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Barça-Real Madrid, penalty e independencia

El Camp Nou me pareció hermoso y sobreexcitado: se reclama cada aliento sobre el blaugrana como falta, cada falta como tarjeta roja. Tras el no penalty a Iniesta (llegó antes Pepe y el albaceteño exageró la caída; tampoco fue el de Özil) estallaron más gritos de independencia; una reacción emocional que explica el momento político, el inconsciente colectivo subyacente, la afrenta a flor de piel que bulle bajo la reclamación soberanista. Una Catalunya Lliure será el escudo contra todas las injusticias, imaginadas y reales. Son años de victimismo que han estallado junto a una puerta de salida.

Artur Mas parece satisfecho: nadie habla de recortes, de su campeonísimo record de presidente ultraliberal. Para él, este sentimiento nacional es una oportunidad, una cortina de humo. Después llegará el malabarista.

El estadio compuso una impresionante senyera y cantó Els Segadors, himno que conecta en mi memoria con el de Riego. ¡Qué tiempos nunca vividos! Otra gran oportunidad perdida para construir un país grande en el que quepan todos, para educarnos en el respeto de la diferencia. El otro nos hace ricos, mejores.

En los minutos 17, el campo estalló mayoritariamente en gritos de independencia. Había más senyeras que esteladas. Al apaciguarse el fervor pregunté a mi vecino por qué en ese minuto y no otro. Me respondió: “Es el 17:14 por 1714, cuando invadieron Barcelona”.

¿Quiénes?: los otros, una otredad histórica. Hablaba de la Guerra de Secesión entre Felipe V y el Archiduque Carlos. Hasta el siglo XVIII, y más lejos, alcanza la reescritura urgente de la historia, la defensa de la identidad.

De los balcones de las casas colgaban pocas banderas, más en los aledaños del estadio. La mayoría de las esteladas, que me parecen muy bellas, era nuevas, casi sin estrenar. El sentimiento es viejo, su exposición pública novísima. Me dio envidia el sentimiento de esperanza.

No encontré camisetas, bufandas ni banderas del Real Madrid. Parecía Pyongyang: una exhibición de pensamiento único. Un joven latinoamericano que acudió al evento vestido de blanco fue abucheado e insultado por grupos que gritan puta Madrid. No me gusta el primitivismo que rodea el fútbol, la tribu, sea en Barcelona o en Madrid. Son formas extremas de intolerancia, un caldo de cultivo del odio y el desprecio.

Cuando concluyó el partido y sus acaloramientos verbales, si fue o no penalty, y llegó el lunes a plomo, con sus cinco días de la semana, la Catalunya soñante y excitada retornó a su vida cotidiana, al trabajo o al paro, a los atascos y los mercados, al bon dia cómo esta usted; la vida simple, desmadejada, donde la gente inteligente se entiende y respeta.

Feliz semana a todos. Yo lo tendré más difícil.

El valor de la dignidad, de la paciencia

Escucho obsesivamente la banda sonora de Hans Zimmer en Black Hawk Down. No es una metáfora proyectada por mi subconsciente; es solo música que me desagua la garganta, donde tengo atrancada la pena, y me apacigua la boca del estómago, donde bulle la indignación. Indignan los porqués, no la caída.

De los invisibles que han sido fuente de mi trabajo durante más de 20 años aprendí el valor de la dignidad. No es altanería ni inconsciencia, es solo una forma de ser, de estar; un transcender por encima de las miserias propias o ajenas. He aprendido mucho de estas vidas regaladas gracias a un trabajo maravilloso.

Pensé cada euro, analicé cada hipótesis; estudié durante meses el día después, el mundo sin sombra. Medí todo lo cuantificable pero se me olvidaron los sentimientos, la emoción. Ahora que llega el día, la semana, el mes, esa emoción imprevista me ocupa entero, célula a célula. Es como si abriera una ventana: respiro aire puro y un cierto aroma a libertad. Huele a campo. Al fondo, en el horizonte, polvo de galopes. Son los tártaros de Buzzati que vienen por el desierto. Levanto la vista y no veo una sola bandera blanca en los fuertes de la frontera. Subo el volumen, cierro los ojos. El sueño pasa sin pesadillas, preñado de esperanzas.

PD. Viajo a Barcelona. Primero fútbol en directo; otra emoción no prevista. Mañana lunes, a las 19:30 charla con Enrique Vila Matas en la librería Mas Bernat, calle Buenos Aires, 6. Hablaremos del partido y de lo que se tercie. Saldré con el equipo titular; el mío siempre tiene centrocampistas creativos.

Blog mudo

A veces escribir es dolerse y en esta semana triste por razones que todos sabéis no he tenido muchas ganas de mostrarme, de decir. Me duele la boca del estomago; mitad amargura, mitad rabia. Pido disculpas por el silencio.

Volveré a esta ventana el domingo después de A vivir que son dos días cuando esté en el tren con destino al Barça-Real Madrid. Este domingo hablaremos en la radio de la mujer en Arabia Saudí, Afganistán y Somalia, las heroínas no tan invisibles.

