, como en caso del galardón de Literatura de este año, cuando se descubre la labor de un desconocido, alguien que se mueve en silencio fuera de los focos y la fanfarria. Miles de imprescindibles trabajan cada día en el Tercer Mundo, sólo necesitan de periodistas que los descubran y los pongan de ejemplo de que la esperanza existe. Mi último imprescindible se llama Alberto Cairo, es italiano y trabaja en el centro del Comité Internacional de la Cruz Roja en Kabul desde hace 19 años. Su misión son los amputados por la guerra y por la paz.
Si este fin de semana tampoco toca… Bueno: creo que deberías empezar a preocuparte. ¿Van cuatro si no me fallan las cuentas? Así empiezan las melancolías.