Barça-Real Madrid, penalty e independencia
Monday, 8 de October de 2012 por Ramón
El Camp Nou me pareció hermoso y sobreexcitado: se reclama cada aliento sobre el blaugrana como falta, cada falta como tarjeta roja. Tras el no penalty a Iniesta (llegó antes Pepe y el albaceteño exageró la caída; tampoco fue el de Özil) estallaron más gritos de independencia; una reacción emocional que explica el momento político, el inconsciente colectivo subyacente, la afrenta a flor de piel que bulle bajo la reclamación soberanista. Una Catalunya Lliure será el escudo contra todas las injusticias, imaginadas y reales. Son años de victimismo que han estallado junto a una puerta de salida.
Artur Mas parece satisfecho: nadie habla de recortes, de su campeonísimo record de presidente ultraliberal. Para él, este sentimiento nacional es una oportunidad, una cortina de humo. Después llegará el malabarista.
El estadio compuso una impresionante senyera y cantó Els Segadors, himno que conecta en mi memoria con el de Riego. ¡Qué tiempos nunca vividos! Otra gran oportunidad perdida para construir un país grande en el que quepan todos, para educarnos en el respeto de la diferencia. El otro nos hace ricos, mejores.
En los minutos 17, el campo estalló mayoritariamente en gritos de independencia. Había más senyeras que esteladas. Al apaciguarse el fervor pregunté a mi vecino por qué en ese minuto y no otro. Me respondió: “Es el 17:14 por 1714, cuando invadieron Barcelona”.
¿Quiénes?: los otros, una otredad histórica. Hablaba de la Guerra de Secesión entre Felipe V y el Archiduque Carlos. Hasta el siglo XVIII, y más lejos, alcanza la reescritura urgente de la historia, la defensa de la identidad.
De los balcones de las casas colgaban pocas banderas, más en los aledaños del estadio. La mayoría de las esteladas, que me parecen muy bellas, era nuevas, casi sin estrenar. El sentimiento es viejo, su exposición pública novísima. Me dio envidia el sentimiento de esperanza.
No encontré camisetas, bufandas ni banderas del Real Madrid. Parecía Pyongyang: una exhibición de pensamiento único. Un joven latinoamericano que acudió al evento vestido de blanco fue abucheado e insultado por grupos que gritan puta Madrid. No me gusta el primitivismo que rodea el fútbol, la tribu, sea en Barcelona o en Madrid. Son formas extremas de intolerancia, un caldo de cultivo del odio y el desprecio.
Cuando concluyó el partido y sus acaloramientos verbales, si fue o no penalty, y llegó el lunes a plomo, con sus cinco días de la semana, la Catalunya soñante y excitada retornó a su vida cotidiana, al trabajo o al paro, a los atascos y los mercados, al bon dia cómo esta usted; la vida simple, desmadejada, donde la gente inteligente se entiende y respeta.
Feliz semana a todos. Yo lo tendré más difícil.