A vivir que son cinco minutos

Si digo: me gusta el A vivir que son dos días con Javier del Pino -cada fin de semana en la SER- porque es diferente, arriesgado, fresco, y recomiendo que lo sigas, en directo o a través de un podcast menos madrugador, debería añadir: colaboro en él los domingos de ocho a ocho y media. Quizá reste peso a mi opinión, pero lo que aquí importa es la tuya.

Escribe, critica, aplaude, sugiere ideas. En mi caso, me vendrán bien. También las músicas. Hoy hemos elegido a Luis Eduardo Aute (Atenas en llamas) y Jason Mraz (I’m Yours).

A vivir que son dos días tiene más de 20 años de vida. Con la crisis, la prima de peligro, Montoro, los mercados, el puro de Rajoy (fumando espero al rescate que no quiero) y demás extraterrestres debería rebautizarse, actualizarse, en un A vivir que son cinco minutos. Eso sí, sin Iva.

Felíz día:

PPSOE, parecidos pero no iguales

Un eslogan no es un dogma infalible, una doctrina inapelable, una verdad absoluta; tampoco, una orden de obediencia ciega. Un eslógan es una frase que rima, cantable, gritable; una idea aproximada al hecho que denuncia con más o menos fortuna. Uno de los eslóganes de mayor éxito en las marchas y acampadas del 15-M fue “¡PP PSOE la misma mierda es!”. Era divertido, provocador, aunque el tiempo lo ha transformado en un estereotipo.

Cantar estereotipos no sirve para cambiar lo que nos molesta.

El PSOE, al que he votado poco -1982, 1986 y 2008- es corresponsable de muchos de los males que padecemos: la corrupción generalizada e impune (salvo la alcaldía de Ourense en periodo electoral); los GAL y sucedáneos con los Rodríguez Galindo al frente; el rapto de la democracia por una casta política basada en la obediencia, el clientelismo y los amigos; la utilización del dinero público para ganar o cautivar votos; alterar la Constitución cuando lo exige Angela Merkel, no cuando lo demandan los españoles, o los catalanes; mantener secretos de Estado incompatibles con la transparencia, como lo son los gastos del Parlamento; no acabar con los abusos de los precios de las eléctricas en las que se sientan algunos de sus eméritos; dejar de pisar las calles, los barrios y los pueblos; no potenciar la sociedad civil. Es cierto que el Gobieno de Zapatero fue tan servil (cobarde) con las grandes fortunas y permisivo con el fraude fiscal de los poderosos.

Que Bono haya sido o sea, en decaída, una de las voces del PSOE simboliza el extravío general. A él si le podemos cantar el eslógan sin miedo a la exageración.

A pesar de estos errores, y más que no cito, existe una diferencia abismal con el PP: el PSOE no es franquista.

El PSOE no coquetea con el recuerdo dulcificado del dictador, no le llama hombre fuerte ni nada por el estilo; tampoco envía antidisturbios a apalear a escolares en Valencia (primera muestra de lo que venía) y a pasajeros en la estación de Atocha. Es verdad que con el Papa, Rubalcaba se puso católico.

El 25S, y lo que nos queda, muestra la diferencia entre unas órdenes de contención y otras de disolución a cualquier precio.

El PP es un partido que aún no ha concluido su larguísimo viaje desde la dictadura a la democracia. Rechaza la memoria histórica, desprecia a los más de 100.000 desaparecidos en la guerra y en la posguerra; niega la libertad de la mujer para decidir; defiende un papel hegemónico de la Iglesia católica en la vida pública; se opone al matrimonio homosexual; aprueba un apartheid sanitario para los sin papeles; usurpa la RTVE para convertirla en un gigantesco Cine de Barrio.

No iguales, aunque rime bien, aunque haya más que un fondo de razón, aunque compartan responsabilidades en saqueo.

Zarandear a Cayo Lara, silbar o insultar a los diputados de izquierda, como Joan Baldoví, de Compromís, es una torpeza estratégica si lo que se pretende es sumar, atraer al resto de la sociedad. También es una torpeza táctica zarandear a cualquier diputado. No existe alternativa a la democracia parlamentaria; pero sí hay una alternativa a esta democracia parlamentaria. Sí existe alternativa a este capitalismo depredador que atenta contra el bien común, contra los bancos falaces que se comen los recortes de Sanidad y Educación multiplicados por 5,5 para tapar sus desaguisados, estafas y bonos. Y debería haber una alternativa democrática a este Gobierno mentiroso e incapaz.

Para que crezca esa esperanza de cambio, para que se regenere el PSOE, despierte parte de IU y surjan siglas nuevas como Equo, para que las movilizaciones de estos meses encuentren un canal de expresión dentro del Parlamento, para que se pueda voltear el modo de hacer política y servir a la sociedad, es imprescindible la participación activa y pacífica en la calle, ¡y en las urnas!, sumar a los jodidos, para que griten todos, hagan ruido, caceroleen. Para que nadie pueda hablar nunca en su nombre, presumir de su silencio con un puro en la boca.

¡Mariano, vete a Las Vegas!

Feliz protesta. Feliz fin de semana.

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