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Día 18: Lluís Llach

El regalo es el camino, no Ítaca. A ella corren los confundidos, los vendidos, los nulos. Creen que la ganancia se abona en metálico, en especies rodadas. El placer mayor se esconde en las pequeñas cosas, en las insignificancias, en los nadie.

Periodismo superlativo

Acabo de leer un texto magistral de Ezequiel Fernández Moores en El Puercoespín, un ejemplo de excelencia en Internet. Se titula ¿Por qué no investiga el periodismo deportivo? Además del link para quienes tengan unos minutos para empaparse de periodismo y talento, entresaco algunas notas.

“Soy Ezequiel Fernández Moores. Y los periodistas somos como aquella película de Ken Loach: mi nombre es todo lo que tengo”.

“La sociedad prensa-deporte para la explotación comercial del espectáculo nos complicó. Nos redujo al rol de misioneros. Propalamos la fe, no la podemos explicar. Alguien dijo alguna vez que las misiones de la prensa eran tres (informar, educar, entretener) y que informar es comprometido, educar es aburrido y solo nos queda entretener”.

“La prensa precisa del ídolo más que los niños. Si no surge un nuevo ídolo, lo inventamos. Para tener sus palabras y sus imágenes hay que negociar con agentes, representantes, relacionistas públicos y corporaciones de la industria. Eso no es periodismo. Es márketing”.

“Nuevas tecnologías: son una herramienta formidable. Pero han precarizado condiciones de trabajo. Algunas empresas aprovechan para sacarse de encima a los periodistas más veteranos. A los que escriben noticias, no chimentos. A los que suelen leer más libros que Facebook. A los que proponen dudas en lugar de  vender certezas. A los que se niegan a “flexibilizarse”. A los que después de un partido privilegian la crónica al tuit. A los que eligen  “decirlo bien antes que decirlo primero”, como dice el colega colombiano German Castro Caicedo. A los que se oponen a que su nuevo jefe sea un gerente de márketing”.

Gracias Ezequiel. Gracias El Puercoespín.

Día 17: Under pressure

Así es este trabajo: bajo presión. Hasta que no te cae un deadline sobre la cabeza no se desperezan los dedos. Fuera del teclado nada cambia, no hay movimientos ni pestañeos, solo un viento gélido que huele a difunto. No hay miedo ni emoción. El papel de cadáveres prepaturos ya está sorteado.

Día 16: Perfect Day

Me he levantado a las seis, escrito sobre el debate de EEUU, caminado para perder unos kilos que me persiguen por Madrid y regresan a la tripa en cuanto me paro en un semáforo. He pasado el día en el periódico en un ambiente niebloso, protestado un poco en la puerta ante unos pocos antidisturbios que me defendían de mi puesto de trabajo. He subido al autobús 28 que se enredó en un atasco monumental cerca de la Puerta de Alcalá. He caminado hacia mi casa entre viandantes y sirenas con un helicóptero sobre mi cabeza. He bajado la basura después de cenar y cambiado el agua pestilente a unas tortugas que no saben ni como me llamo. Mañana puede ser peor. Es broma; supongo. Siempre me queda la esperanza, la utopía.

Día 15: Arcade Fire

La mitad del camino. Erguido, cabeza alta; no es orgullo, solo conciencia del trabajo bien hecho.

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